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lunes, 18 de marzo de 2019

EL CIELO DE KAUNAS / JESÚS ZOMEÑO


PRESENTACIÓN EN LA RACAL (Real Academia Conquense de Las Artes y las Letras) 1 de marzo de 2019


“Mi vecina era lituana, de Kaunas. Lo nuestro fue lo más parecido a un romance, aunque sólo tuviéramos sexo una vez. No hicimos el amor para que se convirtiera en costumbre, sino para que fuera excepcional. Luego su marido la mató y yo tuve que matarlo a él”...

Así casi comienza – digo casi comienza porque, a fuer de honesto, a este párrafo le preceden otras dos líneas – pero realmente así es como comienza esta novela con la que Jesús Zomeño da el salto de la narración en corto a la larga. No es el “Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca” con que Muñoz Molina iniciara en su día su Beltenebros, pero por ahí le anda como efectivo elemento de seducción y enganche para el lector, un ahí te he, ya, atrapado, pero que, por otro lado, no le previene lo bastante –al lector, digo–  para lo que luego, gradual pero inexorablemente va a ir encontrando, sin poder quitárselo de encima, a medida que vaya progresando en las páginas, en las cortantes, aceradas –más cortantes y aceradas que el filo del más afilado cuchillo– páginas de lo escrito por Jesús: el desasosegante universo en el que se va a ver sumido a medida que se vaya adentrando en la espléndidamente entrelazada urdimbre de las tres historias que –apoyado en la ya más que constatada y probada sabiduría narrativa puesta de manifiesto en sus anteriores entregas como contador de historias, siquiera aquéllas se movieran en el concentrado esfuerzo del relato corto– ha trenzado en esta su primera incursión en la carrera de fondo de la novela.  
La una y otra vez estudiada y repasada grabación de la lituana Kaunas atrapada para siempre en las imágenes grabadas por el Google Street View en junio y julio de 2012 por un hombre –un policía español– que apoyado en ellas emprende un viaje rumbo a una esperanza en la que ni siquiera tal vez crea; una niña que se pierde en un bosque que guarda más de una sorpresa en su espesura; un veterano francotirador que presente estuvo en la represión soviética de Checoslovaquia en 1968 y que, al borde ya de una decadencia tanto corporal como mental y nostálgico más que de un derrumbado sistema ideológico y político de la juventud en él vivida, se empeña en una cruzada asesina adoptada como equívoca al par que infructuosa herramienta de concienciación solidaria, en un a la par colectivo y personal ajuste de cuentas con una actualidad rechazada y consigo mismo; un viejo quiosquero cuya personalidad e historia se nos irá descubriendo poco a poco, cual sucesivas retiradas hojas de alcachofa, a medida que vayamos progresando en la lectura; dos jóvenes rusos embarcados, fruto de sus historias personales y de la propia desconcertada sociedad postsoviética en la deben debatirse –en uno de ellos otro conflicto, Chechenia, socavando su conciencia– en una huida hacia adelante más allá de moral alguna, sin más certeza que la furia incontrolada, caminando ineludiblemente, hijos de la violencia y de la nada, hacia la tragedia; una inconsciente Erasmus alemana que un día se lió con quien no debía y acabará metida en la más oscura y sórdida boca de lobo que jamás imaginó; un verdugo no ya más allá del bien y del mal sino del propio mal absoluto; un expoliador de cadáveres en busca de su propia expiación; dos cabinas telefónicas transmutadas en casi simbólicos imaginarios nichos mortuorios; una camarera que en España estuvo y quizá urda pero quizá no una paralela historia de espionaje y masacres y tal vez sea uno de los pocos asideros de luz del libro junto, quizá, a la fugaz aparición, convertida en episódico personaje, en yo diría que especialmente diseñado humano-literario guiño, de la figura de la poeta Wislawa Szymborska … ésos son los mimbres con los que Jesús Zomeño, verdadero implacable disector de almas, con un lenguaje seco, terso, escueto y afilado,  sea como narrador omnisciente o apelativo, nos introduce tanto en el devenir como en los propios mundos interiores de unos personajes –unos personajes de los que quizá cabría decir, con Cervantes “unas veces huían si saber de quién y otras esperaban sin saber a quién” que se debaten en un universo en el que, prácticamente desmoronadas todas las convicciones, anida una violencia que bien querríamos creer, ocultando la cabeza bajo el ala,  que no es posible, pero que sin duda existe; un universo donde hasta la infancia muerde como la más cruel de las heridas, en que hasta los multicolores cristales de un infantil caleidoscopio no pueden ser recordados sino –y gracias– en blanco y negro; un universo de aristas cortantes y ciénagas morales del que querríamos fugarnos pero no podemos, donde cualquier esperanza sea si acaso, más allá –o más acá– del cielo bajo y plomizo de Kaunas, de cualquier Kaunas, cual perseguir un más o menos improbable rayo de luna…


Esto es lo que, merced a un magnífico manejo no sólo de la trama –de las tramas habría que decir, de las confluyentes tramas de las historias de su historia– sino de sus ritmos narrativos nos ofrece en esta descarnada, incluso en muchas ocasiones incómoda, dura novela, Jesús Zomeño. Dura desde luego, una de las más duras que en los últimos tiempos me he echado a los ojos, pero realmente espléndida. A la espera quedamos de nuevas entregas.  

miércoles, 1 de noviembre de 2017

PRESENTACION “GUERRA Y PAN” EN SINDOKMA

PRESENTACION “GUERRA Y PAN” – SINDOKMA – CENTRE CULTURAL LA NAU - VALENCIA-   OCTUBRE 2017


Bienvenidos y gracias por asistir a la presentación del nuevo libro de Jesús Zomeño, “Guerra y Pan” que viene a ser como el hermano pequeño o un apéndice de este otro, “De este pan y de esta guerra” y que tiene una cronología un tanto particular, sobre la que luego entraré.Pero antes quiero mencionar que este año se cumplen 30 años de la aparición del primer libro de Jesús, “Cuestión de estética”, que se publicó en el verano de 1987. Y no es baladí, hablando del libro que presentamos esta tarde, esta referencia a “Cuestión de estética”. No lo es   porque Jesús no comienza publicando poesía, como mucha gente piensa; sino que su debut literario tiene lugar con un libro de cuentos, donde ya están presentes los territorios geográficos y sentimentales que ya no le abandonarán y que permanecen a lo largo de toda su obra. Por eso, “Cuestión de estética” es un libro seminal que nos ayuda a reconstruir las señas de identidad del autor excepcional que es Jesús Zomeño y nos permite ser testigos de sus primeros pasos en la literatura, de una trayectoria que acaba de cumplir, como se ha dicho, nada menos que 30 años, desde “Cuestión de estética” a “Guerra y pan”.
Decía antes que este libro tiene una curiosa cronología que podemos rastrear hasta 2014 con la publicación en Lengua de Trapo de “Piedras negras”. Cuando publica “De este pan y de esta guerra” lo hace para dar cabida a todos los cuentos que se habían quedado fuera del libro anterior, porque en aquel entonces trabajaba en otros relatos que quedaron cerrados con posterioridad a la publicación de aquel, bien porque el resultado no le convencía o porque estaban entonces inconclusos o porque no pasaban de ser el embrión de un cuento futuro. Como él mismo dice, la experiencia, el tiempo, el profundizar en la psicología de estos soldados, es lo que le permitió acabarlos.


Los cuentos que conformaban “Piedras negras” habían visto antes la luz en la revista digital Agitadoras acompañados de las ilustraciones de Fernando Fuentes, Miracoloso, a quien por cierto, Jesús dedica este libro.  Pero la edición de “Piedras Negras” nos escatima las ilustraciones, con lo que el libro pierde su complemento ideal. Cuando la editorial Contrabando, decide publicar, con muy buen ojo crítico, el nuevo libro de Jesús “De este pan y de esta guerra” tiene la intención de restaurar, de unir, lo que el destino editorial había separado, porque las ilustraciones de Miracoloso inspiradas en los relatos de Jesús son inherentes a su propia literatura, en una especie de do ut des, la fórmula de los antiguos contratos romanos, “te doy para que me des”.

Bien, así llegamos al año 2016, como el “annus mirabilis” de Jesús Zomeño. La editorial Contrabando edita, como acostumbra, con muy buen gusto, con sobriedad y elegancia, “De este pan y de esta guerra” y después del verano la editorial mallorquina Sloper edita “Querido miedo” donde Jesús proyecta una mirada entre nostálgica y elegíaca ante la década de los 80 y que tuve la ocasión de presentar también en este mismo lugar. Dos libros de plena madurez en la trayectoria de Jesús pero con registros e intenciones singulares, dos lecturas distintas pero igual de magnéticas. Ambos libros aparecen en 2017, como candidatos a los Premios de la Crítica Valenciana. Yo no sé si esto ha ocurrido anteriormente con algún autor. Evidentemente, debe ser algo bastante excepcional el que dos libros de un mismo autor sean escogidos, y dentro de la misma categoría, a competir por los Premios de la Crítica. Y, a Jesús le es concedido el Premio precisamente por este libro, “De este pan y de esta guerra”. Y ese galardón, de alguna forma hace revivir el libro, que había aparecido un año antes, y lo lleva al primer plano de la actualidad literaria, con nuevas reseñas y nuevas entrevistas a su autor.

Y, llegados a este punto, como si fuera un leitmotiv de sus últimos libros, vuelve a aparecer el nombre de Miracoloso. El ilustrador y el escritor han encontrado ya un acomodo perfecto el uno en el otro y, por otra parte, la editorial le pide de Jesús que haga una especie de separata con tres o cuatro cuentos que sirva como apéndice para acompañar al libro; y que, por supuesto, contenga alguna ilustración de Miracoloso. Pero lo que Jesús le presenta al editor no es esa separata para que vaya unida al libro premiado que va ya con una faja en la portada a modo de condecoración. Lo que Jesús presenta es un libro con nueve relatos nuevos y que tiene más de 80 páginas, lo que viene a ser más de la mitad en extensión de lo que tenía el libro anterior. Como dice el texto promocional de la contraportada, ese anexo ha devenido “un libro autónomo y autosuficiente” y aparece como un libro más en el catálogo de la colección.

En él encontraremos relatos que se sitúan en el frente, en las trincheras; y otros, en la ciudad, donde se proyecta la sombra ominosa de la guerra, aún conclusa. De los nueve relatos, no sabría con qué quedarme, si con el tremendo final de la Balada del soldado Rusty; con  “Hablemos de la belleza”, donde consigue fundir una crudeza a veces difícil de digerir con un penetrante lirismo;  el prodigio estructural y la vuelta de tuerca final de “Máscaras” que tal vez sea mi favorito en esta entrega; el sugestivo planteamiento de “Una noche en el cementerio monumental”;  el suspense ascendente en “Moneda francesa”, donde la atmósfera que consigue originar traspasa el propio estilo o “Botones” que parte, como muchos de sus relatos de una anécdota doméstica. En los relatos de Jesús, muchas veces se aprecia una correspondencia entre el mundo interior y el mundo exterior, como si estuviéramos pasando de un lado a otro del espejo. Y, desde este punto de vista, para Jesús, la literatura, su morfología narrativa, es un banco de pruebas desde donde abordar esa dualidad. Por ello, los seres que aparecen en sus relatos nos parecen lejanos y a la vez tan cercanos y vivos. La grandeza de nuestro autor está ahí, en saber conjugar sabiamente la reconstrucción del escenario histórico por un lado, y lo puramente humano por otro, en la construcción de unos personajes hechos de nuestros mismos desvelos y aflicciones, nuestras mismas dudas, zozobras y deseos.

Y llegamos con este libro, o con este apéndice, al final de una etapa en la trayectoria literaria de Jesús, ¿o no..? Nunca se sabe. Los que tenemos la fortuna de frecuentar su caldero literario, de visitar el taller del hechicero, sabemos que ahora anda en otras cosas, en proyectos novelísticos que, sin duda, van a ser una revelación en el panorama literario español de este siglo XXI. Yo estoy convencido de ello y le auguro un gran éxito en esta nueva etapa. Pero Jesús no abandona del todo el ámbito de las trincheras y la Europa de entreguerras, siempre con Miracoloso
como ilustrador, se han conjurado para volver a colaborar en la producción de algún cuento para, como dice Jesús en la nota inicial, “no dar por terminado el libro”. 

JUAN C. LOZANO FELICES.  
Octubre de 2017 

martes, 3 de mayo de 2016

Entrevista a Jesús Zomeño por Ginés J. Vera

Entrevista de Ginés Vera a Jesús Zomeño publicada en el blog "Maleta de libros"2 de mayo de 2016


Este año de celebraciones literarias recalo en un autor que acaba de publicar un libro de relatos con un tema de fondo no de celebración, pero si de reflexión al cumplirse un siglo del final de la Primera Guerra Mundial. En "De este pan y de esta guerra" (Contrabando, 2016) no hay relatos de guerra propiamente dichos, como el propio autor nos desvela. Destaco también otra curiosidad. El libro incluye ilustraciones del vallisoletano Fernando Fuentes (Miracoloso) quien (y he aquí lo curioso) ha ilustrado, entre otras obras, una titulada ‘Duelos y quebrantos’ que ineludiblemente me ha evocado otra de los conmemoraciones de este 2016, el del fallecimiento de Miguel de Cervantes. A continuación la entrevista que tan amablemente me concedió Jesús Zomeño, agradecido.

Siendo un especialista en la Primera Guerra Mundial y un coleccionista de objetos de aquella época, según leo en el prólogo, la cita con la literatura era más que obligada en este 2016 cuando se cumple un siglo de aquella contienda.

En 1916 es cuando se producen las dos batallas más sangrientas y absurdas, la de Verdún y la del Somme. También es cuando los soldados pierden el orgullo y esconden la cabeza en los cascos de acero. Comenzaron la guerra con sus gorros ligeros, pero en 1916 se generaliza el uso de los cascos. El soldado aceptaba su condición de máquina, la guerra pierde su ideal y el hombre muestra que tiene miedo. 

Me han llamado la atención los dibujos que acompañan a los relatos, de Miracoloso, en blanco y negro para reflejar, cuando no remitirnos a la dureza de esa Primera Guerra Mundial

Mi cita con Fernando Fuentes (Miracoloso) era algo que dependía más del destino que de la lógica. Tenemos mucho en común, la primera vez que hablé con él fue hace más de quine años, no nos conocíamos pero lo llamé por teléfono y estuvimos más de una hora hablando. Sus ilustraciones tienen mucha fuerza y son inquietantes, como si se dirigieran directamente al espectador para advertirle de un mal. Personajes siniestros que advierten de que se han convertido en siniestros por la guerra.

También, y aquí leo en la nota preliminar, que estos relatos tienen cierta relación con una obra suya publicada en 2014, no tanto como continuación sino más bien como antecedente de aquella.

Si, en el año 2014 publiqué “Piedras negras” (Editorial Lengua de Trapo). Para ese libro comencé algunos relatos que entonces me resultaron demasiado ambiciosos, historias que no supe explicar y que quedaron tiradas por los archivos del ordenador, sin acabarlas. Por eso digo que necesité escribir un libro entero (“Piedras negras”) para poder escribir luego estos relatos. El primer libro me ayudo a madurar y sintetizar lo que de verdad quería expresar en relatos como “Dos dientes de oro” En este cuento quería expresar cómo la mezcla de ignorancia, imaginación y optimismo se podían abrir paso en la guerra. Presenté al personaje y lo definí en el año 2006, pero no podía imaginar cómo terminaba su historia. En el año 2014 volví al personaje, primero lo distancié del lector y lo convertí en grotesco sin restarle ingenuidad, por eso lo hice cazador de ratas en las trincheras; luego lo empujé un poco más y lo dejé sonriendo en la mayor de las fatalidades, camino de Auschwitz en la Segunda Guerra Mundial.

Si hay una voz narrativa que predomina en estos relatos es la de la primera persona, la del narrador que cuenta casi a modo de diario, mostrando una realidad intimista a pesar de que según el protagonista de ‘El urinario’, ‘Las personas cuidamos nuestra intimidad con demasiado esfuerzo’.

En el fondo son retratos psicológicos, reflexiones acerca de cómo resistir la guerra y cómo ésta termina afectándonos. Por eso el contenido puede universalizarse ¿Cómo resistimos la adversidad? Terminamos afrontando la crisis económica, la enfermedad, la vejez... ¿cómo lo hacemos? Supongo que en estos relatos y en el anterior libro “Piedras negras” busqué la respuesta.

Coméntenos esa frase del protagonista de ‘Una ciudad en la India’ al afirmar que ‘solo la belleza nos redime y a ello nos aferramos por encima de todo. (…) para que nos distraiga del horror que vivimos’.

Es un mecanismo de defensa. El relato trata de un soldado que hace lo que tiene que hacer, cumple con su deber, mientras piensa en otra cosa. El soldado tamiza toda la crudeza de un ataque enemigo, busca en todo momento camuflar el horror con la belleza, sustituir un hecho por un recuerdo hermoso, para superar lo que no podría soportar sin esa imaginación. Aquella ciudad de la India en la que piensa es como la Itaca de Kavafis, pero en este caso el viaje es el horror y la referencia del destino final, Itaca, sospechamos que es inalcanzable.

A pesar de ese horror he querido ver en los protagonistas de estas historias cierta gratitud, acaso cierta aceptación del destino; en ‘Después del ataque’ el protagonista dice: ‘Acepto la fatalidad como los soldados cuando suena el silbato y saltan fuera de la trinchera’.

Si, supongo que después del horror desarrollan sus mecanismos de defensa y luego, al final, se trivializa todo por la costumbre y surge la normalidad y el optimismo. Me gusta creer que el ser humano es optimista por naturaleza. En el relato “El urinario” el empleado de un urinario se lleva consigo a la guerra el plato de las propinas porque siempre espera “de la vida recoger algo por lo que estar agradecido”. A pesar de lo vergonzoso que pudiera parecer su trabajo, el lo describe con elegancia y afecto hacia sus clientes, por eso se lleva el plato de las propinas, porque más allá de su urinario en Dublín él espera siempre que la vida le siga dando propinas, esté donde esté.

Hay una buena dosis de metaforización, de costumbrismo más allá de la primera impresión para quien crean que son relatos bélicos o sobre la guerra, pues hay más de supervivencia, de melancolía vital, cierta nostalgia del tiempo o tiempo de nostalgias.

Los personajes del libro son víctimas de las circunstancias, víctimas de la historia que otros escriben y ellos simplemente sobreviven, con sufrimiento, artificio y optimismo. La guerra de trincheras les ha demostrado que su vida no tiene valor y ellos lo han aceptado, pero lo aceptan renunciando a las cosas importantes y sustituyéndolas por otras cosas sencillas que para ellos empiezan a ser más importantes. Así, el soldado que se relaja viviendo en una escalera, donde no sufre ni tiene miedo, sube o baja sin miedo a equivocarse porque puede volver a subir o volver a bajar; por eso decide pasar su semana de permiso en la escalera de un edificio abandonado, no quiere nada más para estar tranquilo y ser feliz. El personaje de la escalera, se ha convertido en un hombre que renuncia a su historia, a volver a casa, donde podrían pasar muchas cosas, y se conforma con la calma y el equilibrio mental después de todo lo que ha vivido.

Por encima de la ficción, la columna vertebral de verosimilitud es esa Primera Guerra Mundial, aunque también se asoman otras pinceladas de veracidad al nombrarse el atentado de Sarajevo, el hundimiento del Titánic o a ese pintor austriaco sin talento llamado Adolf Hitler.

Las referencias históricas que hacen los personajes suelen tener un carácter simbólico y triste, porque mis personajes son antihéroes. En el relato “Naranjas” el protagonista es un soldado que está en la trinchera y recuerda que su amada se suicidó el mismo día del atentado de Sarajevo y reflexiona: “Pobre Sophie, su muerte no tuvo tanta trascendencia”. La referencia a Hitler es el efecto mariposa, un coche que pasa y unos niños que humillan a un hombre y eso le hará perder el valor y desencadenará años después la tragedia más terrible del siglo XX.

La literatura se nutre de literatura, más allá de ese personaje en ‘Central Line’ al que le gustaban los relatos del ‘Strand Magazine’, si se nombran a grandes escritores como a Victor Hugo, Dostoievski o Dickens. ¿Otro guiño de la presencia inexcusable de la literatura hasta en tiempos tan oscuros?

Constantemente se mezcla la realidad y la ficción. Creo que mis personajes saben que ellos mismos son criaturas literarias y juegan con esa ambigüedad. Por eso, cuando los personajes hablan de la ficción, están hablando de algo que es igual de real que ellos. Para sobrevivir no importa ser mentira. En el fondo, la guerra resulta increíble para los soldados y terminan inventando argumentos para sí mismos. De todas formas, mis personajes no son intelectuales, más bien al contrario, muestran su devoción y todo su asombro, por ejemplo, con un abrelatas. Como explica el personaje: “Nadie hubiera imaginado que en la guerra ocurrirían estas cosas, que la mayor preocupación fuese un abrelatas, pero ahora me doy cuenta de que la guerra está plagada de cosas insignificantes y absurdas”.



jueves, 25 de febrero de 2016

“DE ESTE PAN Y DE ESTA GUERRA” DE JESÚS ZOMEÑO, POR FRANCISCO GÓMEZ

Publicado el 13 de febrero de 2016 en el blog Frutos del tiempo.


La trilogía de la Gran Guerra, según Jesús Zomeño. 100 años nos contemplan



“Me atrevo a decir que “De este pan y de esta guerra” es el libro más acabado de Jesús, el más unitario, y el que más a fondo y mejor introduce al lector, si se me permite el neologismo, en el universo zomeñesco. Es también su libro más personal. Un asombroso examen de conciencia de un autor que no deja de explorarse. Resumiendo les diría que estamos ante un libro de una intensidad tan directa e inmediata que se diría casi física”. Así habla Juan Lozano, prologuista de la última obra del escritor y poeta, Jesús Zomeño sobre el principio originario de una trilogía de obras ambientadas en la Primera Guerra Mundial, hace ya 100 años, cuando esta guerra es el escenario para presentar el retablo de la condición humana que nos plantea el escritor en las entregas “Cerillas Mojadas”, “Piedras Negras” y ahora “De este pan y de esta guerra”, editada por Contrabando de Valencia.
    El acto se celebró en la tarde del 11 de febrero en la librería amiga de Ali-i-Truc con presencia del editor, Manuel Turégano, y el presentador de la obra, el poeta Javier Cebrián y el propio autor, Jesús Zomeno (Alcaraz-1964) con nutrida presencia de público, entre ellas la edil de Cultura del Ayuntamiento de la “city” de Elche, Patricia Maciá. Hay que reconocer que Jesús Zomeño tiene tirón entre unos lectores que ha consolidado. Más aún, me atrevo a asegurar (no es la primera vez que lo hago) que será uno de los escritores que viven y escriben en Elche que quedará en la historia de la literatura no sólo local. Muchos caerán por los desagües del olvido, pero Jesús Zomeño no. Al tiempo.
El editor de Contrabando, Manuel Turégano, que dirige una nueva editorial valenciana desde 2013 declaró su “amor, cariño y vicio por la literatura. Siempre he sufrido el “mal de Montano”, el mal de la literatura”. Zomeño reúne el perfil del “contrabandista”. Me convertí en un devoto más de sus relatos. Por su concisión y exactitud con una prosa cruda y aire poético concentrado. Es un escritor con mayúsculas, venda más o venda menos”.
El presentador del libro, Javier Cebrián apuntó que Jesús Zomeño fue su primer editor. “Siempre lo he conocido como poeta y narrador. Jesús es peculiar y con sus relatos y poemas se ve”.
Cebrián, buen conocedor de la obra de Zomeño, subrayó que estamos ante el tercer libro de la trilogía de la guerra del universo de Jesús, “pero éste es el originario. El más acabado, personal, el más unitario. Lo importante de este libro no es la guerra. Es una auscultación de la condición humana. Puede convertir en parodia, en grotesco el sufrimiento, el miedo, la muerte cuando el hombre intenta sobrevivir. Jesús nos cuenta, nos introduce en la historia. Parece que él haya estado en las trincheras.
El poeta destacó que tiene un grupo de 10 ó 12 relatos “magistrales. Lo menos importante es la guerra. Detalla la condición humana; heroica por su cobardía y el menosprecio por la vida del otro. Además de conmover, nos perturba”.
Que hable por fin el protagonista, el autor de “De este pan y de esta guerra”. Zomeño desvela algunas claves: “es un libro a mitad de camino entre la prosa y la lírica. La guerra no es la protagonista pero es fuente de optimismo porque los personajes siguen adelante.  El ser humano siempre crea un mecanismo de defensa frente a lo que ve, lo que siente, lo que le sucede. He dado un paso dentro de ese heroísmo y la guerra se convierte en un mecanismo de defensa, también con su voz irónica.
El autor de “Lengua azul” leyó algunos pasajes de los relatos de su nuevo libro, con ilustraciones de Miracoloso como “El urinario” (Dublín, 1916), año crucial de la Gran Guerra, “El queso” o “La escalera”, una de las historias que más le costó escribir, como él mismo reconoció.
Leer a Jesús Zomeño es la aventura al conocimiento del interior del ser humano y sus mecanismos de defensa frente a la adversidad, el desaliento, la soledad, la incertidumbre y la muerte, condimentado con las dosis de optimismo de sus personajes que quieren salir adelante en este oficio de vivir.