martes, 10 de febrero de 2026

SOMBRA NUNCA MÁS, DE STEFANO REDAELLI

 Artículo de Noemí Neri (traductora al español de Sombra nunca más) publicado en su blog Nos vemos en Vlc.com el 20/06/2025



La vida fuera del hospital psiquiátrico


Tras Beati gli inquieti (Neo Edizioni), Stefano Redaelli vuelve a cuestionarse sobre la locura y su relación con la sociedad. Si en la primera novela el autor nos llevaba dentro de una casa de cuidado a través de la mirada de un investigador haciéndose pasar por paciente, en Sombra nunca más, – Contrabando Ediciones, traducción de Noemi Neri – la perspectiva se invierte: el narrador es Angelantonio Poloni, ex residente de la Casa de las Mariposas, que intenta reapropiarse de una cotidianeidad marcada por el estigma. El libro se abre con un prólogo que deja clara desde el principio la apuesta de la escritura:
Tiene hambre la literatura, un hambre ancestral.
Desde que el primer hombre empezó a contar historias, sentado alrededor de una hoguera, de vuelta de la caza, vivo una vez más por milagro, nunca ha estado satisfecha.
Tal vez comenzamos a contar para ella, no para nosotros.
No lo hacemos para sobrevivir, para exorcizar la muerte, para salvar algo o a alguien del olvido.
Lo hacemos por hambre: la suya.
Ahora le doy mi historia para que se alimente.
Quizás, por un tiempo, me deje en paz.”


La sombra como catarsis

Este giro guía la novela: no la palabra como refugio o consuelo, sino como fuerza que devora, que exige ser alimentada por la experiencia, incluso la más dolorosa.
La sombra evocada en el título no es solo la del plátano bajo el cual Angelantonio volvía de niño y bajo el cual ahora intenta leer y escribir; es la sombra de la enfermedad mental, de la vergüenza y del prejuicio, que sin embargo se convierte también en un espacio de protección, de pensamiento y de resistencia. Es la sombra que cada uno de nosotros ha atravesado y atraviesa para llegar a la luz, a una nueva conciencia que nos da más herramientas para volver a emprender el camino.


En comparación con Beati gli inquieti, aquí el registro se hace más íntimo, diarístico, atravesado por imágenes poderosas: el padre que se inclina “hacia un lado”, la madre transformada en “bonsái”, los amigos que permanecen en la institución luchando con sus propios fantasmas. Cada figura es al mismo tiempo concreta y simbólica, signo de una escritura que busca devolver la dignidad y la complejidad de la locura sin reducirla nunca a una diagnosis.

El regreso a la sociedad

El gran tema que emerge es el del regreso: volver a casa, volver al bar, volver ante la reja de la comunidad terapéutica, volver a la escritura. Pero el regreso nunca es lineal: es un movimiento oscilante entre dentro y fuera, salud y enfermedad, luz y sombra. Y precisamente en esta oscilación la novela no cuenta solo una experiencia, sino que construye un dispositivo narrativo capaz de interrogar al lector, de ampliar la reflexión sobre la locura como condición humana, como mirada lateral que cuestiona las certezas del mundo llamado “normal”.

Sombra nunca más es un libro que dialoga idealmente con Franco Basaglia y con la tradición literaria que ha dado voz a los excluidos, pero lo hace con una lengua personal, clara, capaz de narrar la fuerza, la fragilidad y la complejidad de nuestra condición humana.



FRANCISCO FERRER LERÍN SOBRE LA MEMORIA DE LOS SUEÑOS


Artículo de Francisco Ferrer Lerín en el BOOMERAN(G) blog del 11/12/2025

Francisco Ferrer Lerín


Fue en el espléndido Hotel Royal Hideaway de Canfranc, en el Pirineo de Huesca, durante las Conversaciones de Formentor de 2023. Fue al sentarme en un amplio sofá del amplio vestíbulo cuando reparé en un librito semioculto, semitragado por el pliegue del asiento. Un librito de Alianza Editorial, Siete noches, de la Biblioteca Borges en edición Libro de bolsillo, segunda reimpresión, 2002. Lo ojeé, maquinalmente y, en la página 35, en el cuarto párrafo del relato “La pesadilla”, me detuve para leer una vez más unas líneas que siempre me subyugaron, unas líneas que abundaban en un hecho fundamental, en el proceso de creación, en la génesis de multitud de mis escritos; eran estas:

“El examen de los sueños ofrece una dificultad especial. No podemos examinar los sueños directamente.  Podemos hablar de la memoria de los sueños. Y posiblemente la memoria de los sueños no se corresponda directamente con los sueños. Un gran escritor del siglo XVIII, Sir Thomas Browne, creía que nuestra memoria de los sueños es más pobre que la espléndida realidad. Otros, en cambio, creen que mejoramos los sueños: si pensamos que el sueño es una obra de ficción (yo creo que lo es) posiblemente sigamos fabulando en el momento de despertarnos y cuando, después, los contamos.”

Estuve tentado de quedarme con el volumen pero consideré más rentable para mi maquinaria de autosatisfacción el entregarlo en la recepción del hotel, lo que supondría que el empleado esbozara una sonrisa de reconocimiento hacia mi persona, que así se recubriría de una pátina de honradez, de civilidad casi europea (la realidad es que la edición de Siete noches de mi propiedad, la mexicana de 1992 del Fondo de Cultura Económica, es mucho más valiosa).

Ahora, el sello valenciano Ediciones Contrabando ha sacado a la luz el libro Memoria de los sueños, una recopilación de textos (artículos, reseñas, prólogos, epílogos) sobre mi obra literaria a cargo del profesor de la Universidad de Jaén y exdoctorando mío, Joaquín Fabrellas, al que corresponde la autoría total del libro pese a que el editor ha querido incluir el nombre Ferrer Lerín como el del segundo coordinador. Se trata de una obra que en origen disponía de mil quinientas páginas y que por comprensibles razones editoriales ha quedado reducida a cuatrocientas y cuyo título es, según confiesa Joaquín Fabrellas, un homenaje al que fuera profesor de la Universidad de Valencia, José Luis Falcó Gens, que en su Introducción a Mansa Chatarra (Zaragoza, Jekyll & Jill Editores, 2014), libro que el propio Falcó editó, declara lo siguiente:

“No se escribe el sueño, sino la memoria de los sueños, decía Borges, al tiempo que se preguntaba si la memoria no es también un sueño. De manera que tanto los místicos como los poetas, los salvajes o los niños –prosigue Borges- tienden a no distinguir el sueño de la vigilia, conciliando ambos territorios. Pero, en última instancia, el elemento decisivo seguiría siendo la escritura como forma singular de mediación y último eslabón de esa cadena inestable de sueños que se ocupa de cristalizar la memoria de los sueños de la noche y del día. En el caso de Ferrer Lerín, el entrecruzamiento de lo real y lo ficticio, de lo autobiográfico y lo imaginario, de la bibliofilia y la anécdota, de los espacios reales y los fantásticos, de la ensoñación y los sueños ha desempeñado un papel fundamental que, como el lector podrá comprobar, ha ido creciendo con los años. FFL ha construido con todo eso una ciudad propia, simbólica, que se sabe ante todo hecha de palabras. Palabras que conducen la escritura del sueño, su memoria, dando lugar a hallazgos y desviaciones.”







MEMORIA DE LOS SUEÑOS. FERRER LERÍN ANTE LA CRÍTICA

(Extracto del artículo de Joaquín Fabrellas publicado en la revista Zenda Francisco Ferrer Lerín: el poeta en su entorno 8/11/2025)

(...)

También estuvimos hablando estos días en Jaca del libro Memoria de los sueños, un volumen en el que ambos hemos sido coordinadores. El trabajo trata uno de los aspectos menos divulgados de su obra: su fortuna crítica, es decir, todo lo que se ha escrito sobre él durante más de sesenta años de carrera literaria y, en la cual participan los más variados escritores, críticos y académicos de la lengua: Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Carme Riera, los investigadores J. L. Falcó, Alfredo Saldaña, Túa Blesa, Antonio Viñuales, o los críticos Ignacio Echevarría o Juan Manuel Molina Damiani; periodistas como Nuria Azancot, Antón Castro o el biógrafo Javier Ozón, o J. Benito Fernández, entre otros.

La intención primera era publicar todo el material bibliográfico que yo había manejado para la redacción de mi tesis doctoral convertida en ensayo, La condición radical, publicada también en la zaragozana Libros del Innombrable, donde ya se muestran todas las referencias bibliográficas de dicha fortuna crítica.

Sin embargo, esa intención primera se vio reducida por los editores, con buen tino, puesto que reunir toda la literatura crítica —además de tener ciertos problemas bibliográficos y enlaces digitales caídos— hubiese superado las mil páginas con creces, y decidimos reducir todo ese material a lo más selecto para que se iniciase un diálogo entre las diferentes perspectivas y se superasen los viejos predicamentos que lo asemejan siempre al rara avis, al heterodoxo, al tahúr, etc.

Este volumen de Memoria de los sueños cuenta además con un código QR que da acceso a todo el material bibliográfico leriniano que no se pudo imprimir, y pone en la pista al investigador futuro. El título paga además homenaje al profesor José Luis Falcó, que tanto me ayudó en La condición radical y cuyo texto sobre Mansa chatarra contenía el sintagma que da título al libro.

Afirma Javier Ozón de nuestro hombre:

“La vida y obra de este hombre orquesta, leyenda viva de la literatura española, merecen por su singularidad un libro aparte: autor minoritario —pero de enorme fortuna entre los happy few que han leído sus libros— su persona ha ejercido un incuestionable influjo en la poesía española de los últimos cincuenta años, hecho que manifiestan tanto el respeto de sus más conspicuos compañeros de profesión —Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Leopoldo María Panero, (la cursiva es mía)— como el eco que sus libros han merecido en la prensa escrita. El País, La Vanguardia, El Periódico, Diario de Barcelona, El Mundo y ABC han reseñado su obra, que también ha aparecido en revistas como Destino, Estaciones, Rocamador, Informaciones, Taifa, Papeles de Son Armadans, Estafeta Literaria, Histonium, Poesía Española, Caracola, El Ciervo, Lateral, Clarín, Cuadernos Hispanoamericanos, El Fingidor, Barcarola, Caminos de Pakistán, Qué Leer,[…]”. (P. 217).

El volumen, aparecido en la editorial valenciana Contrabando a cargo de Manuel Turégano, recoge entonces unas cuatrocientas cincuenta páginas de crítica y de entrevistas aparecidas en diferentes medios como El Cultural, Ínsula, Publisher´s Weekly, Heraldo de Aragón o en libros de carácter antológico. (...)

lunes, 9 de febrero de 2026

TRÁNSITOS. NOCTURNOS DE LOS BALCANES, DE JESÚS ZOMEÑO

Artículo publicado en el diario DE VERDAD, el 16-05-2025 por JUANJO ALBACETE 


La última obra del ilicitano Jesús Zomeño es un inquietante viaje, a través de la luz y la oscuridad, a las profundidades de la condición humana


Jesús Zomeño

Cada día más, el Mercado del libro en España va estableciendo un abismo mayor entre una multitudinaria edición de textos, de finalidad estrictamente comercial, temáticas extraídas del más variopinto pelaje (desde historias de romanos a aventurillas sentimentales, desde temas del telediario a mensajes de autoayuda, desde “descarnadas experiencias personales” a crímenes ingeniosos), relatadas siempre en un lenguaje “absolutamente comprensible por el hombre de la calle” (cualquier “dificultad” es calificada por el mercado como algo extraño y ajeno que empuja a la gente fuera de los libros, a la claridad de las plataformas y las series) y, por otro lado, una edición ya prácticamente marginal (al menos a efectos puramente numéricos) de textos que intentan mantener viva lo que ha sido la gran tradición literaria (digamos desde Grecia hasta las vanguardias, y las escasas pero valerosas secuelas posteriores hasta nuestros días) que siguen aspirando a profundizar y actualizar la honda y necesaria interrogación que los seres humanos necesitan imperiosamente llevar a cabo sobre su propia naturaleza y condición, y sobre la naturaleza y condición de la sociedad y el mundo donde viven, a través de ese vehículo tan singular de acceso a la verdad que es la ficción poética y literaria. Un vehículo que discurre por unas vías bien singulares, que hace un uso especial y único del lenguaje y que con orgullo puede reivindicar su condición artística, haciendo suyo el dictado nietzscheano de que “el arte es incluso más poderoso que la verdad”.
En este contexto, la publicación de un libro como Tránsitos, del escritor ilicitano de origen manchego Jesús Zomeño (Alcaraz, Albacete, 1964) tiene que ser saludada como un acto de coherencia y valentía, pues lejos de dejarse seducir por las modas (o las hoy llamadas “tendencias”), la citada obra insiste en llevar hasta el final la apuesta del autor por un compromiso literario extremo y un afán permanente por ahondar en los entresijos del alma humana y en la condición absolutamente desvalida del hombre contemporáneo, muy en la línea de lo que ya dejaron sentado hace un siglo autores claves como Kafka, Walser, etc.
Tránsitos contiene cuatro relatos, aunque novelas cortas sería la mejor manera de definirlos. Relatan cuatro viajes en tren. Cada uno discurre por uno de los trayectos que es necesario realizar para viajar de Sofía (Bulgaria) a Bucarest (Rumanía) si uno quiere hacer el viaje nocturno en trenes de media distancia. El libro lleva también por subtítulo “Nocturnos de los Balcanes”, definiendo así el marco geográfico en el que transcurren los hechos. Los cuatro relatos llevan, además, títulos que remiten directamente a la mejor tradición literaria europea, expresando así no solo la deuda del autor con dichos textos, sino poniendo en evidencia su voluntad de meterse en el núcleo de algunos de los dilemas esenciales de dicha tradición.
“Noche oscura del alma”, “El paraíso perdido”, “Extraños en un tren” y “Mi nombre es Mary Shelley” marcan un recorrido, enteramente novedoso en sus planteamientos y en su resolución formal, por algunos de los mitos y de las figuras literarias a través de las cuales se han definido los límites materiales y espirituales del bien y del mal, los monstruos que han sintetizado los miedos más acerbos de nuestra cultura y de nuestra sociedad (Drácula, Frankestein….), la caída de los mundos que expresaron sueños que devinieron en pesadillas o el tránsito de la vida a la muerte.
En el primer trayecto, un pasajero, sin nombre y sin rostro, hace el viaje entre las estaciones de Bojchinovci y Vidin, sin un motivo definido. El vagón -ocupado por una fauna variopinta de viajeros-, deviene en el escenario -cerrado, hermético, estrecho, como las viejas trincheras de sus relatos de guerra-, en el que van a desenvolverse los juegos imaginativos y las especulaciones de nuestro protagonista. Lo que aparentemente son divagaciones sin sentido van marcando indeleblemente la senda de una experiencia espiritual, un sobrecogedor recorrido por la noche oscura del alma.

En el segundo trayecto, dos viejos agentes del servicio secreto búlgaro de la era soviética dan cuenta de la devastación de sus ilusiones mientras viajan engañados al entierro de un camarada. Sus grotescos y ya desdibujados recuerdos dejan traslucir la debacle del mayor proyecto de transformación social del siglo XX.
En “Extraños en un tren”, el policía acosado por sus compañeros que ya protagonizó algunas de sus novelas anteriores (El cielo de Kaunas, 2018; El 53 de Gilmore Place, 2021, ambas editadas en Contrabando, como la actual), en un nuevo capítulo de su huida, comparte vagón con un excéntrico vampiro tatuador. Mientras el vampiro va apoderándose de su mente, al hilo de sus palabras va tatuando en él todas las huellas del miedo. Los monstruos, y los miedos, se construyen con y por el lenguaje. Un relato escalofriante que da la verdadera talla del libro.

Por fin, en el cuarto trayecto, una joven que viaja a su primer encuentro con un novio que solo ha conocido por internet despliega un monólogo, aparentemente insustancial y a ratos hasta hilarante, ante una persona desconocida que entra en su departamento. Esta moderna Mary Shelley crea sus propios monstruos a través de la realidad virtual de internet.

Los cuatro trayectos acaban configurando una de las catas más hondas que podemos encontrar sobre la condición humana. en la literatura actual.

jueves, 5 de febrero de 2026

‘CUBA CIENTÍFICA’: JORGE ENRIQUE LAGE PUBLICÓ SU MÁS RECIENTE NOVELA EN ESPAÑA

El escritor cubano Jorge Enrique Lage publicó en España su novela Cuba Científica, editada por el sello valenciano Ediciones Contrabando. Es la historia de alguien que compra una librería de viejo en La Habana, especie de “almacén de libros olvidados”, y de Laura, crítica de arte que “vuelve desde Miami” en busca del protagonista, JEL, “un artista visual cuya producción, críptica y conceptual, ha despertado su interés”.

Y, claro, ella va a escribir un diario en que trata de “descifrar el sentido de su obra y canalizar su propio impulso testimonial tras su retorno a Cuba”, indica la editorial. “Cuba Científica plantea la convivencia de dos realidades alejadas en el tiempo. [A saber,] una Habana anclada en el pasado, representada por la librería de viejo [y] una Habana en la que irrumpe la modernidad a través de los ojos de Laura”.

Presentada por su autor en la última Fira del Llibre de València (del 24 de abril al 4 de mayo), la novela toma su nombre de la librería, “Cuba Científica”; pero la historia de JEL y Laura ya había aparecido como Libros raros y de uso (Casa Vacía, 2023), destinada a ser, según Orlando Luis Pardo Lazo, “el más tierno testamento de una Cuba tan científica como el castrismo”.

Otro escritor cubano la reseñó en Hypermedia Magazine: “«Estoy solo, toda la mierda literaria ha ido quedando atrás», dice otro de los personajes de este dispositivo prosaico toda vez que echa mano de la prosa, la ironía, el cinismo y de un humor tan fino como un abrecartas pringado de veneno”, escribe Ahmel Echevarría. “Ese personaje es JEL, artista visual que antes fue escritor; en su CV hay al menos un libro de su autoría: Archivo. El libro de JEL nos sitúa de plano en el CV del autor de Libros raros y de uso: el exbioquímico Jorge Enrique Lage”.

Echevarría insiste en comprobar las coincidencias biográficas de autor y personaje —ego y alter ego–, pero quizá es todavía más relevante el hecho, a estas alturas nada sorprendente, de que “en la cabeza de ambos hay instaladas obsesiones similares: psicológicas, culturales, literarias y políticas”, apunta, y agrega: “Lo fragmentario y lo esquizo, más el afán de hurgar en el tejido social y cultural, de apostar por lo extraño, lo periférico y lo marginal, como si hurgara con un palito en la mierda, son las marcas que puede rastrear el lector en la obra de Lage y en la narración del Librero”. 

No es casual que Ediciones Contrabando afirme que en Cuba Científica –un título, seguramente, más comercial– “la literatura actúa como vía para el descubrimiento de la propia identidad y, a su vez, refugio de la memoria, compuesta por un corpus de lecturas que crece constantemente”.Ya Ahmel Echevarría ha advertido sobre “el espíritu del libro”, y de su autor, empuñando esta otra cita del último “artefacto” de Lage: “Si he sido algo, si he sido alguien, he sido lo que alguna vez llamaron «autor de ficciones experimentales». Una etiqueta generosa y de sabor optimista para calificar a alguien que escribe cosas estrafalarias, desestabilizadas, poco amables, poco legibles”. 

Y desde Valencia lo confirman: “A través de una estructura poco convencional, la novela reúne un collage de textos que reviste al libro de un carácter interdisciplinar que emana necesariamente de las prácticas culturales de las que son herederas las formas de consumo de la sociedad contemporánea”, resumen la web de Contrabando. “De esta manera, Lage desafía al lector con una idea de literatura capaz de reconstruir el pasado e imaginar una Cuba alternativa en la que lo raro no es solo lo que se colecciona en las librerías, sino también la propia experiencia de la lectura en una época caracterizada por la saturación y el ruido”.

También autor de las ficciones incluidas en El color de la sangre diluida (2008) y Vultureffect (2011), así como de las novelas Carbono 14. Una novela de culto (2010), La autopista: the movie (2014), Archivo (2015, 2020), Everglades (2020), Jorge Enrique Lage es un escritor cubano a quien –según aseguró él mismo a Latin American Literatura Today– nunca le ha interesado el realismo, aunque sí “las ciencias, como tema”.

“Lo que yo soy es un lector”, ha dicho. Pues eso… el librero de Cuba Científica.

RIALTA STAFF

RIALTA STAFF
Rialta, Alianza Iberoamericana para la Literatura, las Artes y el Pensamiento es una asociación civil con sede en Querétaro, México, de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural, artístico, científico y tecnológico.

SOBRE "desterro" DE CARMEN CRESPO

 Texto de presentación-reseña de "desterro" leído por Juan Hospital y posteriormente publicado en la Revista Turia

Buenas tardes.

Antes de nada, quería dar las gracias a la Fundación, y daros las gracias a todas y a todos los que habéis asistido hoy a este encuentro con Carmen Crespo; un encuentro que tiene como motivo la presentación y lectura de su último libro de poemas: “desterro”

Carmen es una poeta de trayectoria consolidada, lleva publicados un número considerable de libros, algunos de los cuales han sido galardonados. En el año 2016 recibió el Premio Internacional de Poesía César Simón por “Teselas”; en el 2020 el Premio Nacional de Poesía José Hierro por el poemario “en sí ni un solo momento”; recientemente ha publicado “lugar no territorio”, y en el pasado año 2024, el libro que hoy nos convoca: “desterro”

II

En esta presentación me guiaré por las impresiones que el libro ha despertado en mí, se trata, por tanto, de una lectura personal que quiero compartir.

La palabra que da título al poemario - “desterro”- me resultó familiar cuando la leí por primera vez, de algún modo la entendía, pero acudí al diccionario y ahí no estaba. Esta situación de desamparo, unida a la voluntad de seguir leyendo, me obligó a confiar en lo que el propio texto me sugiriera, sin necesidad de acudir a la literalidad de las palabras. Un parecido desconcierto se desencadenó cuando leí palabras que sabía que ya habían sido codificadas, pero que agrupadas del modo en que lo hacían en el interior del texto, perdían su fijeza y desbordaban su significado canónico.

Quise entender que ese desbordamiento no suponía deformidad, no afeaba su carácter, e intuí que se trataba más bien de un ensanchamiento del vocablo, de un estado de crecimiento, de una auténtica reconfiguración creadora.

Este juego de desplazamientos, en el que palabras “irreales” -entre comillas- toman carta de naturaleza y palabras reales se desnaturalizan, añadió un punto de perplejidad a la lectura y proyectó en mí, una sombra de sospecha sobre el propio lenguaje.

Dice Deleuze que se puede escribir de dos modos. Que escribir consiste, o bien, en adecuarse a un código de enunciados dominantes referidos a un orden de cosas establecidas, o bien, que escribir es devenir.

En la primera acepción el escritor ocupa un territorio, se asienta y toma posesión de él, en ese territorio reina el escritor, y se rige por lo que dicta su escritura.

En la segunda acepción, el escritor deviene algo distinto, habla como un extranjero en su propia lengua, tartamudea, se mueve por un lugar de perfiles cambiantes que no logra fijar con palabras precisas, busca, recorre el territorio y traza líneas que no cercan su geografía, líneas de fuga que le llevan más allá.

La escritura en esta segunda acepción no representa un paisaje, no imita, la escritura, así entendida, es un pasaje en el que sucede el encuentro del escritor con lo escrito; una

evolución conjunta de dos seres completamente distintos, en la que el escritor proporciona escritura a los que no la tienen, y los que no la tienen impregnan al escritor de palabras no redundantes, palabras que no están al servicio del poder.

¿Por qué este discurso de tono filosófico en relación con la escritura de Carmen Crespo?, la razón es simple, creo que con este “desterro” estamos ante un claro ejemplo del escribir entendido como devenir.

III

El libro se divide en tres secciones: “morada”, “desterro” y “testimonio”. 

La morada es el poema, y el poema es un lugar construido con palabras íntimas, hecho con un lenguaje privado, un lenguaje que presta especial atención a lo que puedan expresar las cosas mudas. El poema final reafirma esa voluntad de escucha atenta, y el deseo de ofrecer un testimonio escrito.

La palabra es la gran protagonista del poema, el personaje principal en el escenario del texto.

Y en “desterro” la palabra se revela con v y se rebela con b; muestra su rebeldía, no se resigna al aislamiento, vuelve del solitario destierro al territorio común, al marco de la normatividad y el consenso, quizá con intención de subvertirlos; y en ese retorno nos revela algo. Cargada de realidad la palabra horada en el lenguaje, y siembra en el hueco para que aflore lo no dicho.

Un impulso recorre el libro, las ganas de hermanar lo de dentro y lo de fuera, y de hacerlo sin cesuras, sin pausas que entrecorten la voz. Es éste un intento difícil, y la escritura lo acusa. El texto está plagado de huecos, de espacios en blanco, de “abismos de silencio” en los que la palabra cae y muestra su insuficiencia, o en los que simplemente se detiene para tomar aliento y retomar con nuevo ímpetu el curso del lenguaje; “abismos” en los que, en otras ocasiones, la palabra titubea y cambia el rumbo, o en los que el sentido enmascarado en la palabra se asoma al sinsentido con angustia.

A través de esos “abismos de silencio” la escritura deviene, se enfrenta a paisajes sin lindes, transita el descampado, desamparada busca refugio, y al descubrir fragmentos con los que construir se demora, escucha y transcribe. La morada, el texto, se construyen de ese modo fragmentado.

El “desterro” es éxodo, una huida a latitudes a un tiempo extremas e íntimas, y el yo que viaja es un extraño ante sí mismo. Ese ser ajeno a la identificación habla desde una posición excéntrica; excéntrica respecto a la guía del ego, y respecto al eje de la gramática, la sintáxis, o la semántica convencionales, da cabida al desvarío para que irrumpa lo aún no dicho de este modo.

La palabra que surge entonces es una palabra íntima, pequeña, amada. Una palabra que silencia el ruido externo y el interno; que apaga la palabrería pública y sus hipérboles, o el farfulleo privado caótico e incesante, que impiden escuchar lo que sucede en el aquí y ahora.

Pero también es una palabra que se concede a sí misma equivocarse, porque no busca ser juzgada por el pensamiento, porque nace sin premeditación, como puro desbocamiento de un cuerpo incontenible.

El cuerpo participa en la creación de lenguaje. Y en ocasiones es el engranaje conjunto del ojo y de la lengua, el mecanismo que maquina el poema. El cuerpo prófugo, es decir, el cuerpo que huye a través de los sentidos, retorna al cuerpo íntimo como lenguaje.

Y en ese encuentro de lo interno y lo externo la voz vierte un titubeo de palabras, emanadas con amor y volcadas con cuidado en el poema.

Ahí, en el poema, en el cuerpo, permanece Carmen Crespo, vigilante, celando el interior, guiada por un impulso amoroso, el de desentrañar palabras y ofrecérnoslas.

¡Gracias, Carmen, por la ofrenda!

domingo, 25 de mayo de 2025

EL DRAMA DE LOS DÍAS, POR WENCES VENTURA (ACERCA DE "Y POR EJEMPLO" DE ANN LAUTERBACH)

 Artículo publicado en la Revista Turia Digital el 15 de enero de 2025


Ann Lauterbach, poeta poco conocida entre nosotros, lectores en español, ocupa, sin embargo, un destacado lugar en la poesía norteamericana de nuestros días, y con frecuencia se ha incluido dentro de la vanguardia de aquel país junto a nombres como David Saphiro, poeta calificado de radical, inspirador del cineasta Jim Jarmush, y con Peter Gizzi, elegíaco y luminoso, influenciado por Ezra Pound. 

Aunque, tal vez más apropiadamente, con John Ashbery, uno de los mayores poetas norteamericanos del pasado siglo, fallecido en 2017, contorsionista del lenguaje, explorador de los límites de la conciencia, que reflexiona sobre el acto creativo y, en especial, sobre la propia poesía; críptico, irónico, deudor de Auden. También, y muy especialmente, con Barbara Guest, perteneciente a la escuela de Nueva York como el mismo Ashbery y cuya poesía se caracteriza por su proximidad con el arte contemporáneo, sobre todo con el expresionismo abstracto.  Lúcida ensayista sobre poesía y pintura, como la autora que nos ocupa, se detiene entre otros, con rigor y acierto, en la complejidad de la poesía de Wallace Stevens, al que no debemos olvidar como descubridor de una nueva sensibilidad, distinta y audaz, exuberante, llena de sabiduría, y como gran transformador de la moderna poesía estadounidense. 

Ediciones Contrabando nos ofrece dentro de su colección Marte de poesía esta edición bilingüe de la mano de la escritora y traductora Marta López Luaces, que demuestra un profundo conocimiento, dedicación y pasión para poder verter en nuestra lengua este poemario con la exigencia que requiere, ya que trata de reconstruir con éxito, en la lengua de llegada, complejos matices, sin tener que recurrir a excesivas amplificaciones cuando el inglés se muestra más económico estructuralmente que el castellano. 

Y por ejemplo es el quinto libro de poesía de los once de esta autora y fue publicado en 1994. Es la primera vez que es traducido al español y suponemos que la elección de este título se debe al hecho de ser este poemario un pilar fundamental de la obra. Por densidad temática, por su intensa meditación que hace que el lector llegue a abandonar el mismo poema y entre en un laberinto de reflexiones, en una nueva idea de libertad, de mística de la creación. 

Hay en estos poemas un perfeccionamiento intelectual de la poesía, una exigencia emocional del escritor que quiere esculpir el drama de los días en tan solo dos versos: “Debía hacer mucho frío / En el cubo lleno de lo previo”. 

Si bien es cierto que Lauterbach se ha definido en alguna entrevista como“lonely, paranoid and scared”, algo así como: solitaria, paranoica y temerosa, ante la idea de ser clasificada, todos nosotros sabemos que en poesía la inclusión en un determinado grupo es una obsesión sistémica; poner límites a la literatura, encerrar el vasto mundo del poeta dentro de una caja de cerillas; estandarizar es tentación en quienes no creen en el ser del mismo lenguaje, porque no han descubierto su infinita libertad; en el poema “Épocas perdidas”, dice: “Aspiro la noche estoy bordada a ti / con una pena incendiaria”. 

Ha dicho, con solemnidad, en numerosas entrevistas, sentirse en la periferia; es una manera de expresar su inconformismo, una protesta apasionada, poética, irreconciliable con la castrante clasificación en cualquier orden de la vida, y así es, pues el lenguaje con el que se construye Y por ejemplo expresa esa extraña mezcla de una voz que son muchas voces, el yo poético se diluye, en realidad parece que se busca a sí mismo en la voz en off que él mismo proyecta. Esa exigencia suya en la diferenciación, en la búsqueda sin que sea nunca forzada, en la creación de un tejido vivo: “todo robado a algo llamado abril”. 

Hay un mundo propio muy trabajado que desencadena en cada poema una especie de conmoción emocional. La pujanza evocadora aparece disfrazada entre los restos del propio poema roto, fragmentado. 

En “Cenizas, Cenizas (Ashes, Ashes)” -título de la última parte del poemario-, en la propia abstracción de lo que no llega a decirse por falta de aire, es donde la creadora neoyorkina más se entrega: “Soy un atuendo abandonado / mi categoría está rota // Codicio el extremo”. 

Vínculo de naturaleza compleja, las palabras exploran en esa especie de desmoronamiento de lo cotidiano en nuestras vidas, a veces con falsa trivialidad, otras con la sobrecogedora elocuencia de quien todo escruta y analiza; con la evocación elegíaca que los grandes poetas hacen coincidir con el deseo de renovación. 

En ella podemos escuchar, entre otros, los ecos de Rilke, Elliot, Stevens, Auden o Faulkner. Podemos sentirlos porque en la gran poesía habita la poesía de los que hicieron al poeta ser quien es.    

Destrucción y renovación se encuentran, pero la felicidad no existe, no es real, no es algo que se pueda concretizar, sino que es un concepto abstracto, moral.

Marta López Luaces
Explorar en el desmoronamiento, en la capacidad para soportar la tragedia de la pérdida; hallar el eslabón que te ha de mantener enganchado al mundo, que ese eslabón sea el mismo mundo de las cosas reales; el tiempo presente que es un punto fijo, una anilla donde sujetarnos, rodeados del océano de las ausencias. Asistimos a la dramatización del paso del tiempo. Ann Lauterbach hace crecer sus poemas en la tensión psíquica y se eleva por encima de las palabras. Crea otra lengua en la lengua y busca los límites de ésta. 

El poeta ha de llegar a ese “punto cero” del que nos hablaba José Ángel Valente, el de la libertad creativa, infinita, sin límites, que escapa del sistema dominante; ha de saber convertir la ausencia en presencia y ser consciente del sentido del ser y en ese desorden del alma saber dialogar con los fantasmas de lo no dicho y soltar el cometa de la imaginación. 

Esculpir dentro de esa falta de fuerzas para que ésta se torne fuerza, búsqueda y curación. Llenar una superficie blanca. Escribir no para transmitir un mensaje sino para ser ave que deja su trazo en el cielo.  

Sería muy de agradecer que Marta López Luaces tradujese su reciente poemario Door (“Puerta”), aparecido en 2023.

 

Ann Lauterbach, Y por ejemplo, Valencia, Ediciones Contrabando, 2024.      

martes, 11 de febrero de 2025

INTRIGA DESLUMBRANTE

Artículo de Jaime Siles aparecido en el suplemento Postdata del diario Levante EMV el 2 de noviembre de 2024

Mi vida en los objetos. Miquel Martínez

Un texto apasionante en una Valencia como protagonista

La novela es un género que admite muchas formas: tantas como la ficción y el pacto con el lector permiten. Por eso, el autor busca siempre ese punto de encuentro, que no es otro que el de partida y que casi siempre suele coincidir con la primera frase. Miquel Martínez (La Vila Joiosa, 1959) no es un novato y lo sabe. Su Nòmina de dubtes obtuvo el Premi Ulises de narrativa, y sus libros de poemas Llibre de familia y Ravals de l’alegria recibieron los premios Senyoriu d’Ausias y Ausias March, respectivamente.  

Una cita de Ian McEwan abre esta novela, que se desarrolla, sobre todo, en Valencia, con extensiones espaciales a la Italia del Sur y bien llevados saltos en el tiempo. El lector se siente dentro de este territorio conocido, que son las calles de nuestra ciudad, que constituyen el trayecto diario del protagonista: un ser apegado a sus costumbres y para quien las cosas adquieren -sin que se sepa cómo ni por qué- un sentido especial. Podría decirse quela historia narrada es su protagonista, o al revés: que el protagonista es la materia de la narración. Pero nos equivocaríamos, porque esta novela es eso y mucho más.

Lo que se admira en ella es precisamente la visión y el punto de vista de un protagonista, a quien presta su voz el narrador, y el modo en que los diferentes episodios- que son muchos- van milimétricamente engarzándose los unos con los otros, sin puntos de fuga y sin que su tejido se resienta. De manera que ni hay palabra suelta ni elemento dejado al azar: todo está relacionado con todo- desde el detalle más mínimo hasta el dato más trivial. Posee, pues, una sólida estructura, y lo que le interesa subrayar al autor son precisamente los subalternos y los reglamentos, sin los cuales nada podría funcionar. 

Detectivesca, más que policíaca; de costumbres, pero también moral, Mi vida en los objetos presenta un mundo en el que somos vistos desde fuera: desde un fuera, que es un desde dentro siempre; en el que no se renuncia a la crítica literaria ni a la cinematográfica; y en el que no deja de haber teorización («Cuando se escribe algo, aún con la mejor intención, lo que antes tomaba en nuestras reflexiones una forma líquida y extensa, llena de esquinas, recovecos y matices, se achata y simplifica, hasta desnaturalizarse»). De ahí que nada aquí sea casual: ni la historia ni el o los protagonistas. Juan Ramón Jiménez concibió y compuso unos Poemas impersonales; el protagonista de esta novela evita la notoriedad y lamenta que las cosas hayan perdido «su impersonalidad».

Sin embargo, el conocimiento de la doble profesión del autor (periodista y escritor) aflora y no duda en afirmar que «El periodismo plantea las preguntas, la literatura suministra las respuestas», y se muestra partidario de la conservación de los secretos porque en ellos reside «el lado humano de las cosas». Como los ángeles de Rafael Alberti son criaturas mediadoras a medio camino entre los dioses y los hombres, en la novela de Miquel Martínez la madre es la mediadora entre el protagonista y el mundo «a través de los objetos». En realidad son éstos, los objetos, la historia familiar, el florete, el albarán perdido, una falda de cuadros y las casas los verdaderos protagonistas y no el personaje desde cuyo corazón, cuya memoria y  cuyos ojos asistimos al relato, pues éste – como él mismo reconoce- aspira a «la pureza de vivir de incógnito», y hay que decir que casi lo consigue. Mi vida en los objetos es una novela breve, una nouvelle, una cuento largo, de ritmo medido y lento en su primera parte, y de ritmo acelerado en su segunda mitad. 

Escrita con buen pulso y en un estilo claro, rehúye la experimentación y opta por la linealidad. Su lectura resulta muy grata, gracias a un ágil equilibro entre inteligencia y humor. Miquel Martínez, sin dejar de ser un poeta, ha demostrado que es también un excelente novelista, capaz de organizar en un exacto cosmos lo que en la vida suele manifestarse como caos y construir una intriga en torno a una saga y una empresa familiar, utilizando para ello la chispa provocada por un hecho insignificante que desencadena, sin embargo, toda la coloratura de la acción. 


NUEVE HORAS CON LA FAMILIA CORTÁZAR

 Artículo aparecido en la Revista Turia Sólo Digital el 22-01-2025, escrito por Jesús Zomeño, sobre la novela La pistola de mi padre de Rafael Soler.


Rafael Soler

El encuentro de cuatro personas de una misma familia a lo largo de 9 horas, contado por un narrador insólito, con un inesperado y brutal acontecimiento como telón de fondo.

En La pistola de mi padre, Soler vuelve a construir una historia familiar, desde la posguerra a nuestros días, que le sirve para hurgar no solo en las vicisitudes, los conflictos y los traumas de unos personajes atados por un destino común y separados por mil querellas, sino también para adentrarse en una reflexión sobre cómo la historia de nuestro país ha ido influyendo y modelando las vidas de sus gentes.

La pistola de mi padre
probablemente sea la mejor novela de Rafael Soler, y la más ambiciosa. Los personajes están perfectamente construidos: padre abnegado pero distante; madre voluntariosa y cariñosa; hijo borrascoso y una hija con problemas psiquiátricos. Sin embargo, los personajes no se mueven por el naturalismo literario, no viven en condiciones morales extremas, no se retuercen por sus tormentos y pasiones; son los de una familia normal, casi anodina, y eso permite una reflexión de ámbito universal analizando sus relaciones mediante simbolismos. Así, el libro es una hermosa reflexión lírica y universal sobre la vida, el destino y la familia.

Primer simbolismo: Los personajes se miran ante el espejo de la historia.

Frente a los grandes acontecimientos históricos los conflictos familiares empequeñecen y hasta quedan ridículos. Las ambiciones personales, las diminutas tragedias, los firmes propósitos, no significan nada frente a la inexorable apisonadora de las efemérides.

Apelo a algunos ejemplos del libro:

  - La familia deja todo en Castellón y se marcha a Madrid para abrir un bar; pero el coche entra en la ciudad el mismo día en que Eisenhower está visitando la capital en 1959. Podemos imaginar el desfile triunfal de Eisenhower y sentir un paralelismo con la entrada triunfal de los Cortázar, pero lo cierto es que un urbano detiene el coche de la familia y les advierte que no pueden pasar, que las calles están cortadas, que se echen a un lado y esperen.

  - Otro ejemplo: En las primeras elecciones democráticas, el padre está en una mesa electoral cuando llega el hermano mayor y le propone un negocio que lo llevará de nuevo a la ruina: ¿era ese día el germen del futuro para un convencido demócrata, o el regalo estaba envenenado?

  - El ejemplo más simbólico: Cuando Tejero intenta el golpe de estado en 1981, el padre coge la pistola de la Guerra Civil, que esconde desde entonces, y va con ella a las inmediaciones del Congreso. Sin embargo, luego regresa a casa, igual que se marchó: tanto pasado esperando en el cajón no ha servido para nada.

¿Dónde arranca y termina el presente de los Cortázar? El presente arranca y se estanca el 11 de septiembre de 2001, durante el ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York.  La noticia del ataque reúne a la familia y el libro trascurre esa tarde. El derrumbe de las Torres Gemelas es el comienzo de una nueva era, piensan los Cortázar; pero la nueva era volverá a burlarse de ellos al margen de las efemérides.

Segundo simbolismo: la estructura de cada capítulo

Cada capítulo tiene tres partes. La primera es un diálogo telegráfico y preciso. La segunda es la voz del narrador omnipresente, que analiza con detenimiento el pasado y los recuerdos. Y la tercera es la voz interior de los personajes, bien a través del diario escrito por la hija, bien por las grabaciones de la madre en cintas de casete, o bien a través de los relatos en los que el hijo eleva a lo imaginario su historia y la de su familia. Es decir, tres cámaras: una enfoca boca y oídos (son los diálogos), otra el cerebro (lo que recordamos y reflexionamos), y la tercera el corazón (lo que sentimos)

La vida no es sólida y perfecta. La vida es estruendo y confusión (intenciones, esfuerzos, decepciones, errores y sorpresas), la vida es vida, imperfecta acaso pero “vida”. Y la estructura del libro simboliza esos pies de barro de la vida.  La conclusión será que no hay conclusiones, que no somos infalibles ni hemos triunfado ni somos perfectos. A saber si deben primar los hechos (primera cámara), las reflexiones objetivas del narrador omnipresente (segunda cámara) o nuestra visión subjetiva de las cosas (tercera cámara).

El tercer simbolismo está en el propio título: La pistola de mi padre. 

Rafael Soler repite una frase en el libro: «Lo primero es antes», y lo primero está en el título, en la pistola de la guerra del padre. Atada al pasado por un extremo, es el hilo de la vida, lo que nos sostiene en alto, y cuyo otro extremo aferramos nosotros mismos para mantenerlo tenso.

Ahí está la pistola, como la espada de Damocles. Posiblemente, desde que nacemos, todos tenemos una pistola apuntándonos a la sien, lo que suceda será la consecuencia de nuestros actos o la consecuencia del azar, ¿quién sabe?

El gran simbolismo de la vida no es Dios, para Rafael Soler el gran simbolismo de la vida es la pistola, que está ahí, metida en un cajón, muerte disponible pero guardada. No es casualidad que la guadaña tenga la misma forma que el gatillo de la pistola.

Rafael Soler describe el gran teatro universal de la familia y del ser humano. Hasta ahora, en su obra literaria, siempre ha tratado de comprenderse a sí mismo, y comprender el mundo que le ha tocado vivir. Tanto El grito (1979) como El corazón del lobo (1981) tratan lo que era su vida, del matrimonio y la familia cuando las escribió. El último gin-tonic (2018) trata de la familia y de la muerte, con ese símbolo clavado que es el velatorio. En Necesito una isla grande (2019) juega con la huida de la muerte a pesar de todo, incluso a pesar de la vejez. Ahora, en La pistola de mi  padre extrae las grandes conclusiones de la vida, con universalidad, inteligencia y cariño.

Y esta es su mejor novela porque analiza la vida de los Cortázar y, con ello, analiza la nuestra.

 

Rafael Soler, La pistola de mi padre, Valencia, Ediciones Contrabando, 2024.                                                                                   

Escrito en Sólo Digital Turia por 

Jesús Zomeño