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martes, 27 de junio de 2017

"ESCRIBO SOBRE LA GUERRA PARA CONOCERME A MÍ MISMO"

ENTREVISTA DE BEL CARRASCO A JESÚS ZOMEÑO publicada en la Revista MAKMA el 04/06/17

De este pan y de esta guerra, de Jesús Zomeño
Ilusstraciones de Fernando Fuentes ‘Miracoloso’
Editorial Contrabando

Jesús Zomeño es abogado y trabaja con su hermano en un prestigioso bufete de Elche. Pero su auténtica pasión es la literatura y en ella se ha volcado tanto en la faceta de escritor como en la de editor de poesía, actividad ésta que abandonó hace algún  tiempo. Trabaja con fervor en tres novelas a la vez y, mientras tanto ha ido publicando una trilogía de relatos ambientados en la Primera Guerra Mundial. ‘De este pan y de esta guerra’ (Editorial Contrabando), ilustrado por Fernando Fuentes, ‘Miracoloso’, la última parte de dicha trilogía, mereció el Premio de la Crítica Literaria Valenciana fallado el pasado 20 de mayo en la Universidad Miguel Hernández de Alicante.
¿Por qué eligió la Primera Guerra Mundial entre las muchas que han existido a lo largo de la historia?
La Primera Guerra Mundial permite una reflexión más universal, me permite hablar de un bando u otro, sin prejuicios ni sectarismos, cosa distinta ocurriría si escribiera sobre la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial. Además, aporta imágenes estéticamente muy poderosas y simbólicas, como son las trincheras, las máscaras antigás, las alambradas… Sin embargo, el principal motivo es que en la Primera Guerra Mundial la supervivencia fue extrema, tanto en el plano físico como en el mental, y eso permite analizar los límites del ser humano. Pero no hablo de la desesperación, mis relatos tienen un trasfondo lírico, una apelación a la belleza, a veces a través del esperpento, porque a mis soldados no les alimenta el estómago sino los sentimientos. Mis personajes luchan mentalmente para sobrevivir porque son optimistas a pesar de todo, como el honesto encargado del urinario de Dublín que se lleva a la guerra el plato de las propinas para acordarse siempre de que tiene que estar agradecido a lo que la vida le dé.
¿Cuál cree que es la batalla más dura que libra el hombre de nuestro tiempo?
La batalla interior. Los poderes fácticos y los políticos lo han reducido todo a la economía, pero la gran revolución pendiente es la felicidad. No hay ningún partido político que presente un plan para fomentar la felicidad y equilibro del individuo, un ocio sencillo y satisfactorio. Es ridículo decirlo, pero está mal visto hablar de sentimientos, eso cada vez forma más parte de la vida interior y secreta de las personas. Se cuidan las patologías, las depresiones, eso sí se permite; pero no se fomenta la felicidad, ni la del individuo ni la social.



¿Cómo ha evolucionado a lo largo de su trilogía?
Del reportaje periodístico a la interiorización. ‘Laberintos’ recogía las respuestas de muchos autores en torno a las preguntas que planteaban unas fotografías originales de soldados. Esa perspectiva coral se individualiza en ‘Cerillas mojadas’, relatos que analizan la biografía y las hazañas de algunos soldados. Sin embargo, a continuación interiorizo y casi suprimo la acción en ‘Piedras negras’ y ‘De este pan y de esta guerra’, son retratos psicológicos. Es un camino de interiorización y mi conclusión es que el hombre despliega mentalmente sus mecanismos de defensa para sobrevivir y ese mensaje es optimista, la auténtica fuerza del soldado en la Primera Guerra Mundial estaba en su cabeza.
¿Por qué el cuento en España es un género minoritario?
Las noticias de prensa y, sobre todo, las digitales ahora son más breves, también nos comunicamos por correo electrónico o vía wasap con mensajes cada vez más cortos; sin embargo, eso no ha abierto camino al relato breve. El microrelato es la imagen de la nueva realidad, pero el relato no ha absorbido ese público. Es posible que la novela plantee una unidad de ritmo y argumento, que si te engancha te mantiene fácilmente, eso es cómodo. Los libros de relatos cambian ritmo, personajes y planteamiento en cada historia y eso cuesta de aceptar. Hay que vaciar la mente, hacer reformas, cambiar el diseño y entonces empezar la lectura, entre un cuento y otro, con la mente preparada. Creo que los relatos exigen más esfuerzo, un ejercicio de renovación mental constante. poderes fácticos y los políticos lo han reducido todo a la economía, pero la gran revolución pendiente es la felicidad. No hay ningún partido político que presente un plan para fomentar la felicidad y equilibro del individuo, un ocio sencillo y satisfactorio. Es ridículo decirlo, pero está mal visto hablar de sentimientos, eso cada vez forma más parte de la vida interior y secreta de las personas. Se cuidan las patologías, las depresiones, eso sí se permite; pero no se fomenta la felicidad, ni la del individuo ni la social.
Háblenos de su último libro, ‘Querido miedo’.
Yo escribo lo que soy, mejor dicho, lo que creo que soy o he sido. Las historias de la guerra intentan ayudarme a conocerme a mí mismo, a través del análisis de situaciones límites. Las historias de ‘Querido miedo’ retratan los años ochenta, el paso del tiempo y aquello en lo que nos hemos convertido los que fuimos jóvenes. Es un retrato lírico y nostálgico del pasado y del presente de mi generación. Por tanto, el ser humano sigue siendo el centro, el protagonista.
¿Cuáles son sus próximos proyectos?
Fernando Fuentes ‘Miracoloso’ y yo tenemos intención de ampliar los relatos del libro ‘De este pan y de esta guerra’. ‘Miracoloso’ está trabajando las nuevas ilustraciones, mucho más personales, y luego yo escribiré los relatos. Será una obra breve de cinco o seis historias, un anexo al libro, que ya estaba previsto antes de concederse el premio, porque la Editorial Contrabando desarrolla una gran complicidad con sus autores.

martes, 3 de mayo de 2016

Entrevista a Jesús Zomeño por Ginés J. Vera

Entrevista de Ginés Vera a Jesús Zomeño publicada en el blog "Maleta de libros"2 de mayo de 2016


Este año de celebraciones literarias recalo en un autor que acaba de publicar un libro de relatos con un tema de fondo no de celebración, pero si de reflexión al cumplirse un siglo del final de la Primera Guerra Mundial. En "De este pan y de esta guerra" (Contrabando, 2016) no hay relatos de guerra propiamente dichos, como el propio autor nos desvela. Destaco también otra curiosidad. El libro incluye ilustraciones del vallisoletano Fernando Fuentes (Miracoloso) quien (y he aquí lo curioso) ha ilustrado, entre otras obras, una titulada ‘Duelos y quebrantos’ que ineludiblemente me ha evocado otra de los conmemoraciones de este 2016, el del fallecimiento de Miguel de Cervantes. A continuación la entrevista que tan amablemente me concedió Jesús Zomeño, agradecido.

Siendo un especialista en la Primera Guerra Mundial y un coleccionista de objetos de aquella época, según leo en el prólogo, la cita con la literatura era más que obligada en este 2016 cuando se cumple un siglo de aquella contienda.

En 1916 es cuando se producen las dos batallas más sangrientas y absurdas, la de Verdún y la del Somme. También es cuando los soldados pierden el orgullo y esconden la cabeza en los cascos de acero. Comenzaron la guerra con sus gorros ligeros, pero en 1916 se generaliza el uso de los cascos. El soldado aceptaba su condición de máquina, la guerra pierde su ideal y el hombre muestra que tiene miedo. 

Me han llamado la atención los dibujos que acompañan a los relatos, de Miracoloso, en blanco y negro para reflejar, cuando no remitirnos a la dureza de esa Primera Guerra Mundial

Mi cita con Fernando Fuentes (Miracoloso) era algo que dependía más del destino que de la lógica. Tenemos mucho en común, la primera vez que hablé con él fue hace más de quine años, no nos conocíamos pero lo llamé por teléfono y estuvimos más de una hora hablando. Sus ilustraciones tienen mucha fuerza y son inquietantes, como si se dirigieran directamente al espectador para advertirle de un mal. Personajes siniestros que advierten de que se han convertido en siniestros por la guerra.

También, y aquí leo en la nota preliminar, que estos relatos tienen cierta relación con una obra suya publicada en 2014, no tanto como continuación sino más bien como antecedente de aquella.

Si, en el año 2014 publiqué “Piedras negras” (Editorial Lengua de Trapo). Para ese libro comencé algunos relatos que entonces me resultaron demasiado ambiciosos, historias que no supe explicar y que quedaron tiradas por los archivos del ordenador, sin acabarlas. Por eso digo que necesité escribir un libro entero (“Piedras negras”) para poder escribir luego estos relatos. El primer libro me ayudo a madurar y sintetizar lo que de verdad quería expresar en relatos como “Dos dientes de oro” En este cuento quería expresar cómo la mezcla de ignorancia, imaginación y optimismo se podían abrir paso en la guerra. Presenté al personaje y lo definí en el año 2006, pero no podía imaginar cómo terminaba su historia. En el año 2014 volví al personaje, primero lo distancié del lector y lo convertí en grotesco sin restarle ingenuidad, por eso lo hice cazador de ratas en las trincheras; luego lo empujé un poco más y lo dejé sonriendo en la mayor de las fatalidades, camino de Auschwitz en la Segunda Guerra Mundial.

Si hay una voz narrativa que predomina en estos relatos es la de la primera persona, la del narrador que cuenta casi a modo de diario, mostrando una realidad intimista a pesar de que según el protagonista de ‘El urinario’, ‘Las personas cuidamos nuestra intimidad con demasiado esfuerzo’.

En el fondo son retratos psicológicos, reflexiones acerca de cómo resistir la guerra y cómo ésta termina afectándonos. Por eso el contenido puede universalizarse ¿Cómo resistimos la adversidad? Terminamos afrontando la crisis económica, la enfermedad, la vejez... ¿cómo lo hacemos? Supongo que en estos relatos y en el anterior libro “Piedras negras” busqué la respuesta.

Coméntenos esa frase del protagonista de ‘Una ciudad en la India’ al afirmar que ‘solo la belleza nos redime y a ello nos aferramos por encima de todo. (…) para que nos distraiga del horror que vivimos’.

Es un mecanismo de defensa. El relato trata de un soldado que hace lo que tiene que hacer, cumple con su deber, mientras piensa en otra cosa. El soldado tamiza toda la crudeza de un ataque enemigo, busca en todo momento camuflar el horror con la belleza, sustituir un hecho por un recuerdo hermoso, para superar lo que no podría soportar sin esa imaginación. Aquella ciudad de la India en la que piensa es como la Itaca de Kavafis, pero en este caso el viaje es el horror y la referencia del destino final, Itaca, sospechamos que es inalcanzable.

A pesar de ese horror he querido ver en los protagonistas de estas historias cierta gratitud, acaso cierta aceptación del destino; en ‘Después del ataque’ el protagonista dice: ‘Acepto la fatalidad como los soldados cuando suena el silbato y saltan fuera de la trinchera’.

Si, supongo que después del horror desarrollan sus mecanismos de defensa y luego, al final, se trivializa todo por la costumbre y surge la normalidad y el optimismo. Me gusta creer que el ser humano es optimista por naturaleza. En el relato “El urinario” el empleado de un urinario se lleva consigo a la guerra el plato de las propinas porque siempre espera “de la vida recoger algo por lo que estar agradecido”. A pesar de lo vergonzoso que pudiera parecer su trabajo, el lo describe con elegancia y afecto hacia sus clientes, por eso se lleva el plato de las propinas, porque más allá de su urinario en Dublín él espera siempre que la vida le siga dando propinas, esté donde esté.

Hay una buena dosis de metaforización, de costumbrismo más allá de la primera impresión para quien crean que son relatos bélicos o sobre la guerra, pues hay más de supervivencia, de melancolía vital, cierta nostalgia del tiempo o tiempo de nostalgias.

Los personajes del libro son víctimas de las circunstancias, víctimas de la historia que otros escriben y ellos simplemente sobreviven, con sufrimiento, artificio y optimismo. La guerra de trincheras les ha demostrado que su vida no tiene valor y ellos lo han aceptado, pero lo aceptan renunciando a las cosas importantes y sustituyéndolas por otras cosas sencillas que para ellos empiezan a ser más importantes. Así, el soldado que se relaja viviendo en una escalera, donde no sufre ni tiene miedo, sube o baja sin miedo a equivocarse porque puede volver a subir o volver a bajar; por eso decide pasar su semana de permiso en la escalera de un edificio abandonado, no quiere nada más para estar tranquilo y ser feliz. El personaje de la escalera, se ha convertido en un hombre que renuncia a su historia, a volver a casa, donde podrían pasar muchas cosas, y se conforma con la calma y el equilibrio mental después de todo lo que ha vivido.

Por encima de la ficción, la columna vertebral de verosimilitud es esa Primera Guerra Mundial, aunque también se asoman otras pinceladas de veracidad al nombrarse el atentado de Sarajevo, el hundimiento del Titánic o a ese pintor austriaco sin talento llamado Adolf Hitler.

Las referencias históricas que hacen los personajes suelen tener un carácter simbólico y triste, porque mis personajes son antihéroes. En el relato “Naranjas” el protagonista es un soldado que está en la trinchera y recuerda que su amada se suicidó el mismo día del atentado de Sarajevo y reflexiona: “Pobre Sophie, su muerte no tuvo tanta trascendencia”. La referencia a Hitler es el efecto mariposa, un coche que pasa y unos niños que humillan a un hombre y eso le hará perder el valor y desencadenará años después la tragedia más terrible del siglo XX.

La literatura se nutre de literatura, más allá de ese personaje en ‘Central Line’ al que le gustaban los relatos del ‘Strand Magazine’, si se nombran a grandes escritores como a Victor Hugo, Dostoievski o Dickens. ¿Otro guiño de la presencia inexcusable de la literatura hasta en tiempos tan oscuros?

Constantemente se mezcla la realidad y la ficción. Creo que mis personajes saben que ellos mismos son criaturas literarias y juegan con esa ambigüedad. Por eso, cuando los personajes hablan de la ficción, están hablando de algo que es igual de real que ellos. Para sobrevivir no importa ser mentira. En el fondo, la guerra resulta increíble para los soldados y terminan inventando argumentos para sí mismos. De todas formas, mis personajes no son intelectuales, más bien al contrario, muestran su devoción y todo su asombro, por ejemplo, con un abrelatas. Como explica el personaje: “Nadie hubiera imaginado que en la guerra ocurrirían estas cosas, que la mayor preocupación fuese un abrelatas, pero ahora me doy cuenta de que la guerra está plagada de cosas insignificantes y absurdas”.



jueves, 25 de febrero de 2016

“DE ESTE PAN Y DE ESTA GUERRA” DE JESÚS ZOMEÑO, POR FRANCISCO GÓMEZ

Publicado el 13 de febrero de 2016 en el blog Frutos del tiempo.


La trilogía de la Gran Guerra, según Jesús Zomeño. 100 años nos contemplan



“Me atrevo a decir que “De este pan y de esta guerra” es el libro más acabado de Jesús, el más unitario, y el que más a fondo y mejor introduce al lector, si se me permite el neologismo, en el universo zomeñesco. Es también su libro más personal. Un asombroso examen de conciencia de un autor que no deja de explorarse. Resumiendo les diría que estamos ante un libro de una intensidad tan directa e inmediata que se diría casi física”. Así habla Juan Lozano, prologuista de la última obra del escritor y poeta, Jesús Zomeño sobre el principio originario de una trilogía de obras ambientadas en la Primera Guerra Mundial, hace ya 100 años, cuando esta guerra es el escenario para presentar el retablo de la condición humana que nos plantea el escritor en las entregas “Cerillas Mojadas”, “Piedras Negras” y ahora “De este pan y de esta guerra”, editada por Contrabando de Valencia.
    El acto se celebró en la tarde del 11 de febrero en la librería amiga de Ali-i-Truc con presencia del editor, Manuel Turégano, y el presentador de la obra, el poeta Javier Cebrián y el propio autor, Jesús Zomeno (Alcaraz-1964) con nutrida presencia de público, entre ellas la edil de Cultura del Ayuntamiento de la “city” de Elche, Patricia Maciá. Hay que reconocer que Jesús Zomeño tiene tirón entre unos lectores que ha consolidado. Más aún, me atrevo a asegurar (no es la primera vez que lo hago) que será uno de los escritores que viven y escriben en Elche que quedará en la historia de la literatura no sólo local. Muchos caerán por los desagües del olvido, pero Jesús Zomeño no. Al tiempo.
El editor de Contrabando, Manuel Turégano, que dirige una nueva editorial valenciana desde 2013 declaró su “amor, cariño y vicio por la literatura. Siempre he sufrido el “mal de Montano”, el mal de la literatura”. Zomeño reúne el perfil del “contrabandista”. Me convertí en un devoto más de sus relatos. Por su concisión y exactitud con una prosa cruda y aire poético concentrado. Es un escritor con mayúsculas, venda más o venda menos”.
El presentador del libro, Javier Cebrián apuntó que Jesús Zomeño fue su primer editor. “Siempre lo he conocido como poeta y narrador. Jesús es peculiar y con sus relatos y poemas se ve”.
Cebrián, buen conocedor de la obra de Zomeño, subrayó que estamos ante el tercer libro de la trilogía de la guerra del universo de Jesús, “pero éste es el originario. El más acabado, personal, el más unitario. Lo importante de este libro no es la guerra. Es una auscultación de la condición humana. Puede convertir en parodia, en grotesco el sufrimiento, el miedo, la muerte cuando el hombre intenta sobrevivir. Jesús nos cuenta, nos introduce en la historia. Parece que él haya estado en las trincheras.
El poeta destacó que tiene un grupo de 10 ó 12 relatos “magistrales. Lo menos importante es la guerra. Detalla la condición humana; heroica por su cobardía y el menosprecio por la vida del otro. Además de conmover, nos perturba”.
Que hable por fin el protagonista, el autor de “De este pan y de esta guerra”. Zomeño desvela algunas claves: “es un libro a mitad de camino entre la prosa y la lírica. La guerra no es la protagonista pero es fuente de optimismo porque los personajes siguen adelante.  El ser humano siempre crea un mecanismo de defensa frente a lo que ve, lo que siente, lo que le sucede. He dado un paso dentro de ese heroísmo y la guerra se convierte en un mecanismo de defensa, también con su voz irónica.
El autor de “Lengua azul” leyó algunos pasajes de los relatos de su nuevo libro, con ilustraciones de Miracoloso como “El urinario” (Dublín, 1916), año crucial de la Gran Guerra, “El queso” o “La escalera”, una de las historias que más le costó escribir, como él mismo reconoció.
Leer a Jesús Zomeño es la aventura al conocimiento del interior del ser humano y sus mecanismos de defensa frente a la adversidad, el desaliento, la soledad, la incertidumbre y la muerte, condimentado con las dosis de optimismo de sus personajes que quieren salir adelante en este oficio de vivir.