La vida fuera del hospital psiquiátrico


Tras Beati gli inquieti (Neo Edizioni), Stefano Redaelli vuelve a cuestionarse sobre la locura y su relación con la sociedad. Si en la primera novela el autor nos llevaba dentro de una casa de cuidado a través de la mirada de un investigador haciéndose pasar por paciente, en Sombra nunca más, – Contrabando Ediciones, traducción de Noemi Neri – la perspectiva se invierte: el narrador es Angelantonio Poloni, ex residente de la Casa de las Mariposas, que intenta reapropiarse de una cotidianeidad marcada por el estigma. El libro se abre con un prólogo que deja clara desde el principio la apuesta de la escritura:
Tiene hambre la literatura, un hambre ancestral.
Desde que el primer hombre empezó a contar historias, sentado alrededor de una hoguera, de vuelta de la caza, vivo una vez más por milagro, nunca ha estado satisfecha.
Tal vez comenzamos a contar para ella, no para nosotros.
No lo hacemos para sobrevivir, para exorcizar la muerte, para salvar algo o a alguien del olvido.
Lo hacemos por hambre: la suya.
Ahora le doy mi historia para que se alimente.
Quizás, por un tiempo, me deje en paz.”


La sombra como catarsis

Este giro guía la novela: no la palabra como refugio o consuelo, sino como fuerza que devora, que exige ser alimentada por la experiencia, incluso la más dolorosa.
La sombra evocada en el título no es solo la del plátano bajo el cual Angelantonio volvía de niño y bajo el cual ahora intenta leer y escribir; es la sombra de la enfermedad mental, de la vergüenza y del prejuicio, que sin embargo se convierte también en un espacio de protección, de pensamiento y de resistencia. Es la sombra que cada uno de nosotros ha atravesado y atraviesa para llegar a la luz, a una nueva conciencia que nos da más herramientas para volver a emprender el camino.


En comparación con Beati gli inquieti, aquí el registro se hace más íntimo, diarístico, atravesado por imágenes poderosas: el padre que se inclina “hacia un lado”, la madre transformada en “bonsái”, los amigos que permanecen en la institución luchando con sus propios fantasmas. Cada figura es al mismo tiempo concreta y simbólica, signo de una escritura que busca devolver la dignidad y la complejidad de la locura sin reducirla nunca a una diagnosis.

El regreso a la sociedad

El gran tema que emerge es el del regreso: volver a casa, volver al bar, volver ante la reja de la comunidad terapéutica, volver a la escritura. Pero el regreso nunca es lineal: es un movimiento oscilante entre dentro y fuera, salud y enfermedad, luz y sombra. Y precisamente en esta oscilación la novela no cuenta solo una experiencia, sino que construye un dispositivo narrativo capaz de interrogar al lector, de ampliar la reflexión sobre la locura como condición humana, como mirada lateral que cuestiona las certezas del mundo llamado “normal”.

Sombra nunca más es un libro que dialoga idealmente con Franco Basaglia y con la tradición literaria que ha dado voz a los excluidos, pero lo hace con una lengua personal, clara, capaz de narrar la fuerza, la fragilidad y la complejidad de nuestra condición humana.