Reseña de Rubén Castillo de la novela "Descalza" de Javier Mije, publicada en su blog Librario Íntimo el 14/10/2026
Lo ha vuelto a hacer. Javier Mije ha dado un puñetazo en la mesa y ha escrito una novela absolutamente redonda, lírica, desgarrada, contundente y descomunal; una novela donde el escritor protagonista nos va dibujando la crónica de su vida con Verónica, a la que conoció en una aplicación de citas y que lo sometió a un auténtico torbellino sexual y vital. Él sabe, en el fondo, lo que es una pareja (“Dos cuerpos vinculados por su fragilidad. La fusión de dos heridas en una unidad familiar”, p.24); y sabe también que quiere a Verónica, que la ama, que disfruta con sus excesos de dominatrix y con sus cataratas de dulzura (“No me importaba ser cursi, sentimental o que mi comportamiento pareciera ridículo a quienes nos contemplaban, ni me preocupa que el lector encuentre estas confesiones irrisorias o extravagantes. El amor te devuelve a la infancia”, p.59).
Admira
y maravilla en esta narración el cuidadoso dibujo que el sevillano
elabora sobre cómo fue construyéndose su personaje protagonista: un
colegio escolapio en el que no fue feliz; su desasosegante inicio en
el mundo del sexo; sus búsquedas insatisfactorias en el mundo de
Tinder; sus distracciones recientes con internet; sus pasados
pensamientos suicidas; su éxtasis durante los días que compartió
con Verónica. El resultado es una figura poliédrica, convincente,
llena de meandros luminosos y recodos de sombra. Javier Mije ha
realizado una labor espléndida, tanto en el plano arquitectónico
como en el psicológico, que lo debe llenar de orgullo. No debió de
experimentar una sensación muy distinta Pigmalión mientras creaba a
Galatea. Es una historia (hay que decirlo con rotundidad) de
inteligente desarrollo y de exquisito rigor compositivo.
Asistimos
aquí al chequeo de un alma herida y confusa, que desconfía de
encontrar el bálsamo de la felicidad y que, cuando lo obtiene, lo
descubre provisional y quebradizo, por la misma condición nebulosa
de las relaciones interpersonales, que en el caso de Verónica
alcanzan un vértigo de pozo o de firmamento: siente que él no la
ama del modo que necesita, y eso le provoca crisis nerviosas, que se
manifiestan con reproches y encierros (“Verónica se opaca y la
casa se opaca con ella”). Así de turbulento y desaforado, de
espídico y agrio, de dulce y cortante, de tormentoso y celestial es
su vínculo, continua montaña rusa en la que resulta imposible
mantener un equilibrio que se prolongue en el tiempo.
La
primera palabra del libro es “poco”; la última, “infierno”.
El tobogán de bajada es más que evidente.
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