Rosa Montolío Catalán firma esta reseña del poemario Resina de Wences Ventura que ha sido publicada en la revista Barcarola 112-113 de septiembre de 2026.
Una sorpresa deseada ha sido Resina, el nuevo poemario de Wenceslao Ventura, no solo por la intensa fuerza poética que nos transmite, sino por esta exquisita edición de Contrabando: sencilla y a la vez tan profunda como la vida, mostrándonos el origen de todo en el dibujo de la portada, un símbolo desnudo sin nada que nos distraiga, enfocado al centro, a la esencia, al jugo de la tierra. Impactan los epígrafes al principio del libro por el poder de la naturaleza que refiere el título y por el cambio de la oscuridad a la luz que fluctúa inequívocamente en todo el poemario. Un libro donde el poeta, a través de sus emociones, te lleva hacia la reflexión, hacia la unión con la vida y la naturaleza, como dice Bilbeny “Conocer es adentrarnos y fusionarse con la naturaleza”, que es lo que hace Ventura. Su pensamiento y conocimiento nos guía hacia el mar, el bosque, los animales, el río, la luna, la lluvia o las estrellas, concentrados en los elementos naturales como agua, fuego, viento y tierra, en complicidad con lo más arraigado e incuestionable del ser; la soledad, el amor y la muerte, emociones en estado puro que el poeta deja escapar en sus momentos más tangibles resbalando al igual que la lava de un volcán. La forma del inicio de los versos tan shakespeariana es diferente a lo que estamos acostumbrados, para omitir después casi en su totalidad los signos de puntuación haciendo un círculo concéntrico de vida y pensamiento donde aparece la sensualidad oyendo la suave lluvia, viendo la luz irrumpiendo en el día, tocando los sueños, saboreando el vino y hablando con nosotros mismos por las percepciones que sus susurros generan. Es la palabra que navega por el interior de su alma y se abre en los atardeceres, oscuridad de la noche y claridad de los amaneceres, auténticos momentos que fluyen como la resina del corazón del tronco de un árbol o lo que es lo mismo del profundo corazón del poeta. Nos hace sentir su melancolía, su dolor, su amistad, tristeza, rebeldía, nihilismo, y esa fragilidad y ceguera que nos rodean, y por supuesto la belleza. El arte, la música, la escritura, es belleza. Los poemas de Wences llevan a la contemplación a través de las pinturas de Hopper, personas noctámbulas que deambulan en la oscuridad de la noche, en silencio, a veces junto a ventanas en habitaciones de hoteles, en soledad “Tejedora de mi alma” leemos en un poema. Destaco sus viajes, ese flechazo por las ciudades que visita, llenas de un hondo sentimiento de erotismo y pertenencia. Poemas de tiempo, amor y desposesión “Nada nos pertenece / Todo es provisional” dice el poeta. Vemos como la estructura del poemario se desdobla y en la última parte se amplifica en tres para dejarnos disfrutar de una apasionante prosa poética. A través de la ausencia del yo en la mayoría de los poemas y el tono melancólico, el amor prevalece, de forma especial en el poema Madre, donde el recuerdo sublime de la madre y de gran intensidad interior fluye transparente. En otros poemas aparece el amor en libertad que expresa hacia la mujer que ama, y por supuesto la música de jazz que ameniza el poemario. Los poemas son un brote de resina, de la profundidad de la madre Tierra, arraigo de nuestra memoria. Navegamos por el río en nuestra barquita y volamos con nuestras alas por el interior del alma en esta auténtica poesía. No nos olvidamos del poema dedicado a Francisco Brines, nuestro gran poeta, con la fragancia de los pinos, el mar, la luz, la casa, Elca. A lo largo del poemario observamos que la longitud de los poemas va in crescendo, y que no hay tema anejo que obvie Wences Ventura, homenajea a Canfranc y sus muertos, a la mística, al universo... a los grandes temas que nos conmueven. Todo emerge del poso del poeta. Haré énfasis en el tiempo, tema fundamental en el poemario, que transcurre despacio en esas horas de bosque sombrío cuando la luz se empieza a esfumar como la neblina, transitando a la noche, y en momentos especiales del amanecer. En estas horas del final del día nos muestra Ventura su nostalgia y pensamientos, despacio, sin prisa, invitando al lector o lectora al cierre de las emociones vividas durante el día acariciando la sabiduría y la belleza con sus pinceladas más cálidas, mostrándonos la pérdida de la luz hacia el negro infinito de la noche conectando con una sensibilidad especial hacia la melancolía descubriendo momentos de paz y espiritualidad del poeta. Compara el tiempo con una dolorosa mancha para darse cuenta de que aún está vivo. “El tiempo nos duele / Al extender su mancha / Quizá a deshora” vemos en un poema. Y el poeta vaga incesante de la oscuridad a la luz, y el amanecer le da esa luz, camina hacia dentro, hacia su alma, le evoca nostalgia y bellos recuerdos, siendo un momento de inspiración y movimiento, que invita a mayor felicidad, inspiración y agradecimiento.
Resina es el ser y sus meditaciones, el yo ante el mar y la vida. “Mi alma se disuelve y así libera / Es nave silenciosa mar adentro” dice el poeta, que nos invita a seguir, a continuar en nuestro camino hacia la muerte.
Wences Ventura nos deja una exquisita poesía, para leer con calma y saborear con auténtico placer.

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