sábado, 5 de septiembre de 2015

"TABLEAUX VIVANTS", PORTADA DE "LECTURALIA" EN JULIO

Tableaux Vivants, de Javier Navarro

Raquel Vallés el 24 de julio de 2015 en Terror
  • Tableaux Vivants. 10 cuadros vivientes de Javier Navarro es la primera antología de este autor valenciano.
  • 10 relatos góticos editados por Contrabando en su serie Narrativa.
Portada del libro Tableaux Vivants, de Javier Navarro.
Los tableaux vivants eran recreaciones en vivo de cuadros famosos, un entretenimiento que estuvo de moda a finales del XIX y principios del XX. En ellos los actores componían la escena a imitación de un cuadro y se mostraban al público durante unos segundos, permitiendo que la imagen quedase grabada en la mente del espectador.
Javier Navarro no nos plantea escenas suspendidas en el tiempo pero sí relatos que permanecen con nosotros, historias de diferente temática pero marcadas por una fantasía que lleva el horror en las costuras.
En poco más de 100 páginas y 10 relatos el autor nos sumerge en un mundo en el que la realidad comienza al apagar la luz, en el que conviven titanes y pequeñas criaturas de las sombras, plagas viajeras e historias de fantasmas.
Compañera, la historia con la que arranca la antología nos presenta la llegada de un barco a puerto y como uno de los marineros lleva con él una carga que desconoce. El autor consigue una atmósfera creíble, una descripción precisa, con apenas esbozos, que te llevan como una danza a seguir a esa compañera a lo largo de su periplo.
La habitación verde es un relato sobre la misteriosa naturaleza de una habitación y la obsesión del protagonista por ella, que parece seguirlo; quizás sea la historia de una caza. Es, junto a Un lugar adecuado, el relato mejor conseguido del libro. Son, además, los dos cuentos más extensos.
En Un lugar adecuado acompañamos a Alejandro en la que parece una cita, que se va volviendo más extraña cada vez. La fuerza de este relato es la maestría del autor que le permite hacer discurrir la historia de un elemento fantástico al siguiente sin que dejemos en ningún momento de sentirnos en un escenario conocido y reconocible.
De los cuentos más cortos podemos hablar del humor negro de El mejor despertar, de los terrores nocturnos de Intruso o de Tableaux vivants, el relato que cierra la antología y que le da título; una preciosa historia de recuerdos.
En Tableaux Vivants el terror se vuelve cotidiano, no porque cualquier taza pueda estar envenenada o podamos ser víctimas de la plaga, sino porque, al abandonar la habitación, otra realidad toma su lugar, permitiéndonos vislumbrar quizás unos segundos para que la imagen se quede grabada en nuestra mente.
De la edición de Contrabando hay que señalar la portada en la que destaca una poderosa, por lo evocadora, fotografía de Henry Peach Robinson, Fading Away.

(Valencia, 1973) Bibliotecaria y eterna estudiante, vive rodeada de gatos y libros, siempre en busca de un buen asesinato.

miércoles, 26 de agosto de 2015

¿QUIÉN ERES?

Prólogo de la novela "Panamá split" de Ernesto Endara  por Corinne Bally

  

La aventura empezó hace dos años cuando presenté a Manuel Turégano, de Ediciones Contrabando, esta novela de Ernesto Endara. Hoy, al nacer esta primera edición española, por solicitud de Manuel, busco con gran ilusión las palabras justas para decir quién es Ernesto Endara.
Me senté delante del ordenador para hacerle a “Neco” (necoendara@gmail.com) una pregunta cuya respuesta pudiera llenar de un plumazo el cometido.
Pregunté: ¿Qué ha sido Ernesto “Neco” Endara en Panamá? Y esta fue su contestación:
“Puedo estrujar mi vida y contarte lo que he sido en cuatrocientas palabras, total, es el tamaño de la columna que escribo semanalmente. Te diré: de muy hijo de Jilma Cecilia pasé a ser estudiante en La Salle; en las vacaciones, corredor de olas y asistente de “Batman”, un limpiabotas que abundaba por los bares de la Avenida Central en tiempos de la Segunda Guerra Mundial; ya en el Instituto Nacional fui del equipo de basketbol y clavadista; novio de Lilia y Aida; boxeador de una sola pelea sin decisión; chofer de “chiva” en la ruta Hospital-Chorrillo, relevando a Isidoro mientras él enamoraba a la empleada de mi vecina; buen bateador en “mensión”, mal bateador en béisbol. Me fui a Venezuela becado por la Escuela Náutica. Regresé maquinista y fanático del ron, del bolero y de las mujeres alegres. Me inscribí en una pandilla de poetas, pintores y músicos. Fui compadre de “Rompelimpón” y socio de “Tito Piedra”; en Panamá, embarqué en una nave canadiense (Fort Ross) que cargaba, hasta la bandera, dinamita gelatinosa para Trinidad, y en una venezolana, el remolcador “Río negro”, que arrastraba gabarras con equipo de perforación petrolera a “Rancho ahogado”, Chucunaque arriba, y del que salió un libro: Un lucero sobre el ancla; además, enrolé en otros siete barcos. Fui profesor en la Escuela Náutica de Panamá y bombero voluntario del Cuerpo de Bomberos. Empezando el nuevo milenio, estrené mi incierto periodismo en El Heraldo. Eso, querida amiga, es lo que he sido en Panamá.” 
Entonces le comenté: no has mencionado lo que a mí realmente me interesa, tu pasión por la literatura. ¿Cómo es que este boxeador, clavadista, limpiabotas, fanático del ron y del bolero, chofer, profesor, bombero y maquinista escribe libros? Parco, esquivo y risueño contestó: “Porque leo mucho”.

Ernesto Endara
Descubrí Panamá a través de la lectura de estos dos libros: Pantalones cortos y Pantalones largos, reunidos aquí en un solo volumen: Panamá split. Por ellos me enamoré de esta ciudad y luego descubrí al personaje Neco Endara. El autor más laureado de Panamá con el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en novela, ensayo, teatro y cuentos.
Para el lector europeo, conocer Panamá a través de las novelas o los cuentos de Ernesto Endara será subir a una prodigiosa máquina que lo desplazará en el tiempo para adentrarlo en una ciudad misteriosa, bulliciosa y colorida, permitiéndole escuchar los pálpitos de las calles; compartir el cafecito y la “cocada” de la vecina. Les puedo asegurar que oler, gozar y saborear este Panamá split les pondrá una “ñizpa” de panameñidad en el alma.  
Ernesto Endara es –aunque esto no lo quiso confesar– un fabuloso cuentista, un enamorado de la vida y de la literatura. Al conocerle mejor he llegado a pensar que algunas veces consigue borrar los límites entre vida y novela.
Panamá split es el primer libro de Ernesto Endara publicado en Europa. Al leerlo, el lector tendrá el placer de entrar por la puerta grande en el mundo literario de un autor muy querido por los panameños.


Corinne Bally

miércoles, 8 de julio de 2015

"MARERO", DE JOSÉ LUIS MUÑOZ

Por Jerónimo García Tomás


Marero podría considerarse un compendio o repaso del conjunto de la obra de su autor, ya que los 19 relatos que conforman el libro se mueven entre todos los géneros en los que José Luis Muñoz ha destacado a lo largo de una carrera de escritor que abarca ya tres décadas. Todos los géneros y todas las obsesiones de un narrador curtido, habituado a encontrar siempre el tono y la voz adecuada a cada historia y capaz de manejarse con idéntica eficacia en diferentes registros.

En el relato que abre el libro y le da título, un joven periodista logra llegar hasta el hiperviolento y psicopático líder de una mara con el fin de entrevistarlo. En el marero Aníbal Ribera, alias El Diablo, vemos representado el horror en su aspecto más frío e impersonal. El Diablo admite matar porque “No sé hacer otra cosa. Dios me quiso asesino y yo cumplo su designio”. La aceptación de la barbarie rige la psicología de un personaje que Muñoz dibuja magníficamente a través de un diálogo directo y preciso, tomando la acertada opción de narrar desde el punto de vista de Raúl Cifuentes, el periodista con el que el lector se identifica, testigo y descubridor de un horror que se revelará aún mayor de lo que esperaba. A través del ingenuo Cifuentes, José Luis Muñoz hace al lector bajar a los infiernos en los que tan bien sabe conjugar el deterioro ambiental con el humano, a “los ambientes marginales de Guatemala City, sus peores barrios, aquellos por los que nunca iría con su hermana o novia, si las tuviera, las zonas de los desahuciados de la vida que somatizaban las cicatrices de su alma en sus cuerpos escritos a punta de punzón”. Cifuentes atraviesa un camino tortuoso para llegar a un corazón de las tinieblas como el de Conrad. Y como Marlow frente a Kurtz, se hallará ante una expresión en carne y hueso del horror absoluto. Y ante el monstruo que lo obliga a no apartar la mirada (“Míreme. Usted puede mirarme. Tiene que mirarme para escribir un diario sobre mí.”), el periodista tan sólo podrá esperar que la voluntad caprichosa del marero no disponga para él un destino inminente.

El siguiente relato, Beso de amigo, es una historia de pasión fatal entre un actor de teatro y un decadente y maduro dramaturgo en la que se conjugan humor negro y crimen. En Calle cortada, el mismo narrador describe su situación como “kafkiana, muy propia de mi amigo Julio Cortázar”, frase que bien puede definir un relato en el que el protagonista queda encerrado en su casa debido a las obras que han cortado la calle en la que vive. Una historia sobre el individuo aislado y alienado en una sociedad que se ha olvidado de él y en la que ya no cuenta con asideros a los que agarrarse.   

Aún más absurda es la situación presentada en el divertidísimo Fumadores clandestinos, ambientado en una Barcelona (¿Futura? ¿Paralela?) en la que el fumar tabaco está tan perseguido y castigado como si de una actividad subversiva en una dictadura se tratara. Lo más hilarante del cuento, y su mayor acierto, son precisamente los paralelismos que el autor establece entre tabaco y política y tabaco y sexo, como en el pasaje en que el protagonista ha de adentrarse en el barrio Chino y subir al cuarto de una prostituta para que esta le dé de fumar. Cristal en la mandíbula es uno de los relatos del libro que más entra en el terreno del género negro y parece una relectura en clave moderna de la clásica situación del combate de boxeo amañado. Muñoz demuestra ser un narrador sumamente eficaz en el momento de describir la acción de la pelea: “Bailó con cierto garbo en el primer asalto, paró sus primeros golpes de tanteo, intentó una incursión por el flanco derecho que se saldó con un formidable puñetazo que Merengue conectó a su zona lumbar y en el segundo asalto se mantuvo a la defensiva,…”.

Revoloteos tiene la originalidad de estar contado desde el punto de vista de una mosca. El lector entiende lo que sucede a partir de datos que para el insecto tienen un significado muy distinto. Lo irónico y lo escatológico se dan la mano en una combinación tan insólita como sorprendente. En Oscuro despertar, escrito en segunda persona del singular, la voz narrativa parece ayudar al personaje a rellenar los agujeros de una noche etílica. Acaba de despertar junto a una hermosa mujer y en medio de la resaca y el sopor trata de dar con un hilo argumental que desemboque en su momento actual. Aromas mortales es un cuento humorístico muy breve que parodia el género del relato enigma usando como protagonistas a dos de sus más populares representantes, Holmes y Watson.

También hay una suerte de parodia del género en El caso del violador recalcitrante. Un detective de policía debe investigar una serie de crímenes atroces en los que el arma homicida no es otra que el enorme pene del homicida. El relato se sitúa, al igual que Fumadores clandestinos, en un incierto futuro tristemente parecido a nuestro presente. Ambientación futurista que el autor de Barcelona negra vuelve a utilizar para ofrecernos su visión fatalista de la sociedad y de las relaciones entre sus habitantes, en especial de las relaciones de pareja. En el futuro de Muñoz, “los límites de contaminación estaban rozando la rayita de alarma que nos aconsejaba utilizar las mascarillas y las bombonas portátiles de oxígeno”. Contaminación que ha llevado a una crisis en los índices de natalidad que “obligaba a los matrimonios a acudir al Banco Nacional de Semen en busca del esperma adecuado”. En este mismo mundo en que el sexo ha perdido su función primigenia, el uso del descomunal órgano masculino como herramienta de placer-destrucción tiene un poder de fascinación para las mujeres que roza el masoquismo de tendencias suicidas.

Del mismo modo, La última corrida juega con el binomio sexo-muerte sugerido por el doble sentido del título. Un torero sale a la plaza después de tener una intensa experiencia sexual con una fan que lo estará admirando desde las gradas. En los pasajes de la corrida de toros, Muñoz vuelve a demostrar sus dotes narrativas y descriptivas:
La bestia estaba cansada y una espesa baba colgaba de su morro, que exhalaba su agrio aire. La sangre de las heridas le corría patas abajo y todo su cuerpo era como una desordenada bandera libertaria brillando al sol de la arena. Los pares de banderillas ya no estaban enhiestos, sino que se habían tumbado por los costados entre capotazos y carreras. Miró al hombre que se acercaba con la capa roja y se aproximó a él forzando una corta carrerilla”.

Con Sed negra regresamos al escenario distópico de una Cataluña futurista, ahora mucho más trágico y avanzado en su proceso de decadencia. El retrato postapocalítico que Muñoz nos presenta aquí nos retrotrae a las películas de Mad Max para contarnos una historia pequeña que sirve para dibujar todo un cuadro de barbarie y desesperación. En Vuelo a Orly, sueño y realidad se confunden; o dos realidades paralelas se entrecruzan a la manera en que lo hacen en determinados cuentos de Cortázar. El partido de Haití es un relato de corte fantástico-humorístico en el que el Fútbol Club Barcelona viaja a Haití para jugar un partido amistoso contra el equipo local y descubre lo sorprendentemente peligroso que puede ser infravalorar a un rival. En Última cena en Sofia, otro relato negro y violento no exento de comicidad, un escritor viaja a la ciudad búlgara para visitar a una fan que ha conocido a través de facebook. El viaje tendrá imprevisibles consecuencias.

Fase terminal, otro de los más negros, narra una terrible venganza. El protagonista, Tony Durán, es un expolicía que ha montado un bar tras abandonar el cuerpo. La voz en primera persona cobra un sentido específico conforme avanza la narración y es usada con maestría por Muñoz para meternos en la piel de un personaje por el que hemos de sufrir y de sentir repugnancia al mismo tiempo. Descubrimos quién y cómo es realmente Durán a través de los diálogos de otros personajes, ya que el propio narrador está demasiado pagado de sí mismo como para presentar al lector su cruda verdad, lo que supone un acierto técnico.

José Luis Muñoz
La esclava y Robinsón son dos relatos eróticos que fueron publicados en los años noventa en Penthouse. Ambos giran en torno a relaciones de sometimiento y abuso de poder. El primero toca el tema de la esclavitud en la Norteamérica del XIX y el segundo es una suerte de revisión de la figura de Robinson Crusoe. El último inquilino, el más extenso y uno de los mejCalle cortada para narrar una historia que remite al relato fantástico decimonónico. En ella, un escritor hispano-ruso se traslada a un viejo edificio de Barcelona para descubrir que el piso en el que ahora habita esconde una truculenta historia relacionada con su anterior inquilino. Muñoz maneja con precisión el aumento del suspense, controlando en todo momento el ritmo de un relato que resulta tan inquietante como absorbente.
ores del libro, regresa en cierto modo al universo kafkiano y opresivo de


En su totalidad, Marero presenta un conjunto variado y rico que sin embargo no carece de coherencia, ya que ninguno de los relatos desentona ni resulta prescindible. Con su mezcolanza de géneros y estilos, el libro supone, para aquellos ya introducidos en la obra del autor, una ocasión de volver a disfrutar de todas sus vertientes. Y para aquellos que aún no la conozcan, una buena manera de acercarse a ella.

domingo, 28 de junio de 2015

NUEVE TESIS SOBRE KAFKA

Bosquejo de la intervención de Manuel Turégano en el debate "En torno a Kafka", celebrado en la Biblioteca Pública de Valencia, el pasado 17 de junio


1. Borges decía que “cuando se estudie la historia de nuestro tiempo, los libros de Kafka serán los verdaderos documentos”. Y añadía: “Y cuando todo esto pase, la obra de Kafka aún perdurará”. 

2. Lo primero que es necesario dejar claro en relación con las obras de Kafka, con libros como El proceso, La metamorfosis o El castillo, es que se trata de textos que, como la Ilíada de Homero, Esquilo de Sófocles, Hamlet de Shakespeare o el Quijote de Cervantes, constituyen “vigas maestras” de la historia de la literatura occidental o, simplemente, de la literatura.

3. Kafka es un escritor total. Todo tiene la misma intensidad narrativa, el mismo interés, el mismo valor literario o extraliterario; ya sea sus Diarios, su correspondencia, sus cuentos, sus novelas cortas, sus tres novelas largas e inacabadas (América o El desaparecido, El proceso y El castillo) o sus aforismos finales. El mismo Kafka está en todos ellos.
En sus períodos creativos, Kafka era capaz de empezar cada noche una novela o un relato nuevo.

4. Fusión de vida y escritura. Para Kafka vivir era escribir. No escribir era una forma de estar muerto. Su morada ideal es un sótano o una cueva, donde vive encerrado escribiendo. Todo lo que es un obstáculo para la escritura, tarde o temprano debe ser sacrificado: familia, amigos, esposa, trabajo... Si hay que llegar a un compromiso con alguno de ellos, tiene que ser salvaguardando la primacía de la escritura. Toda su vida fue una interminable lucha entre su voluntad de escribir y los obstáculos (internos y externos) que tenía que vencer para hacerlo.
Escribir es para Kafka la única manera de vivir una vida que, fuera de la escritura, está totalmente secuestrada. Las exigencias paternas y familiares, los requisitos y las convenciones sociales, las demandas laborales… todo conforma un edificio de normas, reglas y exigencias que secuestran la vida, la administran hasta en sus más nimios detalles, succionan de ella todo lo vital para ponerlo a su servicio. Y aun no se conforman con ello. Extienden además una sensación de culpabilidad general para alimentar una espiral de remordimientos: quien no satisfaga todas esas exigencias, quien no cumpla todas esas expectativas ("y realmente nadie puede"), es culpable, y merece condena y castigo. Lo que existe en el mundo no es la presunción de inocencia, sino la presunción de culpabilidad: uno es culpable si no demuestra lo contrario, ¿y cómo hacerlo? Joseph K., el protagonista de El proceso, muere culpable de un delito que desconoce.

5. El concepto o la idea de escritura en Kafka se forma muy pronto, Antes de cumplir 20 años le escribe a su amigo Max Brod una carta con una pregunta tan sencilla y candorosa como esencial: “¿Será cierto que uno puede atar a una muchacha con la escritura?”. Pocas veces se habrá formulado con tanta ingenuidad, con tanta precisión y con tanta hondura la esencia misma de la literatura. Y la tarea misma que Kafka le iba a fijar a la escritura, en general, y a su escritura en particular. Quien escribe debe hacerlo "con total apertura de cuerpo y alma", intentando subyugar, ganarse, apropiarse del otro. La verdadera escritura nace impulsada por esa voluntad de dominio. No se escribe para entretener, aunque la literatura sea de las cosas más entretenidas que hay. No se escribe “para contar historias”, aunque la literatura está llena de historias maravillosas. Se escribe para “atar” al lector, para adueñarse de él, para seducirlo, para subyugarlo, para entrar en el espíritu de otro y quedarse en él, para conmoverlo, para conmocionarlo, para conquistarlo. Kafka se negó a mentir al lector.

6. ¿Y qué libros hay que escribir? También sobre esto Kafka tenía una respuesta temprana. En otra carta, a los veinte años, escribe a su amigo Oscar Pollack: "Creo que sólo deberían leerse libros que a uno le muerdan y le puncen. Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, entonces ¿para qué leemos? ¿Para que nos haga felices como tú dices? Dios mío, también seríamos felices precisamente si no tuviéramos libros, y los libros que nos hacen felices, en caso necesario, podríamos escribirlos nosotros mismos. Lo que necesitamos son libros que hagan en nosotros el efecto de una desgracia, que nos duelan profundamente como la muerte de una persona a quien hubiésemos amado más que a nosotros mismos, como si fuésemos arrojados a los bosques, lejos de los hombres, como un suicidio, un libro tiene que ser el hacha para el mar helado que llevamos dentro”.

7. ¿Es Kafka un escritor inaccesible, hermético, difícil? No, en la mayoría de sus textos. Y lo es aún menos si partimos del hecho de que en sus textos no tienen tanta importancia las implicaciones filosóficas o incluso teológicas, que muchos intérpretes le han adherido, como la cuestión crucial, y que a todos nos afecta, de la relación entre el individuo y la totalidad en el mundo contemporáneo. Sea esa totalidad El Padre o La Familia (símbolo de la sociedad patriarcal), La oficina, el Estado (el castillo) o Dios, cualquier Dios. Si tomamos esa perspectiva, ese eje,  la literatura de Kafka se hace notablemente tranparente.
(No creo, discrepo, de todas las interpretaciones de Kafka que lo "reducen" a cuestiones filosóficas o teológicas y lo intentan sacar del campo literario). Tal vez sea cierto que Kafka pudo fundar una nueva religión, pero no lo hizo. Hubiera sido además una religión inédita, la primera donde Dios es malo.

8. La obra de Kafka está escrita en un lenguaje bastante transparente. Un lenguaje casi de informe burocrático, como los que redactaba en su oficina. El lenguaje de Kafka es llano, aunque cargado de simbolismo. Está lleno de humor e ironía, camina con todo riesgo entre lo trágico y lo cómico, incluso lo grotesco.


9.  Y terminamos con Borges: "Kafka ha sido uno de los grandes autores de toda la literatura. Para mí es el primero de este siglo. Yo estuve en los actos del centenario de Joyce y cuando alguien lo comparó con Kafka dije que eso era una blasfemia. Es que Joyce es importante dentro de la lengua inglesa y de sus infinitas posibilidades, pero es intraducible. En cambio Kafka escribía en un alemán muy sencillo y delicado. A él le importaba la obra no la fama, eso es indudable. De todos modos, Kafka, ese soñador que no quiso que sus sueños fueran conocidos, ahora es parte de ese sueño universal que es la memoria. Nosotros sabemos cuáles son sus fechas, cuál es su vida, que es de origen judío y demás, todo eso va a ser olvidado, pero sus cuentos seguirán contándose". 

Manuel Turégano

sábado, 30 de mayo de 2015

EL ASOMBRO DE LO REAL. TABLEAUX VIVANTS DE JAVIER NAVARRO


Fading Away, de Henry Peach Robinson
Fading Away, de Henry Peach Robinson
Vemos el mundo a través de una cuadrícula —cifras, palabras, fechas—, pero bajo esa cuadrícula, la realidad es asombro, asombro por estar aquí, ahora, por cada hoja y cada piedra. Todo ha estado aquí antes de nosotros y, no obstante, nuestros sentidos sólo pueden percibirlo en presente continuo. Para evocar cuanto hay bajo la piel de las cosas, precisamos del esfuerzo imaginativo que nos permita reconstruir un antes e intuir un después.
De ahí, las cuadrículas. Necesitamos entender cuanto nos rodea y recurrimos para ello a los sistemas racionales, a datos, hipótesis y deducciones. Javier Navarro, autor de Tableaux Vivants (Contrabando, 2015), sabe bien cómo hacerlo. Conoce las metodologías de la historia y, antes de este libro, ya ha excavado en la superficie de la realidad para encontrar el pasado, ayudado por archivos, hemerotecas. Las herramientas del historiador son la disciplina del número y el rigor de los datos; pero su tarea no es tan disímil a la del cuentista, pues a la postre se trata de recuperar con la palabra esa ausencia palpable a nuestros sentidos: la ausencia del tiempo ido. La cuadrícula es útil porque nos permite entender y dar sentido al mundo que nos rodea; pero hay algo que sigue faltando: el asombro de lo real. Antaño los hombres inventaron héroes y dioses para colmarla; cuando los dioses se agostaron a la luz de la razón, la literatura acabó por llenarse de monstruos y fantasmas.
Muy oportunamente, Tableux vivants comienza con una cita de Adolfo Bioy Casares: «Al borde de las cosas que no comprendemos del todo, inventamos relatos fantásticos para aventurar hipótesis o para compartir con otros el vértigo de nuestra perplejidad». La fantasía es otra forma de explorar la realidad, no desde el dato, sino desde el asombro o el terror sagrado. ¿Qué sucede a nuestro alrededor mientras dormimos? ¿De quién son esas sombras que se dibujan en el papel pintado cuando ya nos hemos marchado? ¿Qué susurran las voces de la habitación verde cuando nadie está allí para escucharlas? En «Bullicio», él se marcha del piso y los gusanos trepan por el tallo de la aspidistra, del tapiz se descuelgan extrañas siluetas. En «El intruso», un cuerpo asoma bajo la cama y, cada noche, ella lo va viendo crecer mientras su pareja sigue roncando. ¿Qué sucederá después? Las respuestas que nos aporta la literatura son volátiles, se esfuman como fantasmas; sin embargo, plantearlas nos devuelve a la infinita incertidumbre del morador de las cavernas. Bajo el papel cuadriculado, la condición humana es el desconcierto. La literatura fantástica nos coloca frente a dicho desconcierto; Tableux vivants es un excelente ejemplo.
Quizá por la condición de historiador de Javier Navarro, una de las constantes de los diez cuentos del libro es la omnipresencia de la memoria, pero también el territorio liminar entre lo vivo y lo inerte, entre el hombre y sus objetos: las paredes hablan, los lugares supuran memoria y los muertos siempre retornan. Un tableau vivant es un conjunto humano vuelto inmóvil, simulando una escena pictórica, o, en otras palabras, un grupo de personas que simulan haberse vuelto inanimadas; de manera inversa, también pueden contar secretos los retratos o los cadáveres animarse para representar, una y otra vez, la misma escena, el mismo cuadro. La muerte misma detesta el cementerio y ama el bullicio, el hormiguero urbano, el hervidero de las pasiones.
La fantasía es una mano que se adentra en una grieta sin saber qué encontrará dentro —fango, dientes, escorpiones, intestinos, sólo polvo—. Todavía no hemos tocado nada y ya sentimos un hormigueo en nuestros dedos. En el anticipo de ese tacto, se mueve lo fantástico. Pero la sensación no basta, es necesario articularla con palabras: para poder compartir un sueño, es preciso darle primero forma de consciencia. Una de las grandes virtudes de Tableaux vivants es precisamente que sabe que la herramienta principal de lo fantástico es el lenguaje. Dicho de otro modo, no sólo se trata de contar cuentos de aparecidos —aunque también— sino de buscar en el relato esas brechas oscuras y explorarlas con el lenguaje. En «El mejor despertar», la extrañeza no proviene del muerto vivo ni sus asesinos, sino de la sintaxis que, como una bruma, se interpone entre el observador y el drama ante sus ojos. En «Un lugar adecuado», los espacios de la memoria resultan siniestros no sólo por estar poblados de fantasmas, sino porque la estructura del relato los desarticula hasta volverlos laberinto. La labor del cuentista fantástico es hallar la incertidumbre en el logos, la perplejidad ante un lenguaje que no sólo carece de respuestas, sino que además plantea nuevos enigmas.
«La habitación verde» nos devuelve, precisamente, a ese lugar en el que el lenguaje va enhebrando la experiencia de nuestro desconcierto. «La habitación verde» es un espacio tangible pero efímero, siempre huidizo. Cuenta Javier Navarro que, en su interior, «Las voces surgen de las pequeñas grietas que dejan ver los trozos despegados del papel pintado. Al principio no las distingues; crees oír algo, tal vez una conversación al otro lado». Es posible que susurren palabras proféticas o que desvelen los secretos que aguardan bajo la cáscara de las cosas; sin embargo, quienes buscan la habitación verde acabarán exiliándose de este mundo. Todos los escritores tienen su habitación verde, ese lugar en el que los murmullos van dictando la fantasía de los relatos, ese lugar en el que el lenguaje va trabando otros mundos y, al mismo tiempo, nos atrapa dentro de ellos. Aventurarse en busca de la habitación verde es recuperar el asombro ante esa realidad que, infinitamente, se despliega ante nuestros ojos, arrancar la cuadrícula de nuestra mirada y descubrir que seguimos perplejos ante lo inaudito de nuestra consciencia. Pero ¿dónde hallarla? Las páginas de Tableaux vivants son un buen lugar para empezar a buscarla. Luis Pérez Ochando.
JAVIER NAVARRO. Tableaux vivants, Valencia, Contrabando, 2015.

domingo, 10 de mayo de 2015

PRESENTACIÓN DE "NO, UN MOMENTO. AJÁ. SIN DUDA ME ODIO TODAVÍA A MÍ MISMO"

En LA CENTRAL de CALLAO (Calle Postigo de San Martín. 8. Madrid)


Jueves 14 de mayo 19:30 h 


"No, un momento. Ajá. Sin duda me odio todavía a mí mismo"


De Robert Fitterman (Poeta y profesor de la New York University)

Traducción de Rodrigo Rey Rosa

Intervienen:

  • Rodrigo Rey Rosa, escritor y traductor
  • Robert Fitterman autor
  • María Salgado, poetisa
  • Manuel Turégano, editor de Contrabando

De los numerosos libros que ha producido Robert Fitterman este es quizás el más radical y subversivo y, al mismo tiempo, el menos hermético. Heredera y renovadora -pero también profundamente crítica- del movimiento L=A=N=G=U=A=G=E, la poesía de Fitterman parece sustentarse en la relación entre la lengua vernácula y las tendencias poéticas de vanguardia. Sería redundante destacar el aspecto experimental de su trabajo: cada libro suyo es un experimento. En el poema extenso que ahora nos ocupa la tensión entre el concepto que lo genera y el sujeto que sirve para animarlo ha sido llevada al extremo; una sabia dosificación de humor y pathos alivia en ciertos momentos esta tensión. El tema es decididamente no posmoderno e incluso humanista: la soledad del individuo en medio de la muchedumbre urbana de este principio de siglo. El método: utilizar exclusivamente citas provenientes del ciberespacio -fragmentos de blogs, tweets, sms- y arreglarlos en la página según una métrica determinada; en este caso, la calcada del poema de James Schuyler, The Morning of the Poem. El sujeto es un "yo" virtual que podría hacer pensar en la antítesis de Walt Whitman. ("No, un momento. Ajá. Sin duda me odio todavía mí mismo" no es en absoluto un poema autobiográfico.) El resultado es un viaje alucinatorio por una montaña rusa en forma de espiral durante el que -entre risas a veces un poco nerviosas- nos vamos acercando al último círculo de uno de los grandiosos y espectaculares infiernos que han creado las pululantes generaciones de los hombres. (Rodrigo Rey Rosa)


Robert Fitterman

(St. Louis, Missouri, 1959) es el autor de 14 libros de poesía incluyendo No Wait, Yep. Definitely Still Hate Myself (Ugly Duckling Press, 2014), Rob´s Word Shop(Ugly Duckling Press, 2015), Holocaust Museum(Counterpath, 2013, y Veer [Londres] 2012), Now we are friends (Truck Books, 2010), Rob the Plagiarist(Roof Books, 2009), War, the musical (Subpress, 2006), y Notes On Conceptualisms, en colaboración con Vanessa Place (Ugly Duckling Presse, 2009). Su poema largo Metropolis ha sido publicado en cuatro volúmenes. 
Enseña poesía y escritura en la Universidad de Nueva York y en el Bard College, Milton Avery School of Graduate Studies.








Rodrigo Rey Rosa

Nació en la Ciudad de Guatemala en 1958.  Ha vivido en Nueva York y Tanger, ciudad donde conoció a Paul Bowles, quien tradujo sus tres primeras obras al inglés. Entre sus novelas y libros de relatos se encuentran El cuchillo del mendigo (1986); El agua quieta (1990); Cárcel de árboles (1991); Lo que soñó Sebastián (1994); Que me maten si... (1996);Ningún lugar sagrado (1998); La orilla africana(1999); Piedras encantadas (2001); El tren a Travancore (2002); Otro zoo (2005); Caballeriza(2006); El material humano (2009); Severina (2011) y Los sordos (2012). Rey Rosa también ha traducido al español obras de autores como Paul Bowles, Norman Lewis, Paul Léautaud y François Augiéras. La crítica lo considera como una de las voces más destacadas del panorama actual de la literatura en lengua española.
La Cola del Dragón es su  primer libro de no ficción.

viernes, 8 de mayo de 2015

CONVERSACIÓN CON RODRIGO REY ROSA EN CASA DE AMÉRICA




 13 de mayo de 2015, 
Ciclo Describo que escribo 

Conversación entre Rodrigo Rey Rosa y Javier Rodríguez Marcos en Casa de América 
Conversación entre el escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa y el periodista Javier Rodríguez Marcos con motivo de la publicación de La cola del dragón: No ficciones (Ediciones Contrabando) y 1986: Cuentos completos. Contenido bajo licencia Creative Commons "Atribución- no Comercial-SinDerivadas 2.0 Genérica"




viernes, 24 de abril de 2015

ENTREVISTA: JOAQUÍN MARÍA AZAGRA

Del blog MALETA DE LIBROS de GINÉS J. VERA     lunes, 20 de abril de 2015


Entrevisto esta semana a Joaquín María Azagra al hilo de la publicación del libro de relatos ‘Arrepentimientos, incisiones, pigmentos e incógnitas’ (Contrabando, 2015). Azagra es valenciano, doctor en Economía, ejerce como científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Publica regularmente en revistas académicas sobre Estudios de Innovación. Desarrolla paralelamente producción literaria y audiovisual. Sus trabajos audiovisuales (Paseantes, Segunda mano, Ven esta noche, Un talento innato) han sido seleccionados en distintos festivales. Y en lo literario con anterioridad a este ‘Arrepentimientos, incisiones, pigmentos e incógnitas’ ha escrito numerosos relatos, tres de ellos premiados y varios más finalistas de certámenes literarios; ha participado así mismo en varias antologías colectivas de relatos.


¿Cómo surgieron estos cinco relatos? ¿Fueron escogidos bajo una misma temática o por el contrario aparecieron de uno en uno siguiendo un hilo conductor?


Al proponerme el editor la posibilidad de publicar una compilación, seleccioné estos cinco por su coherencia. Los inspiran fuentes parecidas (la narrativa gótica, el relato fantástico surrealista, la técnica del narrador no fiable, la corriente del existencialismo…) y contienen temáticas semejantes (la identidad, lo insustancial de la vida, los problemas de comunicación…).

El título que da nombre a esta antología de relatos lo encontramos, en parte, en el primer relato, ‘El último óleo sobre lienzo de M’; en el que además, el narrador se dirige al lector, dándole la oportunidad en un momento dado de seguir leyendo o dejar de leerlo; qué atrevido, ¿no? ¿A lo Rayuela de Cortázar

Es un recurso que he visto en varios libros (recuerdo Middlesex, de Jeffrey Eugenides, por ejemplo), pero dada la generación a la que pertenezco, podría ser influencia de algo mucho más popular como la serie Luz de luna, vete tú a saber. El primer relato de la compilación es el único en el que intento acercarme al formato del superventas, a base de suspense, retrato de los entresijos del poder y cierta recreación histórica con personajes acaso reales de por medio; pero utilizo el recurso de dirigirme al lector, inusual en ese formato, porque es una manera de darle frescura.

¿Las pasiones pueden convertirse en obsesiones? Lo comento por ese primer relato ‘El último óleo sobre lienzo de M’. 

El límite es poroso. En boca del narrador de ese relato, parece que en algún momento haya llegado a distinguirlo, aunque  él mismo dude. Además, su problema es cómo posicionarse ante ese límite, visto desde fuera: ¿debe admirar a su amigo por ser un apasionado, o despreciarlo por obseso? Si, dando alas a la pasión de su amigo, él mismo puede beneficiarse, ¿está legitimado para hacerlo?

En el relato “y= /a-x/“ leo: ‘Y es que no nos imaginamos los objetos de una manera distinta a la habitual’. Hay elementos muy curiosos que aparecen en ellos, desde una goma de borrar, a un colinabo, pasando por un diario o una alfombrilla de ducha. 

Esa observación, que es acertada, me sorprende. Ya lo hizo el prólogo de Vicente Muñoz Puelles, que se fijaba en la presencia extraña de un objeto por relato. Y así lo explicita la frase que has entresacado. No era consciente de ese rasgo en común entre los cuentos. Y, sin embargo, cuadra bastante con los toques de absurdismo y surrealismo que pululan por la compilación. Me encanta que los lectores descubran cosas así.

Ya que lo mencionas, me gustaría que me hablaras del prólogo a cargo del escritor Vicente Muñoz Puelles.

En su día leí El último deseo del jíbaro y otras fantasmagorías, del autor, y me sentí muy identificado con su continuación de la narrativa gótica, y muy contento de que eso ocurriera en Valencia. Lo comenté con un conocido, que resultó ser amigo de Vicente Muñoz Puelles y me puso en contacto con él. De eso hace diez años, y por entonces me limité a pedirle consejo para publicar. Tiempo después, con la compilación en las manos, volví a llamarlo para solicitarle que me la prologara y él, amablemente, accedió. El prólogo es endiabladamente inteligente, puesto que descubre algunas claves ocultas de los relatos, sin haber contado con la menor orientación.

Suelo dejar a los autores eso de buscar el nexo común a los relatos, me aventuro a decir que para mí en ellos fluyen obsesiones, el sentido del bien y del mal, la sublimación de deseos, cierto dolor artístico, la lucidez… ¿Estás de acuerdo? ‘La lucidez viene a ráfagas’, dice el protagonista de “y= /a-x/“.

Todos esos temas están, y raramente discuto su interpretación. Trabajo la estructura y tengo clara la articulación del discurso, pero lo que le queda a los lectores, que varía de unos a otros, es lo que cuenta. Que uno de los narradores diga ‘La lucidez viene a ráfagas’ tiene algo de guiño, puesto que prácticamente revela al lector que debería creerse a pies juntillas lo que le están contando.

No quiero dejar escapar el hecho de que los cinco relatos están contados en voz protagonista, el lector se acerca a estas historias con ligereza, hasta que la realidad se transforma.

 Sí, porque esa voz permite que fluyan con naturalidad los temas que mencionabas, como el de las obsesiones. Se puede relacionar con obras como El corazón delator y Berenice, de Poe; Lolita, de Nabokov; El asesino dentro de mí, de Thompson; o, si me apuras, El regreso del señor de la noche, de Frank Miller.

En tres de los cinco relatos aparece destacado el arte pictórico y la narración en forma de diario en dos de ellos, ¿hay una intención consciente más allá de lo narrativo y estético? Como guiño en “Gracias a mí” leemos: ‘Todo es legítimo en el arte’.

Los tres relatos sobre pintores están más centrados en la relación entre el artista y el artesano; los dos relatos sobre diarios, en la metaliteratura. En todos ellos hay ganas de ser original, enganchar y procurar evasión, a cambio de pedir al lector que busque segundas lecturas. A veces hay toques perversos, como cuando el narrador de “Gracias a mí” justifica ser un maltratador equiparando el arte con las relaciones de pareja.

En ese mismo relato, en “Gracias a mí”, he destacado esta frase: Los gustos son solo una deformación de los sentidos.

Al narrador de ese relato deberían darle una lección sobre educación sentimental.
Otra frase que me ha gustado es la de que ‘no somos dueños de nuestro destino, si acaso realquilados’, en ‘Y= x2’.

Claro, es el relato de una persona que se encuentra con que sus diarios están siendo reescritos a ojos vista por una presencia desconocida. Me hace gracia el concepto de ‘realquiler’, como si lo mismo que un día habitas tu cuerpo, al siguiente lo pudiera habitar otro: basta con pagar el precio a quien le haya puesto ahí.

A lo inicio de novela de Tolstoi, formulo una pregunta que he leído en el relato ‘Y=x2’, ¿dos individuos frustrados son perfectamente intercambiables?

Cada vez me cae peor ese narrador. Menudo prepotente. No me cambiaría por él, por nada del mundo.

Aunque para frase que invita a reflexionar, en ese mismo relato, la de la trampa de la vida que ‘te deja vivir unos años y luego de jode por todos lados’ (con perdón).

Es muy malhablado, ese narrador. Sí, debe de ser una de las referencias al existencialismo más explícitas de la compilación.

Muchas gracias y mucha suerte, Ximo.


Por Ginés J. Vera.