viernes, 1 de agosto de 2014

GEOGRAFÍAS DE REY ROSA







 Manuel Turégano

Llegué a Rey Rosa –como tantos otros– a través de esas dos pequeñas rendijas que Bolaño dejó abiertas en aquel libro póstumo y canónico de “no ficciones” que Ignacio Echevarría tejió bajo el enigmático título de Entre paréntesis. Allí estaban esas dos minúsculas reseñas que lo dicen casi todo sobre Rey Rosa. Al menos, todo lo que la mayoría ignorábamos en España, por nuestra tradicional desidia olímpica. Leí decenas de veces esas dos reseñas (“El estilete de Rodrigo Rey Rosa” y “Rodrigo Rey Rosa en Mali, creo”), interrogándome siempre sobre si creer o no lo que allí decía Bolaño, o si tomármelo simplemente como una muestra de entusiasmo subjetivo, típica del reseñista que se deja llevar por un afán no siempre confesable. Pero conforme Bolaño me convencía más y más de su propia grandeza, aumentaba también mi disposición a creerle y a confiar en sus intensas filias y fobias literarias, en el nuevo y revolucionario “canon” de la literatura hispanoamericana que él dibujaba con sus clásicos tonos vivos e impetuosos, con su apasionamiento incontenible. ¿Cómo obviar entonces a un autor del que Bolaño aseguraba que era “un maestro consumado del cuento”? ¿A un escritor al que describía como “el más riguroso y transparente, el que mejor teje sus historias y el más luminoso” de toda su generación? Comenzó entonces para mí un peregrinaje (sobre todo a Madrid y Barcelona) para tratar de hacerme con los textos de un autor que hace diez años, sin ir más lejos, sólo podía encontrarse en algunas de las más selectas y bien nutridas librerías de nuestro país, en pequeños tomitos escuálidos y solitarios, que uno descubría como si fueran fragmentos de tesoros perdidos o fósiles abandonados por el tiempo. Con no poco esfuerzo y dedicación me hice así con media docena de “reyrosas”, a los que interrogué imperiosamente con la demanda de que cumplieran aquello que Bolaño había prometido: “Leerlo –decía el chileno– es aprender a escribir y también es una invitación al puro placer de dejarse arrastrar por historias siniestras o fantásticas”.
Comenzó así para mí una singladura literaria que me ha llevado a ir descubriendo paso a paso, y con creciente deleite, las múltiples geografías de un autor que ha recorrido –y recogido el temblor de– al menos cuatro continentes; y no precisamente como turista. Nacido en Guatemala en 1958, Rey Rosa tras terminar sus estudios viajó con su familia por Europa y luego marchó a Nueva York, ciudad en la que ha vivido en distintas épocas. Desde allí se trasladó a Tánger (Marruecos), donde asistió al taller de Paul Bowles –al que acabó traduciendo algunos de sus cuentos al español, mientras el maestro traducía los suyos al inglés–. Ha viajado por la India y también a Mali, a veces en compañía de su amigo Miquel Barceló. A partir de 1996, cuando se firmaron los tratados de paz en Guatemala (tras un genocidio y una guerra civil de casi cuarenta años) Rey Rosa regresó de forma más estable a Guatemala, donde se ha convertido en un relevante e incómodo testigo del pasado y del presente de un país que todavía figura entre los cinco con más muertes violentas del mundo, y desde donde sigue viajando por todo el mundo (en España, por suerte, ahora lo vemos con cierta frecuencia, y sus libros ya no viven una incómoda clandestinidad), siempre con esa mirada de frío acero, y de lejana y cálida ternura, que alimentan su única arma (ofensiva y defensiva): la escritura. Una escritura que aúna esa peculiar mezcla de concisión y elegancia que hacen de ella una prosa única, una delicia para el lector; de ese lector, eso sí, que no necesita que le pongan todas las vísceras encima de la mesa para saber que el crimen ha sido atroz. Nadie como Rey Rosa busca tan sabiamente la complicidad de un lector inteligente.
Lo que Rey Rosa nos propone con este libro es una visión diferente de las mismas geografías que han alimentado siempre sus libros de ficción. La visión distinta que provoca, lógicamente, moverse en el terreno de la “no ficción”. Los dieciséis textos que integran este libro son artículos de prensa, reportajes, pequeños ensayos, crónicas y, en general, un material propio de periódicos y revistas, donde todos ellos ya han sido publicados. Ahora, reunidos, pierden su natural dispersión y ganan esa dimensión nueva que el libro otorga por su propia naturaleza. No están aquí todas sus geografías, pero sí las suficientes como para hacernos una precisa idea del devenir de Rey Rosa, de sus intereses vitales, de la dirección que toma su mirada. Y de su fidelidad a una manera de escribir que, en lo esencial, difiere muy poco de su “prosa literaria”: el rigor, la precisión, la economía de medios, la elegancia y un frío y luminoso fulgor (¿tal vez el extraño brillo de la verdad?) refulgen en estos textos con la misma intensidad que lo hacen en sus obras de ficción. La prosa “metódica y sabia” de la que hablaba Bolaño se reafirma aún más en estos textos de “no ficción”, donde Rey Rosa tampoco desdeña “el uso del látigo –o mejor dicho, el chásquido lejano de un látigo que jamás vemos”. Eso sí, argumentando con el puro peso de los hechos y la lógica, revelando sin necesidad de sobreexponer, evitando en todo momento los excesos del énfasis o la retórica. Metódica y sabia. Metódica y sabia. Así es su prosa de no ficción.
A través de estos textos el lector recorre distintos parajes: asistimos al encuentro con Bowles en Tánger, viajamos a Mali, recorremos las bibliotecas colombianas, vemos al autor ejercer de ensayista, visitamos las minas de oro centroamericanas y, sobre todo, seguimos los pasos del Rey Rosa más valiente tratando de hacer prevalecer la verdad en un país –Guatemala– donde la violencia, la corrupción y la mentira han llegado a ser la médula misma, el tuétano infecto de la nación. Rey Rosa mira la violencia, la brutalidad guatemalteca, como un caso singular e íntimamente doloroso, pero extiende su reflexión más allá: estamos ante textos que desbordan fronteras, que nos acompañan hasta los límites mismos del horror, para que no sigamos apartando la mirada, para que las víctimas no tengan que soportar también el oprobio del silencio, tan confortable para el que halla el estúpido consuelo de que “eso son cosas de allá”. La voluntad de Rey Rosa –que se hace tan patente y precisa en un texto novelesco como El material humano (Anagrama, 2009), donde mezcla la autobiografía, el diario, los apuntes, las citas, la historia y la ficción–, es la misma que anima los textos de no ficción que contiene este libro, y que nos revelan a un escritor que huye del tremendismo, que se niega a ser un mero relator de carnicerías sangrientas; más bien un escritor sutil, conciso y elegante, con una extraordinaria capacidad de sugerencia y una mirada oblicua, para el que la ambigüedad e incluso el silencio pueden ser más que elocuentes, siempre y cuando la verdad quede al alcance del lector. Recordando una vez más a Bolaño, diremos que, en efecto, “su elegancia nunca va en demérito de su precisión”.
Los límites entre ficción y no ficcion, o entre ficción y realidad, son el debate mayor de la literatura de nuestro tiempo. Los textos de este libro se definen nítidamente a un lado de la trinchera. Pero yo invito al lector a que abandone prejuicios y los lea también como un capítulo más de ese fructífero debate, de esa constante mutación de límites, en breve, como “literatura de no ficción”: la obra de no ficción de uno de los escritores mayores de la literatura en lengua española de nuestros días.


                                                                                                                                   Valencia, mayo 2014.


(Prólogo para el libro La cola del dragón, No ficciones de Rodrigo Rey Rosa, Ediciones Contrabando). 

jueves, 10 de julio de 2014

Z DE ZAMBRA






Por Javier Rodríguez Marcos (El País).
Zambra y Ediciones Contrabando en la“Feria del libro 2014 de la S a la Z”.

13 de junio de 2014

SABINES (Jaime). Poeta mexicano. Mejor, gran poeta mexicano. Quiero decir, grandísimo poeta mexicano. Y no mexicano. Visor acaba de publicar en España su poesía completa. Ya no hay excusas.

SÁEZ (Antonio). Traductor de António Lobo Antunes, ganador del último premio Eduardo Lourenço y co-comisario de la exposición Pessoa en España que ayer se inauguró en la Biblioteca Nacional de Madrid. La muestra contiene varios originales del poeta portugués, una selección de traducciones a las lenguas de Espanha y hasta una carta astral de la Segunda República realizada por el autor del Libro del desasosiego, del que, por cierto, Sáez ha terminado una traducción que en otoño publicará Pre-Textos. En una de las vitrinas luce aquella antología preparada por Ángel Crespo para Austral cuyo título –El poeta es un fingidor- marcó una cierta forma de leer a Pessoa. En la vitrina, el libro; en el libro, este poema: “A veces, y el sueño es triste / en mis deseos existe / lejanamente un país / donde ser feliz consiste / solamente en ser feliz”.

SOLEDAD. Estado del escritor entre dos mesas redondas. // Las firmas en la feria le sirven de antídoto etcétera etcétera. // No dura más de cien años.  

SOPORTE. Tema de discusión que sirve para no discutir sobre contenidos. // Si es Vital Avanzado recibe también el nombre de UVI móvil. Siempre hay una en la feria.

TESLA. Físico e inventor. Personaje real convertido en género literario.En su paseo inaugural la infanta Elena se llevó uno de los libros que Miguel Ángel Delgado ha dedicado al excéntrico científico. Pronto le dedicará una exposición en la fundación Telefónica.
TRADUCTOR. Intermediario entre la ignorancia y el conocimiento. // Algunos han firmado en la feria porque el escritor estaba muerto. Tampoco estaría mal que firmaran los traductores de los vivos. Con todo lo que se traduce en España (un 30% de lo publicado aproximadamente), sería una de las ferias más glamurosas del mundo, aunque fuera de aquella manera. // Su asociación organiza una mesa redonda este domingo en la feria. Tema: la traducción de la guerra.
TROYA, Caballo de.Editorial que, pese a la marcha de su impulsor, Constantino Bértolo, sigue dentro de una ciudad (sitiada) que crece y crece con nuevos barrios.

USUARIO. Evolución etimológica de la palabra lector.

VALDECANTOS (Antonio). Filósofo y autor de El saldo del espíritu (Herder), un ensayo sobre el declive de las humanidades que él sitúa dentro de la discusión entre Jordi Llovet y Jordi Gracia. Sigan a ese hombre. Entre sus últimas propuesta: trasladar la capital de España a otra ciudad. Mientras El Retiro siga en su sitio...

VENDER. Manera de ser que a veces se confunde con razón de ser.

VIUDA. Eslabón revolucionario de la cadena del libro. // Nombre que se da a algunos huracanes. // Línea viuda es aquella que, siendo la última de un párrafo, aparece al principio de la página o columna siguiente, por lo que se muestra aislada de su contexto y, por norma general, seguida de una línea en blanco que la separa del siguiente párrafo (informa Wikipedia).

VONNEGUT (Kurt). Químico y cómico. Ex-soldado y escritor. El sello bonaerense La bestia equilátera ha publicado su digamos autobiografía. Se titula Payasadas, la ha traducido Carlos Gardini y la cubierta es obra de Liniers. Está dedicada al Gordo y el Flaco.

WESSEL (Peter). Poeta-polifónico-plurilingüe que esta tarde firma en la feria su libro Delta. Caseta de Ediciones de la Torre. Para inconformistas y lectores/espectadores que crean en la música de las palabras.Wessel es danés pero vive en Madrid y dice que en lugar de raíces tiene antenas.

WYLIE. Pez grande que se come al pez chico con pecera incluida. // Dicen que el pescado es caro. Atención a las espinas. Véase AGENTES.

XORKI. Editorial (véase EUROPA EUROPA).

YO-YO. Juguete para escritores egocéntricos, valga el pleonasmo.

Z. Consonante feliz que duerme por triplicado.

ZAMBRA. Escritor chileno nacido en 1975 que acaba de reeditar en España su segundo libro de poemas, Mudanza (Ediciones Contrabando). Lo publicó originalmente en 2003, antes de estrenarse como narrador. La nueva edición lleva un prólogo de Raúl Zurita y versos como éstos: “ella es débil y blanca y tú eres / pobremente oscuro  y eso es todo cuanto hay / no en el fondo sino encima de la cama / cuando besas y te besa”. Luego sigue una despedida en seis movimientos.

ZEN. Actitud que dicen tener aquellos que esperan que pase el chaparrón. // Forma de la paciencia que se tiene especialmente con AmaZon. // En los países de tradición judeocristiana, actitud que se confunde con la resignación.

martes, 8 de julio de 2014

RODRIGO REY ROSA





                                                                       
                                Artículo publicado por J. Albacete en Foros XXI, 2009.


Para Bolaño, Rey Rosa era el escritor más riguroso, más transparente, más luminoso y el que mejor tejía sus historias de toda su generación


También solía decir que era el mejor cuentista de la lengua española, aunque ello no ha dejado de sonar aquí como un eco en el vacío. ¿Quién es Rodrigo Rey Rosa? ¿Qué ha escrito? ¿Dónde están sus libros? En un país como España, que edita más de 80.000 títulos al año, la obra de Rey Rosa se disuelve como una gota de agua en el mar. Uno de los mejores escritores de la lengua española de nuestros días casi “no existe” para el mercado. Así es nuestra realidad cultural.


Rodrigo Rey Rosa es guatemalteco. Después de Miguel Ángel Asturias y de Augusto Monterroso es el tercer gran escritor que da a la lengua española ese pequeño país centroamericano en lo últimos cien años. Nacido en la ciudad de Guatemala en 1958, cursó estudios en su país, pero asqueado por el clima de violencia y corrupción lo abandonó para embarcarse en un periplo de más de doce años por Europa, Estados Unidos y Marruecos. En Nueva York (donde ha residido en distintas épocas) se matriculó en una escuela de cine, pero no acabó los estudios (pese a todo,  recientemente ha dirigido una película basada en uno de sus libros: “Lo que soñó Sebastián”). Hacia 1980 llegó a Tánger atraído por el aura mítica de la ciudad norteafricana. Allí conoció a Paul Bowles, en cuyo taller literario se inscribió. En los siete años que vivió o visitó de forma intermitente Tánger tejió una intensa relación con Bowles: hasta el punto que éste tradujo las primeras obras de Rey Rosa al inglés y Rey Rosa hizo lo propio con algunas de Bowles al español.

Tras vivir muchos años en el extranjero, y explorar varios continentes, en 1996 (tras la firma de los acuerdos de paz) Rey Rosa regresó a Guatemala, donde vive un poco a salto de mata, y sin renunciar a sus perennes “escapadas”.

Rey Rosa sólo reconoce dos maestros. Uno es Borges, a quien leyó muy joven: “un autor –dice– que te hace amigo de sus libros y luego te acerca a los de los demás, y te dice lo que tienes que leer”. Rey Rosa admite haber escrito sus primeros relatos en “esa clave onírica tan suya: trataba de contar todo lo que vivía dormido”. Ese clima de ensoñación, fantasía onírica y alegoría fantástica puebla, en efecto, sus primeros relatos, que aquí, en España, editó Seix Barral en dos tomitos: “El cuchillo del mendigo; El agua quieta” y “Cárcel de árboles; El salvador de buques”, en los que aflora, además, una clara intención de denuncia ecológica. El rigor, la precisión, la economía de medios aparecen ya como los rasgos definitorios de un estilo, que Rey Rosa irá puliendo libro a libro.

Su segundo maestro fue Paul Bowles a quien –ya se ha dicho– conoció en Tánger en 1980. “Él fue mi inspiración literaria y vital, mi faro”, ha dicho Rey Rosa. “Fui con un grupo de escritores a verlo. Y lo primero que nos dijo es que, si esperábamos vivir de la literatura, no tenía nada que decirnos, nos podíamos ir”. Rey Rosa se quedó. Con Bowles, Rey Rosa ahondó las experiencias de sus lecturas borgianas, ganando cada vez más concisión (sin perder luminosidad), austeridad (sin perder rigor) y prescindiendo de cualquier tipo de ejemplaridad moral explícita, sin por ello renunciar a denunciar. En definitiva, revelar sin sobreexponer, mostrar sin demostrar. “La prosa de Rey Rosa –resume Bolaño– es metódica y sabia. No desdeña en algunos momentos el látigo –o mejor dicho, el chasquido de un látigo que jamás vemos”.

Tras su vuelta a Guatemala en 1996, comienza un cierto viraje temático en la obra de Rey Rosa. Junto a una progresiva depuración en lo formal se manifiesta ahora una creciente preocupación social. Rey Rosa se ve inevitablemente impelido a abordar la situación de violencia y corrupción de Guatemala, una ciudad, un país, asolados por la brutalidad, la miseria y la desesperanza, en la que “la vida vale bien poco”. Cuando aún no se han apagado los estremecedores alaridos del genocidio indio y campesino de los años 70 y 80 y cuando, todos, sin embargo, afirman que se ha alcanzado la “normalidad”, Rey Rosa señala que “ahora hay más violencia, más secuestros que nunca. Los linchamientos están muy en boga y, por primera vez en la historia, gracias a la incapacidad de los políticos, los niños mueren de hambre. Hoy la exportación de niños debe ser una de las principales fuentes de riqueza del país”. Esta Guatemala desalmada y trufada de violencia entra como un tifón en la obra de Rey Rosa.

En “Que me maten si...” (1997), una pequeña gran obra maestra, el foco narrativo se dirige a iluminar y desnudar la descarada impunidad de la violencia en un país en que la brutalidad y el crimen han devenido en una enfermedad crónica e incontrolable. Y esa cruda visión se agrava aún más en “Piedras encantadas” (2001), su primera novela urbana, un relato breve, preciso, que recurre al andamiaje de la novela negra para adentrarse mejor en la despiadada realidad de la ciudad de Guatemala, “la mastodóntica urbe que incita al canibalismo para asegurar la supervivencia”. Guatemala queda descrita como “una república de muertos, donde un chirrido de neumáticos y un bocinazo anuncian una muerte infantil, una llamada telefónica evita la cárcel a un asesino y una abultada cuenta corriente permite jugar a discreción con la vida de cualquier ser humano”. La indignación nace en el lector simplemente con sumergirse en la prosa acerada y contundente de Rey Rosa, cuyo estilete abre la realidad como un bisturí.

Por difícil que sea dar con sus obras, el esfuerzo merece la pena y la recompensa es sorprendente. Pocos escritores hoy escriben en nuestra lengua como Rey Rosa. Sus cuentos neoyorquinos de “Ningún lugar sagrado” (1998) son uno de los tres o cuatro mejores libros de narrativa breve de los últimos tiempos. “Leer a Rey Rosa –dice Bolaño– es aprender a escribir y también una invitación al puro placer de dejarse arrastrar por historias siniestras o fantásticas”.




viernes, 20 de junio de 2014

PINTO Y ALCOTA

Un monstruo de dos cabezas
Por Jimmy Entraigües, (El Péndulo, VLC Noticias). 
30 de mayo 2014.

Aprovechando el marco de la Bienal de Arte ‘RussafArt 2014’, es posible ver a estos dos originales artistas con sus propuestas más recientes.
Para los poetas y artistas visuales Sergio Pinto Briones y Aldo Alcota si algo los caracteriza es una  búsqueda constante de nuevos lenguajes y cavar frenéticamente en las inercias que comúnmente está depositado el arte y la literatura.
En el espacio expositivo Le Petit Canibaal se puede corraborar lo anterior, viendo unos dibujos y una instalación de Alcota y un videoarte de Pinto, que cuenta con la colaboración del artista y músico parisino Ramuntcho Matta, hijo del pintor surrealista Roberto Matta. Y sin ir más lejos, en el mismo barrio de Russafa, también se pueden ver sus pinturas en la exposición ‘Perifería del Caos’, de la galería Imprevisual.
¿Quiénes son Pinto & Alcota? Ambos son chilenos y estudiaron en Santiago de Chile, en el mismo colegio donde se formó, siendo un niño, Alejandro Jodorowsky. Eso tal vez es el punto cero de una historia, un big bang de una dupla que no deja indiferente a nadie por sus novedosas propuestas.
Ambos son autores de Ediciones Contrabando, un sello que viene apostando por ellos, una poesía que arriesga, que mira a los ojos lo no manifestado. De hecho, la poesía de estos chilenos va intrínsecamente unida con sus obras artísticas. No hay separación: lo poético es la gran fuente de sus trabajos, dicen. Ellos dos son autores vanguardistas, en un ambiente entumecido por la provincialidad. Lo de ellos va más lejos. Hay una investigación y una navegación profunda con la palabra y la imagen.
Aldo coge el surrealismo y la patafísica, y Pinto la poesía visual, y elaboran algo nuevo. Rimbaud, Dalí, Jarry, Filliou, Brossa, entre otros, son sus referencias. Como manifiesto, Pinto & Alcota no creen en lo pueril de los talleres literarios. No creen en la sacralización de la palabra y en la sumisión ante maestros de barro. El poeta es un pequeño dios, dicen, cogiendo las palabras de Vicente Huidobro.
Pinto & Alcota llegaron a España hace casi una década, buscando nuevos aires. Una situación que los motivo también vivir en otras ciudades, como París. La soberbia se termina viajando, dicen. Eso es fundamental para entender los miles de paisajes que la poesía tiene, señalan desde Russafa, donde tienen sus talleres. Agregando los artistas: “no nos gustan los grupos, los pequeños círculos. Todos son mezquinos y se miran el ombligo, estancando la creación”
Donde Pinto & Alcota van, dejan su vehemencia con diversas exposiciones artísticas y actividades literarias, entre ellas, la revista Canibaal donde ambos son directores (junto a Ximo Rochera y Fran Amador) y han logrado, por sus contactos, posicionar esta publicación impresa como una de las revistas de arte y literatura más serias del ambiente español, teniendo el elogio del mismísimo crítico Ignacio Echevarría.


Ambos son dinamita pura, un monstruo de dos cabezas, un performance interminable. Pinto & Alcota, ya suena como una anti marca, una sonido que sólo al escucharlo valdrá la pena parar y saber qué están haciendo. Por último: queda una pregunta de fondo ¿Valencia está preparada para sus propuestas?




Aldo Alcota y Sergio Pinto.

sábado, 7 de junio de 2014

ALEJANDRO ZAMBRA







Encumbrado por la crítica como “el sucesor” de Bolaño, el narrador chileno se afianza como uno de las grandes promesas y revelaciones de la nueva literatura hispanoamericana.

 Desde que en 2006 Anagrama publicara en España Bonsái, una novela corta que alcanzó en muy poco tiempo un gran reconocimiento por parte de la crítica y los lectores, Alejandro Zambra ha protagonizado un meteórico ascenso hasta erigirse en uno de los escritores que, en cierto modo,  marcan el tono y el rumbo de la nueva literatura en lengua española.

Zambra nació en Santiago de Chile en 1975, es decir, dos años después del sangriento golpe de Estado que acabó con el gobierno de Allende... y con la vida de decenas de miles de chilenos. Su infancia y su juventud transcurrieron, por tanto, a “la sombra” de la dictadura de Pinochet, en el marco de aquel régimen de terror e ignominia que buena parte de la burguesía aplaudía porque “había orden y los negocios iban bien”.
Estudió literatura hispánica en la Universidad de Chile. A los 20 años ya vivía de forma independiente y, además de estudiar, trabajaba: contestando teléfonos, en bibliotecas, como cartero, de junior... En esta época ya se consideraba poeta, como tantos jóvenes chilenos enamorados de la gran musa de Chile: la poesía. “Entrar a literatura -dice Zambra- fue muy hippie. Era una cosa maravillosa, todo el mundo tomando y fumando marihuana. Después vi que no era tan así: a mucha gente no le gustaba tanto la carrera”.
Tras licenciarse en 1997 consiguió una beca en Madrid. En España obtendría un máster en filología hispánica por el CSIC, se casaría  y se separaría al poco tiempo.
Al regresar a Chile, se fue a vivir a una pieza de doce metros cuadrados en la calle Dardignac, “donde lo único que tenía era un gato, una silla de ruedas antigua, una cama y una pila de libros”.
Zambra, como Bolaño, empezó su carrera literaria como poeta. Su primer poemario, Bahía inútil, apareció en 1998. El segundo, Mudanza, se publicó en Chile en 2003, en Quid Ediciones; acaba de aparecer en España la primera edición de este libro, publicado por Contrabando, con prólogo de Raúl Zurita. Ahi el autor chileno reconoce que “en más de un sentido, las novelas que luego publiqué son réplicas, ecos o traducciones de algunas imágenes que aparecieron en Mudanza por primera vez”.
En 2006 la editorial Anagrama daba a la luz su primera novela, Bonsái, que rápidamente se convirtió en un éxito, tanto de crítica (en Chile ganó varios premios) como de público. Ha sido traducida a varios idiomas y adaptada al cine en una película que fue presentada en el Festival de Cannes del año 2011. Sobre Bonsai, Junot Díaz ha dejado escrito en el New York Times: “Un relato estremecedor, sutil y, en última instancia, desgarrador, de una historia de amor en Chile entre esa clase de jóvenes listillos que en la cama hablan de la importancia de Proust. Y al lector ya se le pone la carne de gallina con esa terrible frase el comienzo: “Al final ella muere y él se queda sólo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella”. Pero sólo leyendo hasta el final podrá capturar el espectral espíritu del relato. Un verdadero directo a la mandíbula”.
Respondiendo en una ocasión a a una pregunta sobre Proust, Zambra dijo: “Nunca he sentido una influencia estilística verdaderamente determinante, salvo al principio, a los 15 años, cuando leí los poemas breves de Pound. Escribí, en ese tiempo, un libro titulado Hamartía, que era una colección de imágenes sobre especies de errores, o instantes contradictorios. Creo que no eran muy buenos, pero sí tengo conciencia de haber imitado el estilo de esos poemas de Pound, y de esa escuela heredé un deseo de precisión. Luego, al leer a Proust, no pasó por mi cabeza escribir así. Pero disfruto mucho esas lecturas”.
En Bonsái, Zambra ya parece haber optado por un estilo marcado por la sencillez y la precisión, pero una sencillez y una precisión muy trabajadas y complejas, una economía de medios que debe mucho al trabajo de síntesis poético, y que da pie a una prosa levemente distante y muy elegante, como si autor fuera un observador descreído y, a la vez, hipnóticamente interesado en captar la esencia de lo que describe. Y todo ello regado con finas dosis de ironía, una ironía que no tiene aristas despectivas sino mucho de cautelosa compasión.
Tras el éxito de Bonsái, Zambra publicó (también en Anagrama) otras dos novelas: La vida privada de los árboles (2007) y Formas de volver a casa (2011), que le han consolidado como uno de los narradores más atractivos e interesantes de la nueva “hornada” hispanoamericana, y que le han hecho merecedor de múltiples premios, en Chile, en España, en Francia o Inglaterra. En la segunda (Formas de volver a casa) Zambra habla de la generación de quienes, como dice el narrador, “aprendían a leer o a dibujar mientras sus padres se convertían en cómplices o víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet” (en breve, de su propia generación). Zambra muestra el Chile de mediados de los años ochenta a partir de la vida de un niño de nueve años, apuntando a la necesidad de “una literatura de los hijos”, de una mirada que haga frente a las fraudulentas o incompletas “versiones oficiales” que generan el poder y los media. Pero no se trata sólo de un freudiano “matar al padre” sino también de entender realmente lo que sucedía en esos años. Por eso la novela desnuda su propia construcción, a través de un diario en que el escritor registra sus dudas, sus propósitos y también cómo influye, en su trabajo, la inquietante presencia de una mujer.
Y a comienzos de este año, en enero de 2014, ha dado a la luz un singular libro de relatos: Mis documentos, que en apariencia parece una compilación liviana de textos guardados en el ordenador sin mucha importancia, pero que a la postre resulta un libro compacto, lleno de relatos divertidos o inquietantes, pero siempre “con mucho jugo”. Algunos tienen un sello más autobiográfico (como el inicial, donde afirma que “mi padre era un computador y mi madre una máquina de escribir”, o el escalofriante donde habla de la migraña y el tabaco, en el antípodas de todo ese tipo de relatos cursis y aburridos sobre “dejar de fumar”). Otros (como el que lleva el magnífico título de “El hombre más chileno del mundo”) tienen el ritmo y el tono de los mejores cuentos de Bolaño (al que, sin duda, Zambra no tiene ninguna intención de imitar).
Alejandro Zambra, que en la actualidad enseña literatura en la Universidad Diego Portales, de Santiago de Chile,  es también codirector, junto con Andrés Anwandter, de la revista de poesía Humo, y asimismo ha ejercido (y ejerce a veces) como crítico literario en diversos periódicos y revistas.
En 2010 fue elegido por la revisa británica Granta entre los 22 mejores escritores de lengua española menores de 35 años. El tiempo no ha hecho más que corroborar el acierto de esta elección.

 Artículo de J. Albacete, publicado en la revista Foros XXI.  



martes, 27 de mayo de 2014

PRÓLOGO DE RAÚL ZURITA


Sobre Mudanza de Alejandro Zambra









“Yo he tenido 20 años y no permito que nadie
venga a decirme que es la edad más hermosa”

                                                                                                                             Paul Nizan: Aden Arabie



Leí por primera vez Mudanzacon asombro y admiración; su trama, su inolvidable comienzo, su estructura, su musicalidad, su dolorosa contención, hacían de él uno de los poemas más sobresalientes de la ya notable poesía que los nuevos poetas habían comenzado a publicar hacia fines de los noventa, renovando el decepcionante panorama de la literatura chilena posterior a la dictadura. Sin embargo, ahora al volver a leerlo su impacto es aún mayor: no sólo se trata de un poema en el que ya están contenidos los ejes centrales de la obra de Alejandro Zambra, sino que nos muestra como muy pocos autores pueden hacerlo, que sean cuales sean sus nudos: la separación en este libro, la muerte en Bonsái, la ausencia en La vida privada de los árboles, la infancia en Formas de volver a casa o los jóvenes lúcidos y despojados de Mis documentos, escribir es siempre una mudanza, un cambio de piel que nos prepara a nosotros, los hipócritas lectores, para los ritos a menudo sangrantes de una despedida.
Es lo que me hizo recordar la frase de Paul Nizan, citada al comienzo. Repaso cada una de las líneas de este libro. Sus dos personajes no tienen nombres como si quisieran así ser preservados de una destrucción inminente, y me doy cuenta que es el mismo poema y que simultáneamente no lo es. A diferencia de la atemporalidad de la infancia(y posiblemente de los sueños), toda juventud es un ensayo de sobrevivencia y tanto la frase de Aden Arabie, una feroz denuncia de un joven al colonialismo francés,como la juventud de los personajes que cruzan la obra de Zambra, jóvenes que a los veinte años emergían de una dictadura, comparten un punto central que sólo se hace visible cuando ya la inminencia de la muerte se le revela al lector con la certeza de un hecho personal e irremediable.
Comprendemos entonces, once años después, que este poema no sólo marca el inicio de una de las narrativas más deslumbrantes de la nueva literatura hispanoamericana, para mí la más crucial y herida, sino que es la respuesta que un poeta joven le hace a la sentencia de Nizan: no es fácil tener veinte años, pero no lo es porque menos fácil aún es haberlos tenido. Me ha parecido que esa es una de las constataciones centrales de este enorme pequeño libro. Al menos lo es para mí. Y la muerte lo sabe.
Los lectores de esta nueva edición de Mudanza leerán así un poema con la conciencia de que su desenlace no está en él sino en su deriva y que por lo mismo posee un hondor distinto, una perspectiva de la que antes carecía. Como en Bonsái, en Mudanza hay un él y un ella. La voz que habla, él, es conminado a irse: “Me dijeron que avisara treinta días antes”. En Mudanza él o la voz que habla dice que ella duerme al lado de él y que no lo sabe porque duerme. En Bonsai él dice que al final ella muere y que el resto es literatura. La muerte es la gran crítica literaria. Ella poda y deja sólo los hechos cruciales. La escritura de Zambra está podada por la muerte, sólo queda lo esencial.
El resto son palabras. Dolorosa, perfecta, a menudo magistral, la obra de Alejandro Zambra se construye al otro lado de la literatura. Como si hubiese sido escrito un segundo antes de su fin, esta reedición de Mudanza conmueve porque el hombre que allí habla aún no sabe que la escritura es la forma que ha tomado para él lo irremediable.

                                                                                                                                    
Raúl Zurita

Mayo, 2014.




Raúl Zurita

Alejandro Zambra


PUBLICADO EN BOSTEZO DIGITAL

Literatura, fracaso y edición



Manuel Turégano/Aldo Alcota


Imagen de portada de La conjura de los necios (John Kennedy Toole) en la edición de Anagrama

Literatura y fracaso son dos términos que se atraen. Los ejemplos abundan. Tuvo que pasar mucho tiempo, de un siglo a otro, para que los Cantos de Maldororpudieran ser devorados por los ojos de muchos lectores. Su autor Isidore Ducasse, más conocido como el Conde de Lautréamont, fue un misterioso personaje que escribió entre el trance y la imaginación desbordante. La edición de su Primer Cantopasó inadvertida para la crítica de la época. Era 1868, dos años antes de que muriera Lautréamont a la edad de 24 años. Solo a comienzos del siglo XX, sus obras comenzaron a conocerse masivamente y figuras como Gómez de la Serna, André Breton y André Gide impulsaron su difusión, aunque en 1896 Rubén Darío ya le citaba en su libro Los Raros. El autor, nacido en Montevideo y muerto en París, recurrió a la ayuda económica de su padre para pagar la edición de sus textos, jamás reseñados en la prensa. En 1890 se vuelven a reeditar los Cantos, pero seguía siendo considerado un texto ‘prohibido’. El futuro daría un vuelco para reivindicar su nombre y la importancia de su escritura, convirtiéndose en el maestro de movimientos como el surrealismo. Pero el fracaso estuvo allí, rondando en el apartamento parisino del señor Conde y solo le consolaba su encuentro con la pluma y una hoja blanca sobre su escritorio, hallando consuelo en sus demonios nocturnos. Ni lectores ni editores de aquella época estaban preparados para la gran marea de su desvarío poético.
Otro autor que no vio en vida el éxito y tampoco la materialización de su obra fue John Kennedy Toole. Sus misivas con el editor Robert Gottlieb muestran una situación de desesperación, en la que Toole corrige y corrige sin conseguir llegar a convencer a aquel. Aunque Gottlieb estaba interesado en La conjura de los necios, no paraba de imponer nuevas condiciones, y la búsqueda del acuerdo entre las dos partes derivó en una historia absurda de intransigencia con un mustio colofón: la no publicación. «Pienso que, en varios sentidos, usted ha hecho un excelente trabajo: pulió la trama de la obra, dio sentido a eventos que antes no lo tenían, profundizando en algunos personajes, eliminó otros. El libro está mucho mejor, pero todavía no está bien del todo», le explicaba Gottlieb al escritor norteamericano. Toole perdió el ánimo y acabó suicidándose. Pero su madre haría todo lo posible por ver la creación de su hijo en algún escaparate de librería y lo logró al encontrar editor en 1980. La conjura de los necios ganaría el premio Pulitzer.   
Muy recordado en nuestros días, en los que se cumple su centenario, es el caso de Marcel Proust y Por el camino de Swann, primer tomo que iniciaba la mítica En busca del tiempo perdido. Proust presentó su obra a Gallimard, pero André Gide la rechazó. A Proust no le quedó otra alternativa que pagar de su propio bolsillo la impresión del libro. La obra vio la luz el 14 de noviembre de 1913. Seis años después Gide confesó su error y se disculpó: a punto había estado de impedir la difusión de una obra maestra.
El fracaso merodea siempre al escritor. Editores, críticos y lectores muchas veces le cierran la puerta al talento. Hace falta una actitud muy abierta y un oído muy fino para captar una nueva voz. No es infrecuente que las editoriales estén cegadas por puro interés comercial. Hoy en día, prestigiosos grupos editoriales buscan denodadamente el best-seller de la temporada... un libro que el año que viene nadie recordará... pero que hoy ocupa los anaqueles de las librerías y cierra el paso a otros títulos.
Ediciones Contrabando es una joven editorial nacida en Valencia a comienzos de 2013. Publica autores nuevos, desconocidos, ocultos o emergentes, de España e Hispanoamérica. Voces con calidad y energía que aspiran a mantener viva la llama de la creación. Amamos el riesgo y la buena literatura. Apostamos por los nuevos talentos. Nuestras puertas están abiertas a las propuestas más innovadoras. Buscamos editar la literatura viva del siglo XXI. ¿Fracasaremos?   

http://bostezodigital.blogspot.com.es/2014/05/literatura-fracaso-y-edicion.html?spref=fb


viernes, 16 de mayo de 2014

LANUDO BARON ESCRIBE SOBRE ALCOTA


Aldo Alcota en su exposición "La comida del Orate".

ESCRITO UN JUEVES POR LA TARDE…

Entusiasmo es lo que siento cuando me piden escribir sobre Aldo Alcota, poeta y artista visual nacido en Santiago de Chile. Y escribo con entusiasmo y me entusiasman las obras que tengo ahora delante de mí, platos que piden ser devorados con la imaginación. Me aburren las pinturas realistas sin poesía (Good bye Sorolla). Me aburren los paisajes sosos y las naturaleza muertas donde se pudren las moscas. Sólo me asombra la aparición de monstruos y otras especies salidas de la música del dios Pan. Y Alcota es un creador de seres alucinantes. Yes. Oui. La imaginación lo es todo. Vuelvo a repetir la palabra imaginación. Yo me repito el plato. Me repito el entusiasmo. Me repito la imaginación. Y volvería a escribir lo mismo cientos de veces. Alcota es el gran heredero de Picabia en Valencia. Habrá otros en las costas del Levante, me dirán. De acuerdo. Dónde están, quiero conocerles. Pero hasta el momento solo Alcota se me ha aparecido en mi camino marítimo. Navego mucho por los mares. La obra de este distinguido señor es un cruce del Pacífico y el Mediterráneo. Empanadas de carne, perritos calientes y tortilla de patatas. A comer. Tengo hambre y este texto termina aquí. Aztecas y piratas ingleses bailan un tango. No lo olviden, Alcota es una de las figuras más importantes del Surrealismo chileno. En su ruta parisina conoció a Jean Benoît, Jorge Camacho, Édouard Jaguer…  En Barcelona se relaciona con Beneyto, Evru, Bruno Montané y Arnau Puig. Enrico Baj le escribió, en 2002, un texto para su primera muestra individual llamada Jarry Monster. Alcota ama a Jarry. Ama el espíritu de Ubu Roi y Faustroll, ama el Pánico de Arrabal /Topor/ Jodorowsky… Es patafísico. Es poeta que pinta sobre lienzos invisibles. Es uno de los editores de Canibaal. Es uno de los creadores del Simultaneísmo. Adora la poesía visual. Hace performance. Quiere realizar poesía sonora. Le gusta la ciencia ficción. Fue uno de los animadores del grupo Derrame en la capital del smog, Santiago du Chili. Bajo su manga: revistas, libros, dibujos, cuadros, manifiestos… Un mago. ¿Dónde estamos? Dentro de un vaso escondido en la luna. Un vaso de agua, por favor. Water. Alcota me hace recordar el delirio de un Huidobro, Michaux, Cravan, Bacon, Ginsberg o Buñuel. ¿Se merece Valencia una figura como Alcota? Me voy a beber un trago, antes que salga mi avión rumbo a Marsella. HAHA. A domar tigres borgianos.

Raymond Lanudo Baron, teórico marsellés.