sábado, 14 de marzo de 2026

CUANDO AMAS DEBES PARTIR, DE ELOI YAGÜE JARQUE

 UNA VERTIGINOSA NARRACIÓN EN CLAVE DE NOVELA NEGRA


Cuando amas debes partir
La acción sucede en un espacio y tiempo muy precisos: Caracas, año 1989, 27 de febrero, cuando sucede El Caracazo (1), hasta el 9 de noviembre, testigo de la caída del Muro de Berlín.

La novela constituye una vertiginosa narración retrospectiva en primera persona. Desde su balcón, el periodista Fernando Castelmar contempla la ciudad y cree que 1989 será un buen año, es el de su cumpleaños número 40, buen momento para informar al lector sobre su historia y recuerdos, sus poetas; sus pasiones: la espalda de Aída “que dibuja un surco bien torneado”; no obstante, debe abandonar la tarea y salir, como cada día, a trabajar, es decir, a enfrentarse con su ciudad y sus más míseros rasgos.

Pero ese día, tiene la acuciante impresión, será diferente a cuantos haya vivido. De este modo quedamos a la espera del relato de amor, y nos precipitamos en un relato de odio y pasiones turbias dentro del alma de Castelmar, con el terrible telón de fondo de una revuelta popular sangrienta y un crimen alevoso, cometido, sin duda, por un desalmado.

En Cuando amas debes partir, como en la casi totalidad de la narrativa de Yagüe, el soporte físico de las andanzas de sus personajes es la ciudad de Caracas, siempre en situaciones extremadas, mucho más caóticas que lo usual. Y también, como en tantos títulos de Eloi, se revela aquí su peculiar manera de reflexionar sobre los motivos que han sumido a Venezuela en el padecimiento que hoy soporta.

El Caracazo fue para los venezolanos el comienzo de una nueva etapa de su historia. Se trató de una jornada vivida por la población con estupor e incredulidad; en verdad, nadie sabía lo que estaba ocurriendo, ni siquiera los periódicos; fue uno de estos sucesos que, como si se tratara de un terremoto natural, sorprende a todos, pero con la seguridad, acaso inconsciente, de que se trata de un acontecimiento importantísimo y duradero en el tiempo. Todos estábamos seguros de que la vida del venezolano tomaría a partir de entonces una vía diferente; y aunque todavía desconocida, ya intuida como insoportable.

El estilo escogido por el autor recurre a una escritura más que presurosa, urgente, sin calma; las páginas se van llenando de abundantes imágenes cuyo impacto no solo viene de su dureza y verdad sino de la maestría y elegancia con que están referidas.

Es característico de la narrativa de Yagüe el apremio al lector para apurar la lectura; así ocurre también en Cuando amas…, diseñada como una de esas obras que no permiten deshacerse de ella, apenas da alguna tregua como acostumbra el género novelesco e, imposible en el relato corto, menos en un texto donde la sucesión de aconteceres se multiplica a ritmo rápido; además, el lector anhela conocer el desenlace de las tres historias entretejidas en la trama: el enamoramiento de Castelmar, el horrendo episodio histórico nacional y el asesinato de una joven insignificante en medio de la contundencia del Caracazo con sus cientos (¿miles?) de muertos; no obstante, es esta muerte anónima de un ser marginal, imposible de camuflar entre los muertos por la represión “justificada” del estado, quien recibe la atención de Castelmar, siempre aguzado por su necesidad de justicia, por su desprecio al corrupto bien amparado por fortuna, fama y poder.

Durante toda la novela el personaje nos ha ido recordando la historia que le dio carácter y pensamiento; su infancia y llegada a Caracas desde una España que aún “hedía a fosa común, a fusilamiento, a masacre”; sus estudios de periodismo y el activismo político en la Universidad Central de Venezuela; su trabajo de “zamuro”, es decir, de columnista de sucesos; su continuo discurrir sobre la condición humana y su propia interioridad.

Eloi Yagüe Jarque
Sí, conocemos a Castelmar en su devenir. Derrota, nostalgia, melancolía. Una entrega casi vocacional al fracaso, en el que tantas veces –acaso en exceso– se regodea el personaje. Y hemos compartido su dolor y desconsuelo. Aquí nos conmueve verlo casi confiado en la breve felicidad otorgada por el amor a esa vida llena de desencanto y amargura; y aunque sabe que el amor es una trampa de los dioses para burlarse de sus criaturas, elige vivir intensamente tan breve interludio.

Sabemos, también lo sabe él, que no será un asesino –aunque tiene guardado su viejo revólver Smith & Wesson calibre 38, intuimos que no sería capaz de matar– porque, como ha asegurado W.C., su querido examigo: es un poeta y “los poetas no matan: los poetas se suicidan”. O lo imaginan, como imaginan sus crímenes, quienes como él siempre están al borde del abismo.

El amor ardiente, acaso el último, unido al horrible despertar provocado por el Caracazo, imponen en el alma del personaje una decantación de complejas emociones, eso que suele conocerse como “madurar”. O desengaño, si acaso quedaba un pequeño resquicio de voluntad para concebir alguna ilusión. No en balde, y desde esa inteligencia comprensiva suya, afirma: “Ahora miro hacia atrás y veo los años vacíos…”. Acaso haya aquí un esbozo –una clave– del Castelmar de la última novela de la trilogía que aguardamos.

María Pilar Puig Mares

Valencia, enero de 2025

(1) Estallido social en Venezuela el 27 de febrero de 1989, en el que las protestas de la población por las medidas del Gobierno de Carlos Andrés Pérez de aumento de precios de la gasolina y el transporte,  fueron violentamente reprimidas por el Estado, causando miles de muertos y heridos que, a día de hoy, no se reconocen ni han alcanzado justicia y que sigue recordándose como uno de los acontecimientos más dramáticos de la historia contemporánea de Venezuela.