miércoles, 11 de noviembre de 2015

"MARERO", ÚLTIMA POLIFONÍA NARRATIVA DE JOSÉ LUIS MUÑOZ

Entrevista al escritor realizada por José Vaccaro y publicada en la Revista Hispanoamericana de Cultura "Otro Lunes" en octubre de 2015



José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) es uno de los escritores españoles más prolíficos, versátiles y premiados del panorama literario español. Ha sido distinguido con los premios Tigre Juan, Azorín, La Sonrisa Vertical, Café Gijón, Ciudad de Badajoz, Ciudad de Carmona, Ignacio Aldecoa, Camilo José Cela, y es uno de los más importantes exponentes de la novela negra española. Ha impartido conferencias en las universidades de Bogotá, Granada y León, y colabora con artículos de opinión y críticas literarias y cinematográficas en diversos medios nacionales, hispanoamericanos, como Otro Lunes, o norteamericanos como Suburbano Miami. Publica “Marero” (Ediciones Contrabando, 2015) con el que está en plena promoción.
Este es tu quinto libro de relatos y el que hace 39 de todo lo que ya has publicado. ¿Los vas dosificando entre tus novelas?

Jose-Luis-Munoz-2-Especial-OtroLunes-38No especialmente, pero quiero poner en valor el relato, una pieza literaria de primer orden que se suele leer tal como se escribe, de un tirón. Existe una falsa creencia de que el relato, por tener menos páginas que una novela, es un género menor, más fácil. Totalmente falso. El relato exige una cuadratura y un perfeccionismo que no lo encontramos en la novela. En una novela puede existir algún momento de relajo, algún capítulo en que se baje el tono narrativo, incluso es conveniente antes de un crescendo. Eso no se puede dar en el relato. En pocas páginas, sin irte por las ramas, tienes que situar al lector, seducirlo y llevarlo a tu terreno.
¿Tienes algunos maestros en el mundo del relato que te hayan servido de guía?
Mentiría si dijera que no. Julio Cortázar es uno de ellos. Julio Cortázar resultó determinante para mi carrera literaria cuando ni siquiera yo sabría que iba a tenerla. Lo leía con mucha pasión durante los años de universidad. Te estoy hablando de 1969, después del Mayo francés, que aquí llegó con retraso, y era una época muy convulsa a nivel de manifestaciones contra la dictadura de Franco, ocupaciones de clases y performances diversas en el plano cultural, con la esperanza de que algo iba a cambiar. Me recuerdo leyendo los cuentos de Cortázar en el patio de Letras de la Universidad Central y luego bosquejando, entre cerveza y cerveza, algún relato en las servilletas de papel del bar, que estaba en un subterráneo, porque en aquella época era un escritor compulsivo que escribía en cualquier cosa que tuviera a su alcance y en cualquier momento. De hecho, uno de esos relatos escritos en esa catacumba universitaria, nido de conspiraciones revolucionarias, está incluido en el libro “Marero” que acaba de editar la valenciana Ediciones Contrabando, “Revoloteos”, un asesinato de una mujer contado desde el punto de vista de una mosca, una pieza que ha sobrevivido a mis numerosas mudanzas de todos estos años y milagrosamente no se ha perdido. Aquel jovenzuelo con cola de caballo, camiseta raída, barba incipiente y profundamente introvertido que escribía ese relato, que además fue finalista del concurso de relatos Justo Vasco, gran escritor y amigo cubano ya desaparecido, de la asociación Novelpol, se habría sorprendido de verlo impreso. Además de Cortázar, me gusta mucho la matemática narrativa de Borges, siempre he admirado a Chejov y Carver es otro de los míos.
Háblanos del relato que abre el libro y que le da nombre: “Marero”. Una narración larga y tensa, muy dialogada, que habla de esa violencia enquistada en América Latina y con el que obtuviste el prestigioso premio Ignacio Aldecoa en 2013.
Consideré que ese tenía que ser el primero, y no porque fuera uno de mis preferidos, que también. “Marero” surgió de la lectura de un reportaje en El País Semanal, un trabajo periodístico magnífico que me impactó e inspiró. El tema de la violencia, especialmente el de ese rincón del mundo tan próximo por idioma y cultura, siempre me ha llamado la atención y lo he tratado en relatos y en novelas ya publicadas como “La caraqueña del Maní” o “El corazón de Yacaré”, entre otras. En él confronto a un periodista bisoño, un becario que explota el principal diario de Guatemala City, con el jefe de una de las peligrosas maras de la ciudad. Tras una primera parte narrativa, de mera pesquisa periodista para entrar en contacto con ese temible individuo, tiene lugar la entrevista y allí, en el diálogo, se produce la escalada del horror y el marero explica, y lo hace a mí mismo, su proceder que es resultado de una falta de empatía absoluta con el género humano. Los mareros son guerreros despiadados que yerran sistemáticamente a la hora de dirigir su furia destructora porque no son capaces de hacer un análisis político de su situación. Como indicativo de lo que está sucediendo, muchos de los jóvenes que abrazaron con pasión la causa sandinista en Nicaragua han derivado, frustrados, al mundo de la delincuencia. En Guatemala y Honduras, países por dónde más campan esas bandas, nunca tuvieron un compromiso político, se matan entre ellos, en rituales de lucha, o matan a cualquier hijo de vecino que tenga la mala suerte der cruzarse en su camino.
Hay en el libro una serie de relatos fantásticos que, si me lo permites, yo calificaría de cortazarianos.
Sin duda. “Calle cortada” es uno de ellos, y relata una situación absurda vivida por mí mismo, porque lo que nos pasa es siempre fuente de inspiración. Me cortaron, un verano, la calle en dónde vivía en la ciudad de Granada; el ruido que hacían los obreros era sencillamente espantoso, tanto como el polvo que entraba por la gran ventana enrejada.  Era, además, extraordinariamente peligroso salir de casa porque al lado de la puerta había un enorme socavón. Esa situación kafkiana y delirante la ficcioné, pero sin demasiados apuntes imaginados. De esa situación arranca también una novela de terror que escribí en su día, “La invasión de los fotofóbicos” (Atanor Ediciones, 2012). “Fumadores clandestinos”, otro relato fantástico escrito en la segunda persona del singular, resulta premonitorio de toda esta histeria, a mi juicio desmesurada, contra el tabaquismo y los enganchados al pitillo, y la resuelvo con rasgos de humor, con un enganchado al tabaco que experimenta un placer absoluto, casi sexual, con los pitillos por el hecho de estar prohibidos. “Vuelo a Orly”, otro relato que va en esa línea, funciona como exorcismo, algo que hago con frecuencia para no gastarme dinero y explicar mi vida a un psiquiatra tumbado en un diván. Tenía que volar a Estados Unidos y se acababa de perder un vuelo transoceánico que cayó a una sima del Atlántico de 4.000 metros de profundidad. Escribí sobre ese accidente, sobre un pasajero de ese vuelo, precisamente para combatir mi terror, y salió un relato profundamente turbador y abierto que es uno de mis preferidos de este libro. 
También hay lugar para los deportes espectáculo: el boxeo, los toros, el fútbol. Háblanos de la génesis de esos relatos.
Jose-Luis-Munoz-3-Especial-OtroLunes-38El mundo del boxeo siempre es muy turbio y uno lo asocia al género negro. “Cristal en la mandíbula” habla de un tongo que no acepta un boxeador íntegro. Mi personaje, un negro bravucón, tiene mucho de rebelde. Y es consciente de en dónde se mete con su rebeldía. Pero, pese a todo, sigue adelante. El boxeo es un deporte, hijo de la lucha de gladiadores, que me fascina pese a su brutalidad. Me habría gustado practicarlo porque tiene mucho que ver con el ballet. Un ballet entre machos sudados y brutales que cruzan sus guantes y se machacan en un escenario que es el ring. Los únicos puñetazos que he parado, sin tener mucha técnica, fueron precisamente hace un año, en Praga, para hacer frente a un taxista matón: conseguí que no me partiera la nariz. De ese relato me gusta la atmósfera turbia, lo veo en blanco y negro, con humo por medio. Y ahí está el cine, claro, mi debilidad por “Toro salvaje” de Martin Scorsese. El de los toros, “La última corrida”, que recibió un premio literario y tiene título ambivalente (última corrida en un lecho tórrido con una mantis que quita el hipo, y la de la plaza de toros) conjuga lo erótico y lo fantástico en ese ritual de muerte que es la corrida de toros a las que yo era muy aficionado a los 17 y 18 años, hasta el punto de no perderme una sola en la plaza Monumental de Barcelona. Era forofo de Diego Puerta, El Viti, Ordoñez, Paco Camino, Chamaco, toreros míticos que levantaban la tarde. Así que estaba hablando en el relato de un mundo que me había fascinado en el pasado y utilizo el tópico de la mujer racial, todo pasión, que muy bien podría encarnar Ava Gardner con su fijación por los toreros. Más complicado es “El partido en Haití”, porque el fútbol y la pasión que suscita me son ajenos por completo. Creo que lo escribí para concursar en un certamen que exigía que el relato versara sobre el mundo futbolístico. Metí mucho humor en él, me inventé un misterioso partido que jugó el C.F. Barcelona en Haití y lo crucé con rituales vudú.
Uno de los relatos, “Beso de sangre”, tiene como protagonista a un actor de teatro seducido por el autor de la obra que interpreta. Una historia negra con ribetes homosexuales.
Me apetecía escribir una historia negra y sangrienta con homosexuales por medio. Tomé como lejana referencia a una antigua pareja de amigos y los metí en el mundo de la interpretación. La historia del actor que lo deja todo para seguir a su autor, que se ha encaprichado de él, es más personal de lo que parece. En un momento reciente de mi vida yo dejé todo para seguir también a determinada persona. Cuando el protagonista del relato entra en decadencia y recapitula sobre lo que ha dejado por seguir al autor teatral que juega literalmente con él, lo desprecia y humilla, se produce una catarsis. Solemos culpar a los otros de nuestras acciones, y estamos equivocados.
Hay un relato, “Oscuro despertar”, de un erotismo suave que contrasta con la brutalidad, por ejemplo, de “La esclava” o “Robinson”, que rayan lo pornográfico.
Los tres fueron escritos en una misma época, justamente después de ganar el premio La Sonrisa Vertical con “Pubis de vello rojo”. Son muy distintos, en efecto. “Oscuro despertar” es más light, porque me lo pidió la revista Interviú para una serie titulada Literaturas Galantes que ilustraba con fotos de chicas desnudas. Es un relato veladamente autobiográfico que arranca de una jornada etílica en Valencia acompañado de grandes bebedores como Juan Madrid, Ricardo Muñoz Suay, Silverio Cañada (que era mi editor y acababa de publicarme “El cadáver bajo el jardín” y “Barcelona Negra”, motivo de mi presencia en la ciudad del Turia); Raúl Núñez, un escritor argentino que murió muy joven, tras una vida desordenada y al límite de escritor maldito, a quien dediqué a título póstumo mi novela “Tu corazón, Idoia”, en el que tiene un cameo; el librero Paco Camarasa que acaba de echar el cierre a su Negra y Criminal; Ferrán Torrent y dos chicas que pululaban mientras íbamos dando cuenta de todas las botellas del bar. Lo escribí en el hotel, despertando de la resaca. En “Robinsón” quería dar un giro perverso a la apacible figura de Daniel Defoe. ¿Qué hubiera pasado si llegara a su isla una hermosísima mujer salida de las aguas? Mi Robinsón, que es moderno, vive en Brooklyn y lleva años muerto de asco en esa isla, se deja llevar por los instintos más primarios, y eso era condición sine qua non para que se publicara en la revista Penthouse en la que estuve colaborando durante quince años. “La esclava”, también aparecido en la revista Penthouse, es uno de mis relatos más salvajes, una explosión de erotismo y sangre, una versión gore muy anterior a la película de Steve McQueen “Doce años de esclavitud”, que estuve a punto de apear del conjunto o censurar, pero no soy de los que se autocensuran, así es que lo mantuve en el conjunto a pesar de su incorrección política, precisamente por eso.
El incendio del edificio Windsor está presente en un relato de pirómanos titulado “Llamas de pasión”. ¿Qué te llamó la atención de ese acontecimiento?
Jose-Luis-Munoz-4-Especial-OtroLunes-38Fue un juego que nos propuso mi amiga y productora de cine Verónica Vila-Sanjuan, a quien dedico “Fumadores clandestinos” por si consigue desengancharse del vicio del tabaco, en el que desafió a un grupo de escritores amigos (Andreu Martín, Fernando Marías, Mariano Sánchez Soler…) a escribir sobre el tema y esas dichosas sombras que se veían entre las llamas del edificio. Mi apuesta se dirigió a una pareja de pirómanos a los que el fuego les ponía. Los hice entrar en el edifico en llamas y hacer el amor sobre una de las mesas de los despachos abandonados.
Hay un relato, “Sed negra”, con claras referencias a “Mad Max” que no se ocultan.
Sí. Me llama mucho la atención la distopía. Hace dos años publiqué una novela distópica, “Ciudad en llamas” (Neverland, 2013), que habla de una Barcelona del futuro todavía más caótica que la de “Barcelona negra” (Júcar, 1987), mi segunda novela con la que gané el premio Azorín. Lo escribí para un concurso de relatos y la condición era que tenía que estar ambientado en los Monegros. Esa zona devastada de Zaragoza, ahora ya no tanto, es un territorio distópico en el que no tienes que hacer muchos cambios. Lo situé en una época de sequía de combustibles y de agua, con un río Ebro convertido en un curso de petróleo por las prospecciones descontroladas. Hay humor negro en el relato, junto a mucha brutalidad.
¿Qué me dices de “El caso del violador recalcitrante”?
Bueno, ese es una humorada profundamente y deliberadamente incorrecta que conduce una investigación policial hacia el mundo del porno. El calibre de un miembro viril, que desgarra una serie de vaginas femeninas, guía al investigador Jodeski y a su ayudante tartamudo por una senda demencial. El relato es una completa gamberrada con el que me divertí un montón y espero que sea contagioso y se ría conmigo el que lo lea.
¿Por qué Bulgaria en “Última cena en Sofía”?
Buena pregunta teniendo en cuenta de que nunca he estado en Bulgaria. Es un relato tuneado. Estaba ambientado originariamente en Nueva York e inspirado en un suceso del que yo era actor. Habla de lo peligrosas que pueden ser las relaciones por las redes sociales, concretamente por Facebook. Una fan literaria, a la que no conocía de nada, me invitó con mi pareja a un restaurante neoyorquino en uno de mis viajes a la Gran Manzana. Cuando nos presentó a su novio albanokosovar, que conducía un Hummer, se nos cambió la cara. No pasó nada, porque la pareja era simpática y agradable, pero pudo pasar de todo. Mi amigo Jota, el editor de Neverland con quien había publicado el libro de relatos “La mujer ígnea” y “Ciudad en llamas”, me pidió un relato para un volumen colectivo en el que participaba Eugenia Rico y tú, entre otros. Cambié de ciudad y se lo envié.
No puede faltar en ese conjunto variopinto de diecinueve relatos ese pequeño homenaje a Conan Doyle.
Sí, es un micro leve, apenas un par de páginas, que además me permite que lo lea en las presentaciones. Adopto un estilo muy british con el que a veces me gusta jugar en mi literatura. Me interesa mucho el cine de época, y, concretamente, el victoriano. Cuando era un chico leía mucho a Conan Doyle, pero también a Chesterton, que me gustaba más que Conan Doyle, y a Edgar Wallace además de Agatha Christie, que nunca me acabó de entrar por la manía de convertir en asesinos a los mayordomos. Pero creí que en ese relato tenía que estar presente la pareja Holmes/Watson y disfruté con ello.
Hay un relato terrible, muy canónico, que es cien por cien negro y que se llama “Fase terminal”.
Es una de las piezas más duras, junto a “Marero”, de todo el conjunto. Recreo un hecho real que fue muy mediático en su momento. Un sicario muy peligroso tiroteó a un expolicía que regentaba un bar. Curiosamente ese sicario realizó luego una serie de atracos, entre otros a una entidad bancaria en la que trabajaba una amiga mía que fue víctima de un secuestro exprés por parte del delincuente. El policía malherido era un mafioso muy peligroso y un asesino tan meticuloso que la justicia no pudo condenarle por falta de pruebas. Se hizo justicia por un método muy heterodoxo: el sicario que se vengaba de una antigua afrenta carcelaria. El castigo fue terrible.
Jose-Luis-Munoz-5-Especial-OtroLunes-38La recopilación, variada genéricamente, la cierras con una historia de vampiros, “El último inquilino”, que es el relato más largo, casi una novela corta, y en el que creo que el cinéfilo puede descubrir influencia del cine de Polanski. Es, además, una narración muy romántica que contrasta con la dureza de piezas que la preceden.
Muchas veces las mejores obras son fruto de un encargo. Fernando Marías me pidió un relato de fantasmas y amores para uno de los libros que edita con esmero en Ediciones Imagine y en los que es un verdadero lujo participar: “Shukran. Espectros, zombis y otros enamorados” al que fuimos invitados Vicente Molina Foix, Juan Ramón Bienda, Jon Bilbao, Luisa Castro, Eugenia Rico, Ignacio del Valle y otros escritores. Cuando me hizo el encargo enseguida eché mano de mi memoria y me acordé de dos viejas casas del Ensanche barcelonés que estuve a punto de comprar en época de bonanza económica. Me eché atrás en la compra, precisamente, por la historia que intuía en ellas según las recorría con la empleada de la inmobiliaria. Una tenía pasillos interminables y oscuros y los inquilinos del inmueble eran muy viejecitos, con lo que pronto me iba a quedar solo en esa inmensa vivienda. En la bañera con patas de la otra creí descubrir una mancha de sangre. El anterior inquilino se ha suicidado, me dije. Con ese escenario mixto, un portero muy peculiar que tuve en un piso de Barcelona, deforme y jorobado, una muchacha bretona que conocí en el Valle de Arán y un alter ego escritor que crucé con un antiguo amigo ruso, surgió esta historia delirante, mágica y romántica que creo pone un broche muy digno al conjunto de los relatos. No es que el relato sea polanskiano, aunque el título remita a “El quimérico inquilino”, sino que esa casa, esos pasillos, esos cuadros, esa escalera, esos vecinos, eran puro Polanski, uno de mis directores de cine de cabecera. Ese relato es de mis preferidos, y por eso lo reservo para el final.
¿Y ahora qué? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy inmerso en la promoción de “Marero”. Se presentó en la pasada Semana Negra de Gijón, que es un escaparate de lujo, y estuvo de forma muy destacada en el festival de Matarranya Negra en el que colaboro con Octavi Serret y Xavier Borrell. Ahora lo voy a pasear por el sur, por Málaga, Fuengirola, Granada, para terminar en San Roque Negro, en donde se representará una versión teatral de “Marero”, y esa promoción se cruza con otra por Francia para presentar allí “La Frontiére Sud”, mi mejor novela negra, sin duda, editada por Actes Sud en su prestigiosa colección Actes Noirs y con la que voy a estar presente en el festival de Lisle Noir el 25, 26 y 27 de septiembre en Lisle Sur Tarn invitado por mis queridos amigos Claude e Ida Mesplede. Luego presentación en Madrid, Barcelona, Noviembre Negro en Sagunto y la ciudad de Valencia. Y espero el invierno y el aislamiento de la nieve en el Valle de Arán para dedicarme a “Brother”, mi novela negra sobre Alaska que está sufriendo un montón de interrupciones en su escritura.

miércoles, 21 de octubre de 2015

JAVIER NAVARRO: "ESCRIBIR ES UN ACTO INQUIETANTE"

Entrevista realizada por Ginés J. Vera y publicada en el blog "Libros en la maleta" el lunes 19 de octubre de 2015


Tuve la suerte de poder conocer a Javier Navarro en uno de los encuentros literarios en Valencia, organizado por la LAB, en Ruzafa. Quienes me conocen ya saben de mi fascinación por las narraciones breves y no pude resistirme primero a leer su ‘Tableaux Vivants’ (Ediciones Contrabando, 2015) y a proponerle una entrevista más tarde. El libro me sorprendió gratamente, he aquí la entrevista, agradecido por partida doble a Javier Navarro y, cómo no, al editor Manuel Turégano.



¿Cuál fue el origen de estos diez relatos, fueron escritos ex profeso para este libro o tuvieron un recorrido previo, se han avenido a este proyecto desde otros púlpitos? 

Los relatos tuvieron un recorrido previo y los seleccioné después para esta antología, donde, como decía antes, hay muchos hilos conductores. Si de algo estoy contento con este volumen es, precisamente, la variedad de registros que están presentes en los relatos. El común denominador es quizá la inquietud, la perturbación, el elemento fantástico o diferente, no familiar, que se introduce en lo cotidiano. Pero a partir de ahí he tratado de que las aproximaciones y los enfoques fueran diferentes, también el tema, la extensión, etc., porque cada historia merecía un tratamiento distinto. 

Al ver las extensiones de los relatos de ‘Tableaux Vivants’ me llama la atención dos, ‘La habitación verde’ y ‘Un lugar adecuado’ más largos que el resto.

“La habitación verde” bebe tal vez más de la tradición del relato fantástico clásico. “Un lugar adecuado” es un juego quizás más complejo en torno al recuerdo y el engaño de la nostalgia, con un aire onírico y surrealista que, he de confesarlo, me divertía.

Hay un estilo cuidado especialmente en el lenguaje, en la forma, en las frases cortas, certeras,

Sí, eso intento. El estilo lo es todo (o casi todo) en literatura, incluso cuando se busca  premeditadamente su ausencia. Me preocupa en especial la concisión, la precisión en la búsqueda de la palabra exacta (el mot juste), que es (o debe ser) la tarea principal del escritor, con podas sucesivas que eliminen lo superfluo. Intento evitar una cierta autocomplacencia en la escritura, el dejarse llevar en ese sentido.

Y en cuanto al enfoque, veo una apuesta fuerte por los narradores protagonistas…

La apuesta por el narrador protagonista creo que es una herencia de la tradición de la literatura fantástica, desde el siglo XIX (Hoffmann, Poe, Maupassant, las ghost stories, etc) y hasta Borges y Cortázar. La incertidumbre, la inquietud, la extrañeza en lo cotidiano, se suelen instalar más fácilmente en la mente de los protagonistas, a la vez que su realidad cotidiana se vuelve menos familiar y, poco a poco, se resquebraja. 

Hablaba antes del tono de estos diez relatos, al menos uno se me antoja un poco díscolo, me refiero a ‘El mejor despertar’, ¿coincidimos en ello?

Otro de los grandes temas -quizás “el tema”-, de estos relatos, es la muerte, que está presente en todas las historias. Pero pretendía también una aproximación humorística, irreverente, a ella. El fantástico tiene muchos palos y el humor macabro es uno de ellos. Este relato pretendía ser un homenaje a quienes lo han cultivado con mayor acierto, como es el caso, en mi opinión, de Ambrose Bierce, entre otros.

Los secretos también están muy presentes en estas historias, secretos y un elemento perturbador -que observa y calla- deslizado para que anide en la conciencia del lector.

En estos relatos está presente la memoria, que es un tema que me obsesiona, lo cual no deja de dar pistas sobre mi otra ocupación (y profesión), la de historiador. Sin memoria no hay identidad. Y en la memoria, en el recuerdo, anida siempre un secreto, que tiene casi un carácter fundacional en nuestra identidad.

Hay varios elementos que he querido ver, y digo ver con doble sentido; aprecio una introversión, cierto voyerismo casi como si se le presentara una obra de teatro a un lector espectador

 Claro. Por eso creo que la idea del tableau vivant (actividad efectivamente voyeur por excelencia, y más allá de que sea el título del último de los relatos) está de alguna manera presente en todos ellos. Casi todos los protagonistas experimentan una contemplación, una cierta visión, que acaba por fascinarles  y que, un poco a la manera de Hoffmann, revela también su propio abismo, su fragilidad interna. 

Lo cual me remite a la imagen de la portada, este ‘Fading Away’, de Henry Peach Robinson ¿la eligió a medias con la editorial?, ¿qué le motivó el escogerla para este ‘Tableaux Vivants’?

No. La escogí yo. Siempre me han fascinado los Tableaux Vivants como práctica y expresión cultural (ya perdida), muy de moda entre finales del siglo XIX y principios del XX, y a medias entre el teatro, la pintura y la recién estrenada (por entonces) fotografía. Precisamente Henry Peach Robinson, un fotógrafo victoriano pictorialista y autor de esta “Fading away” (1858), cuidaba al detalle sus montajes, que tenían mucho de teatral y de pinturas vivas, con personas posando como en auténticos cuadros. Esta fotografía suya en concreto siempre me ha fascinado, por la luz, el color, la atmósfera que evoca y el juego entre los personajes alrededor de la protagonista, recreando un tema romántico por excelencia: la muerte de la joven tísica. 

El arte de la escritura también palpita en al menos dos relatos, en la protagonista de ‘Intruso’ y en los de ‘La habitación verde’. ¿Es en cierto modo un recurso apetecible para todo autor que gesta historias? 

Por supuesto. Escribir es un acto inquietante. Que me perturba. ¿Cómo no iba a estar presente en estos relatos?

Muchas gracias y mucha suerte, Javier
Por Ginés J. Vera

lunes, 5 de octubre de 2015

NECO ENDARA EN VALENCIA

Intervención de José Antonio Ardila Acuña (Universidad de Panamá) en la presentación de PANAMÁ SPLIT, de Ernesto Endara, en la FNAC de Valencia el 22 de septiembre.

Hace seis años Ernesto Endara me invitó a participar de la mesa sobre Literatura Erótica en la V Feria Internacional del Libro en Panamá.
¿Se imaginan a este casto varón hablando sobre erotismo? ¿Yo, que soy un narrador de Ciencia Ficción en la cátedra de Economía Política de la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá?

José Ardila durante su intervención 
Pues bien, es tal su poder de persuasión que después de una larga conversación y tres cafés tintos me convenció y me lancé sin paracaídas y los ojos cerrados  a ese torrente literario.
Las críticas no se hicieron esperar y al año siguiente eliminaron esa mesa de la Feria. No sé por qué.
En verdad, salí bien librado de las críticas y además, picado; por eso estoy hoy aquí para hablar del Amor y el Tiempo en los párrafos y páginas de Panamá Split que yo conozco como Pantalones Cortos y Pantalones Largos porque, al igual que Agustín Lara, Tito Rodríguez, Daniel Santos, Hugo del Carril, Pablo Milanés, Neco le canta al amor, le canta a la vida no importa cuál sea la situación; a la belleza.
A diferencia de los compositores y cantantes mencionados Endara cocina el Amor y lo hace no solamente al limón, o lo sirve crudo en su jugo –obviamente platos demasiado fuertes para los pudorosos–; sino también lo prepara en tiernas ensaladas y suaves postres, mousses de vainilla y chocolate y los siete sabores de macarons de manzana y frambuesa.
Para Neco, y estoy totalmente de acuerdo con él, el amor debe, tiene que ser así, pasar por todas las etapas, los sabores, y toda la escala de voltajes.
Al mejor estilo de Publio Ovidio Nasón (comúnmente llamado Ovidio) que en su obra Ars Amatoria y Remedia Amoris, conocida entre nosotros con el título de El arte de amar,  plasma al amor como algo que se persigue, que no debemos esperar a que llegue, sino que siempre hay que tratar de buscarlo, pretendiendo dar consejos sobre cómo conseguir a la pareja, como conseguir el amor en sí.
El amor es la esperanza del mundo.

En el Capítulo VII de Pantalones Cortos Ernesto Enrique Endara, con esa facilidad con que describe los sentimientos de amor subraya que el amor a primera vista es cuando un par de ojos recorre uno a uno el otro par de ojos y encuentra en cada pupila un saludo, una especie de bienvenida, como quien dice: las niñas y los niños de los ojos se enamoran.  
En Pantalones Largos, en el Capítulo XII de la Primera Parte, titulado Luli, lulinda, luliluli Neco alega que él ama con el estómago no con el corazón y que ésta no es una novela romántica. Tampoco es cuento. El corazón – el de él -, responde a los sustos, a la angustia y al cansancio… Pero cuando se trata de amor, qué va, su corazón se queda tan pasivo, tan indiferente que a veces le da miedo. Por otro lado, dice que su estómago es de lo más sensible y poético y que se revuelve conmovido al son de la pandereta de Lorca: “El cielo se les antoja una vitrina de espuelas”, o con el violoncello de Neruda: “Te recuerdo tal como eras en el último otoño, la boina gris y el corazón en calma”, o con “el solo de flauta en la terraza de la memoria y el baile de llamas en la cueva del pensamiento” de Octavio Paz. La decisión de tocar un dedo a la mujer admirada, de decir “te quiero” por vez primera, atraviesa con rayos laser su duodeno y abochorna con vientos glaciales su recipiente estomacal. Sin embargo, hay emociones mixtas en las que el cerebro y estómago cantan a dúo mejor que “Los Tabogans”.
…Aquí la experiencia del primer beso de amor:
Estoy en medio de una vorágine. ¿Qué más? Mi mano atrevida, sacrílega, la toma por la mejilla y la obliga a mirarme. Sin oposición Luli me da la cara, tiene los ojos cerrados. “¿Qué esperas, idiota?” Me grita el corazón. Acerco mi cara a la de Luli. Esto es y será siempre lo más arriesgado y delicioso en la relación con una mujer: intentar el primer beso.
Labios con labios. Ahora lo importante es no separarse. Oh, Luli, estás toda tú, aquí, en mi boca.
Casi nos ahogamos en nuestro primer beso. Nada de lengua ni de saliva, puro labios; eso sí, bien pegados. Nos separamos y nos volvimos a unir. ¡Qué hambre de boca ajena!
- Yo te quiero…¿y tú? En verdad, salí bien librado de las críticas y además, picado.
- Yo también te quiero.
¡Qué bella es la vida!
Este prolífico escritor panameño, cuentero, teatrero, novelero y ensayista nos presenta, siete capítulos antes, en ese juego constante con el tiempo, la diferencia entre ese sentimiento intenso hacia otra persona, con el deseo de que nos alegre y nos de energía para convivir y comunicarnos, lo que podríamos llamar “amor idealizado”, con el material, con el amor sexual. En el apartado que tituló La mitigante masturbación nos confiesa que “una vez probado el sexo, que lejos de ser algo prohibido debe considerarse el mejor fruto de la naturaleza, se agiganta su legítimo apetito. Podarlo en el tiempo de la vendimia es peligroso para el cuerpo y para el alma.
A los trece años era un experto masturbándome. Simona era un recuerdo tan valioso, tan guardado, que estuvo a punto de convertirse en leyenda. ¿Habría existido realmente? ¿Dónde está ese yo y ese tiempo tan feliz? Por culpa de Simona algunas de mis masturbaciones se convertían en soliloquio de remembranzas.
“¿Te acuerdas?” Le preguntaba a mi pene bravío y sin memoria.
Todo mi organismo tenía un hambre atroz de sexo. Pero las mujeres parecían encontrarse a años luz de mi cuerpo. Confundí la desdicha del solitario con la cabanga del abrazo.
Por suerte tenía a mi disposición el fragoroso pero mitigante recurso de…”
Como en casi todas sus obras, Neco juega con el tiempo: el convencional, de relojes y calendario; así como con el psicológico, el de las emociones, recuerdos, anhelos, temores y alegrías. Nos habla de la verdad de la vida.
En lo que al tiempo se refiere, Neco sostiene que es la cuarta dimensión y que es tan absoluto como el pensamiento, que uno es capaz de contener al otro y, que el otro, no puede existir independientemente del uno.
El tiempo, que algunas veces es redondo, otras cuadrado, otras rectilíneo, también conoce la espiral, por eso es que, a veces, la historia parece repetirse.

Neco Endara abraza a J, Ardila tras su intervención
Tengo la impresión de que el diecisiete veces galardonado con el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en cuatro géneros y los reconocidos cantautores Pablo Milanés y Rubén Blades comparten la misma exaltación por el tiempo.
Para Pablo “el tiempo, el implacable, el que pasó,/siempre una huella triste nos dejó…/Aferrarse a las cosas detenidas/ es ausentarse un poco de la vida./ La vida que es tan corta al parecer/ cuando se han hecho cosas sin querer./ Al hacer un recuerdo ya nos vamos/ y la vida pasó sin darnos cuenta./ Cada paso anterior deja una huella/ que lejos de borrarse se incorpora/ a tu saco tan lleno de recuerdos/ que cuando menos se imagina aflora.
Y para Rubén: La vida es una huella/ de triunfos y fracasos/ formada por pedazos/ de amor y de dolor/ el tiempo es un rosario/ sus cuentas los recuerdos/ jardín del sentimiento/ de lo que se vivió.
Según Neco el tiempo necesita límites para existir y la luz del Sol es el límite de nuestro tiempo, cuando se apague, desaparecerá nuestra historia.
El tiempo de la novela es más real que el de la vida porque, una vez impresa, no termina, empieza cada vez que alguien abre el libro.

Mi amigancho mide la vida con el reloj del corazón y como a todos se le acabará el tiempo cuando detenga su tic-tac. Sin embargo, conserva la esperanza de que este libro seguirá palpitando un poquito más.
Gracias Machete por enseñarme todas esas cosas y muchas otras que no he mencionado aquí sobre el amor, que las pondré en práctica cuando sea grande.


sábado, 5 de septiembre de 2015

"TABLEAUX VIVANTS", PORTADA DE "LECTURALIA" EN JULIO

Tableaux Vivants, de Javier Navarro

Raquel Vallés el 24 de julio de 2015 en Terror
  • Tableaux Vivants. 10 cuadros vivientes de Javier Navarro es la primera antología de este autor valenciano.
  • 10 relatos góticos editados por Contrabando en su serie Narrativa.
Portada del libro Tableaux Vivants, de Javier Navarro.
Los tableaux vivants eran recreaciones en vivo de cuadros famosos, un entretenimiento que estuvo de moda a finales del XIX y principios del XX. En ellos los actores componían la escena a imitación de un cuadro y se mostraban al público durante unos segundos, permitiendo que la imagen quedase grabada en la mente del espectador.
Javier Navarro no nos plantea escenas suspendidas en el tiempo pero sí relatos que permanecen con nosotros, historias de diferente temática pero marcadas por una fantasía que lleva el horror en las costuras.
En poco más de 100 páginas y 10 relatos el autor nos sumerge en un mundo en el que la realidad comienza al apagar la luz, en el que conviven titanes y pequeñas criaturas de las sombras, plagas viajeras e historias de fantasmas.
Compañera, la historia con la que arranca la antología nos presenta la llegada de un barco a puerto y como uno de los marineros lleva con él una carga que desconoce. El autor consigue una atmósfera creíble, una descripción precisa, con apenas esbozos, que te llevan como una danza a seguir a esa compañera a lo largo de su periplo.
La habitación verde es un relato sobre la misteriosa naturaleza de una habitación y la obsesión del protagonista por ella, que parece seguirlo; quizás sea la historia de una caza. Es, junto a Un lugar adecuado, el relato mejor conseguido del libro. Son, además, los dos cuentos más extensos.
En Un lugar adecuado acompañamos a Alejandro en la que parece una cita, que se va volviendo más extraña cada vez. La fuerza de este relato es la maestría del autor que le permite hacer discurrir la historia de un elemento fantástico al siguiente sin que dejemos en ningún momento de sentirnos en un escenario conocido y reconocible.
De los cuentos más cortos podemos hablar del humor negro de El mejor despertar, de los terrores nocturnos de Intruso o de Tableaux vivants, el relato que cierra la antología y que le da título; una preciosa historia de recuerdos.
En Tableaux Vivants el terror se vuelve cotidiano, no porque cualquier taza pueda estar envenenada o podamos ser víctimas de la plaga, sino porque, al abandonar la habitación, otra realidad toma su lugar, permitiéndonos vislumbrar quizás unos segundos para que la imagen se quede grabada en nuestra mente.
De la edición de Contrabando hay que señalar la portada en la que destaca una poderosa, por lo evocadora, fotografía de Henry Peach Robinson, Fading Away.

(Valencia, 1973) Bibliotecaria y eterna estudiante, vive rodeada de gatos y libros, siempre en busca de un buen asesinato.

miércoles, 26 de agosto de 2015

¿QUIÉN ERES?

Prólogo de la novela "Panamá split" de Ernesto Endara  por Corinne Bally

  

La aventura empezó hace dos años cuando presenté a Manuel Turégano, de Ediciones Contrabando, esta novela de Ernesto Endara. Hoy, al nacer esta primera edición española, por solicitud de Manuel, busco con gran ilusión las palabras justas para decir quién es Ernesto Endara.
Me senté delante del ordenador para hacerle a “Neco” (necoendara@gmail.com) una pregunta cuya respuesta pudiera llenar de un plumazo el cometido.
Pregunté: ¿Qué ha sido Ernesto “Neco” Endara en Panamá? Y esta fue su contestación:
“Puedo estrujar mi vida y contarte lo que he sido en cuatrocientas palabras, total, es el tamaño de la columna que escribo semanalmente. Te diré: de muy hijo de Jilma Cecilia pasé a ser estudiante en La Salle; en las vacaciones, corredor de olas y asistente de “Batman”, un limpiabotas que abundaba por los bares de la Avenida Central en tiempos de la Segunda Guerra Mundial; ya en el Instituto Nacional fui del equipo de basketbol y clavadista; novio de Lilia y Aida; boxeador de una sola pelea sin decisión; chofer de “chiva” en la ruta Hospital-Chorrillo, relevando a Isidoro mientras él enamoraba a la empleada de mi vecina; buen bateador en “mensión”, mal bateador en béisbol. Me fui a Venezuela becado por la Escuela Náutica. Regresé maquinista y fanático del ron, del bolero y de las mujeres alegres. Me inscribí en una pandilla de poetas, pintores y músicos. Fui compadre de “Rompelimpón” y socio de “Tito Piedra”; en Panamá, embarqué en una nave canadiense (Fort Ross) que cargaba, hasta la bandera, dinamita gelatinosa para Trinidad, y en una venezolana, el remolcador “Río negro”, que arrastraba gabarras con equipo de perforación petrolera a “Rancho ahogado”, Chucunaque arriba, y del que salió un libro: Un lucero sobre el ancla; además, enrolé en otros siete barcos. Fui profesor en la Escuela Náutica de Panamá y bombero voluntario del Cuerpo de Bomberos. Empezando el nuevo milenio, estrené mi incierto periodismo en El Heraldo. Eso, querida amiga, es lo que he sido en Panamá.” 
Entonces le comenté: no has mencionado lo que a mí realmente me interesa, tu pasión por la literatura. ¿Cómo es que este boxeador, clavadista, limpiabotas, fanático del ron y del bolero, chofer, profesor, bombero y maquinista escribe libros? Parco, esquivo y risueño contestó: “Porque leo mucho”.

Ernesto Endara
Descubrí Panamá a través de la lectura de estos dos libros: Pantalones cortos y Pantalones largos, reunidos aquí en un solo volumen: Panamá split. Por ellos me enamoré de esta ciudad y luego descubrí al personaje Neco Endara. El autor más laureado de Panamá con el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en novela, ensayo, teatro y cuentos.
Para el lector europeo, conocer Panamá a través de las novelas o los cuentos de Ernesto Endara será subir a una prodigiosa máquina que lo desplazará en el tiempo para adentrarlo en una ciudad misteriosa, bulliciosa y colorida, permitiéndole escuchar los pálpitos de las calles; compartir el cafecito y la “cocada” de la vecina. Les puedo asegurar que oler, gozar y saborear este Panamá split les pondrá una “ñizpa” de panameñidad en el alma.  
Ernesto Endara es –aunque esto no lo quiso confesar– un fabuloso cuentista, un enamorado de la vida y de la literatura. Al conocerle mejor he llegado a pensar que algunas veces consigue borrar los límites entre vida y novela.
Panamá split es el primer libro de Ernesto Endara publicado en Europa. Al leerlo, el lector tendrá el placer de entrar por la puerta grande en el mundo literario de un autor muy querido por los panameños.


Corinne Bally

miércoles, 8 de julio de 2015

"MARERO", DE JOSÉ LUIS MUÑOZ

Por Jerónimo García Tomás


Marero podría considerarse un compendio o repaso del conjunto de la obra de su autor, ya que los 19 relatos que conforman el libro se mueven entre todos los géneros en los que José Luis Muñoz ha destacado a lo largo de una carrera de escritor que abarca ya tres décadas. Todos los géneros y todas las obsesiones de un narrador curtido, habituado a encontrar siempre el tono y la voz adecuada a cada historia y capaz de manejarse con idéntica eficacia en diferentes registros.

En el relato que abre el libro y le da título, un joven periodista logra llegar hasta el hiperviolento y psicopático líder de una mara con el fin de entrevistarlo. En el marero Aníbal Ribera, alias El Diablo, vemos representado el horror en su aspecto más frío e impersonal. El Diablo admite matar porque “No sé hacer otra cosa. Dios me quiso asesino y yo cumplo su designio”. La aceptación de la barbarie rige la psicología de un personaje que Muñoz dibuja magníficamente a través de un diálogo directo y preciso, tomando la acertada opción de narrar desde el punto de vista de Raúl Cifuentes, el periodista con el que el lector se identifica, testigo y descubridor de un horror que se revelará aún mayor de lo que esperaba. A través del ingenuo Cifuentes, José Luis Muñoz hace al lector bajar a los infiernos en los que tan bien sabe conjugar el deterioro ambiental con el humano, a “los ambientes marginales de Guatemala City, sus peores barrios, aquellos por los que nunca iría con su hermana o novia, si las tuviera, las zonas de los desahuciados de la vida que somatizaban las cicatrices de su alma en sus cuerpos escritos a punta de punzón”. Cifuentes atraviesa un camino tortuoso para llegar a un corazón de las tinieblas como el de Conrad. Y como Marlow frente a Kurtz, se hallará ante una expresión en carne y hueso del horror absoluto. Y ante el monstruo que lo obliga a no apartar la mirada (“Míreme. Usted puede mirarme. Tiene que mirarme para escribir un diario sobre mí.”), el periodista tan sólo podrá esperar que la voluntad caprichosa del marero no disponga para él un destino inminente.

El siguiente relato, Beso de amigo, es una historia de pasión fatal entre un actor de teatro y un decadente y maduro dramaturgo en la que se conjugan humor negro y crimen. En Calle cortada, el mismo narrador describe su situación como “kafkiana, muy propia de mi amigo Julio Cortázar”, frase que bien puede definir un relato en el que el protagonista queda encerrado en su casa debido a las obras que han cortado la calle en la que vive. Una historia sobre el individuo aislado y alienado en una sociedad que se ha olvidado de él y en la que ya no cuenta con asideros a los que agarrarse.   

Aún más absurda es la situación presentada en el divertidísimo Fumadores clandestinos, ambientado en una Barcelona (¿Futura? ¿Paralela?) en la que el fumar tabaco está tan perseguido y castigado como si de una actividad subversiva en una dictadura se tratara. Lo más hilarante del cuento, y su mayor acierto, son precisamente los paralelismos que el autor establece entre tabaco y política y tabaco y sexo, como en el pasaje en que el protagonista ha de adentrarse en el barrio Chino y subir al cuarto de una prostituta para que esta le dé de fumar. Cristal en la mandíbula es uno de los relatos del libro que más entra en el terreno del género negro y parece una relectura en clave moderna de la clásica situación del combate de boxeo amañado. Muñoz demuestra ser un narrador sumamente eficaz en el momento de describir la acción de la pelea: “Bailó con cierto garbo en el primer asalto, paró sus primeros golpes de tanteo, intentó una incursión por el flanco derecho que se saldó con un formidable puñetazo que Merengue conectó a su zona lumbar y en el segundo asalto se mantuvo a la defensiva,…”.

Revoloteos tiene la originalidad de estar contado desde el punto de vista de una mosca. El lector entiende lo que sucede a partir de datos que para el insecto tienen un significado muy distinto. Lo irónico y lo escatológico se dan la mano en una combinación tan insólita como sorprendente. En Oscuro despertar, escrito en segunda persona del singular, la voz narrativa parece ayudar al personaje a rellenar los agujeros de una noche etílica. Acaba de despertar junto a una hermosa mujer y en medio de la resaca y el sopor trata de dar con un hilo argumental que desemboque en su momento actual. Aromas mortales es un cuento humorístico muy breve que parodia el género del relato enigma usando como protagonistas a dos de sus más populares representantes, Holmes y Watson.

También hay una suerte de parodia del género en El caso del violador recalcitrante. Un detective de policía debe investigar una serie de crímenes atroces en los que el arma homicida no es otra que el enorme pene del homicida. El relato se sitúa, al igual que Fumadores clandestinos, en un incierto futuro tristemente parecido a nuestro presente. Ambientación futurista que el autor de Barcelona negra vuelve a utilizar para ofrecernos su visión fatalista de la sociedad y de las relaciones entre sus habitantes, en especial de las relaciones de pareja. En el futuro de Muñoz, “los límites de contaminación estaban rozando la rayita de alarma que nos aconsejaba utilizar las mascarillas y las bombonas portátiles de oxígeno”. Contaminación que ha llevado a una crisis en los índices de natalidad que “obligaba a los matrimonios a acudir al Banco Nacional de Semen en busca del esperma adecuado”. En este mismo mundo en que el sexo ha perdido su función primigenia, el uso del descomunal órgano masculino como herramienta de placer-destrucción tiene un poder de fascinación para las mujeres que roza el masoquismo de tendencias suicidas.

Del mismo modo, La última corrida juega con el binomio sexo-muerte sugerido por el doble sentido del título. Un torero sale a la plaza después de tener una intensa experiencia sexual con una fan que lo estará admirando desde las gradas. En los pasajes de la corrida de toros, Muñoz vuelve a demostrar sus dotes narrativas y descriptivas:
La bestia estaba cansada y una espesa baba colgaba de su morro, que exhalaba su agrio aire. La sangre de las heridas le corría patas abajo y todo su cuerpo era como una desordenada bandera libertaria brillando al sol de la arena. Los pares de banderillas ya no estaban enhiestos, sino que se habían tumbado por los costados entre capotazos y carreras. Miró al hombre que se acercaba con la capa roja y se aproximó a él forzando una corta carrerilla”.

Con Sed negra regresamos al escenario distópico de una Cataluña futurista, ahora mucho más trágico y avanzado en su proceso de decadencia. El retrato postapocalítico que Muñoz nos presenta aquí nos retrotrae a las películas de Mad Max para contarnos una historia pequeña que sirve para dibujar todo un cuadro de barbarie y desesperación. En Vuelo a Orly, sueño y realidad se confunden; o dos realidades paralelas se entrecruzan a la manera en que lo hacen en determinados cuentos de Cortázar. El partido de Haití es un relato de corte fantástico-humorístico en el que el Fútbol Club Barcelona viaja a Haití para jugar un partido amistoso contra el equipo local y descubre lo sorprendentemente peligroso que puede ser infravalorar a un rival. En Última cena en Sofia, otro relato negro y violento no exento de comicidad, un escritor viaja a la ciudad búlgara para visitar a una fan que ha conocido a través de facebook. El viaje tendrá imprevisibles consecuencias.

Fase terminal, otro de los más negros, narra una terrible venganza. El protagonista, Tony Durán, es un expolicía que ha montado un bar tras abandonar el cuerpo. La voz en primera persona cobra un sentido específico conforme avanza la narración y es usada con maestría por Muñoz para meternos en la piel de un personaje por el que hemos de sufrir y de sentir repugnancia al mismo tiempo. Descubrimos quién y cómo es realmente Durán a través de los diálogos de otros personajes, ya que el propio narrador está demasiado pagado de sí mismo como para presentar al lector su cruda verdad, lo que supone un acierto técnico.

José Luis Muñoz
La esclava y Robinsón son dos relatos eróticos que fueron publicados en los años noventa en Penthouse. Ambos giran en torno a relaciones de sometimiento y abuso de poder. El primero toca el tema de la esclavitud en la Norteamérica del XIX y el segundo es una suerte de revisión de la figura de Robinson Crusoe. El último inquilino, el más extenso y uno de los mejCalle cortada para narrar una historia que remite al relato fantástico decimonónico. En ella, un escritor hispano-ruso se traslada a un viejo edificio de Barcelona para descubrir que el piso en el que ahora habita esconde una truculenta historia relacionada con su anterior inquilino. Muñoz maneja con precisión el aumento del suspense, controlando en todo momento el ritmo de un relato que resulta tan inquietante como absorbente.
ores del libro, regresa en cierto modo al universo kafkiano y opresivo de


En su totalidad, Marero presenta un conjunto variado y rico que sin embargo no carece de coherencia, ya que ninguno de los relatos desentona ni resulta prescindible. Con su mezcolanza de géneros y estilos, el libro supone, para aquellos ya introducidos en la obra del autor, una ocasión de volver a disfrutar de todas sus vertientes. Y para aquellos que aún no la conozcan, una buena manera de acercarse a ella.