miércoles, 1 de noviembre de 2017

PRESENTACION “GUERRA Y PAN” EN SINDOKMA

PRESENTACION “GUERRA Y PAN” – SINDOKMA – CENTRE CULTURAL LA NAU - VALENCIA-   OCTUBRE 2017


Bienvenidos y gracias por asistir a la presentación del nuevo libro de Jesús Zomeño, “Guerra y Pan” que viene a ser como el hermano pequeño o un apéndice de este otro, “De este pan y de esta guerra” y que tiene una cronología un tanto particular, sobre la que luego entraré.Pero antes quiero mencionar que este año se cumplen 30 años de la aparición del primer libro de Jesús, “Cuestión de estética”, que se publicó en el verano de 1987. Y no es baladí, hablando del libro que presentamos esta tarde, esta referencia a “Cuestión de estética”. No lo es   porque Jesús no comienza publicando poesía, como mucha gente piensa; sino que su debut literario tiene lugar con un libro de cuentos, donde ya están presentes los territorios geográficos y sentimentales que ya no le abandonarán y que permanecen a lo largo de toda su obra. Por eso, “Cuestión de estética” es un libro seminal que nos ayuda a reconstruir las señas de identidad del autor excepcional que es Jesús Zomeño y nos permite ser testigos de sus primeros pasos en la literatura, de una trayectoria que acaba de cumplir, como se ha dicho, nada menos que 30 años, desde “Cuestión de estética” a “Guerra y pan”.
Decía antes que este libro tiene una curiosa cronología que podemos rastrear hasta 2014 con la publicación en Lengua de Trapo de “Piedras negras”. Cuando publica “De este pan y de esta guerra” lo hace para dar cabida a todos los cuentos que se habían quedado fuera del libro anterior, porque en aquel entonces trabajaba en otros relatos que quedaron cerrados con posterioridad a la publicación de aquel, bien porque el resultado no le convencía o porque estaban entonces inconclusos o porque no pasaban de ser el embrión de un cuento futuro. Como él mismo dice, la experiencia, el tiempo, el profundizar en la psicología de estos soldados, es lo que le permitió acabarlos.


Los cuentos que conformaban “Piedras negras” habían visto antes la luz en la revista digital Agitadoras acompañados de las ilustraciones de Fernando Fuentes, Miracoloso, a quien por cierto, Jesús dedica este libro.  Pero la edición de “Piedras Negras” nos escatima las ilustraciones, con lo que el libro pierde su complemento ideal. Cuando la editorial Contrabando, decide publicar, con muy buen ojo crítico, el nuevo libro de Jesús “De este pan y de esta guerra” tiene la intención de restaurar, de unir, lo que el destino editorial había separado, porque las ilustraciones de Miracoloso inspiradas en los relatos de Jesús son inherentes a su propia literatura, en una especie de do ut des, la fórmula de los antiguos contratos romanos, “te doy para que me des”.

Bien, así llegamos al año 2016, como el “annus mirabilis” de Jesús Zomeño. La editorial Contrabando edita, como acostumbra, con muy buen gusto, con sobriedad y elegancia, “De este pan y de esta guerra” y después del verano la editorial mallorquina Sloper edita “Querido miedo” donde Jesús proyecta una mirada entre nostálgica y elegíaca ante la década de los 80 y que tuve la ocasión de presentar también en este mismo lugar. Dos libros de plena madurez en la trayectoria de Jesús pero con registros e intenciones singulares, dos lecturas distintas pero igual de magnéticas. Ambos libros aparecen en 2017, como candidatos a los Premios de la Crítica Valenciana. Yo no sé si esto ha ocurrido anteriormente con algún autor. Evidentemente, debe ser algo bastante excepcional el que dos libros de un mismo autor sean escogidos, y dentro de la misma categoría, a competir por los Premios de la Crítica. Y, a Jesús le es concedido el Premio precisamente por este libro, “De este pan y de esta guerra”. Y ese galardón, de alguna forma hace revivir el libro, que había aparecido un año antes, y lo lleva al primer plano de la actualidad literaria, con nuevas reseñas y nuevas entrevistas a su autor.

Y, llegados a este punto, como si fuera un leitmotiv de sus últimos libros, vuelve a aparecer el nombre de Miracoloso. El ilustrador y el escritor han encontrado ya un acomodo perfecto el uno en el otro y, por otra parte, la editorial le pide de Jesús que haga una especie de separata con tres o cuatro cuentos que sirva como apéndice para acompañar al libro; y que, por supuesto, contenga alguna ilustración de Miracoloso. Pero lo que Jesús le presenta al editor no es esa separata para que vaya unida al libro premiado que va ya con una faja en la portada a modo de condecoración. Lo que Jesús presenta es un libro con nueve relatos nuevos y que tiene más de 80 páginas, lo que viene a ser más de la mitad en extensión de lo que tenía el libro anterior. Como dice el texto promocional de la contraportada, ese anexo ha devenido “un libro autónomo y autosuficiente” y aparece como un libro más en el catálogo de la colección.

En él encontraremos relatos que se sitúan en el frente, en las trincheras; y otros, en la ciudad, donde se proyecta la sombra ominosa de la guerra, aún conclusa. De los nueve relatos, no sabría con qué quedarme, si con el tremendo final de la Balada del soldado Rusty; con  “Hablemos de la belleza”, donde consigue fundir una crudeza a veces difícil de digerir con un penetrante lirismo;  el prodigio estructural y la vuelta de tuerca final de “Máscaras” que tal vez sea mi favorito en esta entrega; el sugestivo planteamiento de “Una noche en el cementerio monumental”;  el suspense ascendente en “Moneda francesa”, donde la atmósfera que consigue originar traspasa el propio estilo o “Botones” que parte, como muchos de sus relatos de una anécdota doméstica. En los relatos de Jesús, muchas veces se aprecia una correspondencia entre el mundo interior y el mundo exterior, como si estuviéramos pasando de un lado a otro del espejo. Y, desde este punto de vista, para Jesús, la literatura, su morfología narrativa, es un banco de pruebas desde donde abordar esa dualidad. Por ello, los seres que aparecen en sus relatos nos parecen lejanos y a la vez tan cercanos y vivos. La grandeza de nuestro autor está ahí, en saber conjugar sabiamente la reconstrucción del escenario histórico por un lado, y lo puramente humano por otro, en la construcción de unos personajes hechos de nuestros mismos desvelos y aflicciones, nuestras mismas dudas, zozobras y deseos.

Y llegamos con este libro, o con este apéndice, al final de una etapa en la trayectoria literaria de Jesús, ¿o no..? Nunca se sabe. Los que tenemos la fortuna de frecuentar su caldero literario, de visitar el taller del hechicero, sabemos que ahora anda en otras cosas, en proyectos novelísticos que, sin duda, van a ser una revelación en el panorama literario español de este siglo XXI. Yo estoy convencido de ello y le auguro un gran éxito en esta nueva etapa. Pero Jesús no abandona del todo el ámbito de las trincheras y la Europa de entreguerras, siempre con Miracoloso
como ilustrador, se han conjurado para volver a colaborar en la producción de algún cuento para, como dice Jesús en la nota inicial, “no dar por terminado el libro”. 

JUAN C. LOZANO FELICES.  
Octubre de 2017 

martes, 27 de junio de 2017

"ESCRIBO SOBRE LA GUERRA PARA CONOCERME A MÍ MISMO"

ENTREVISTA DE BEL CARRASCO A JESÚS ZOMEÑO publicada en la Revista MAKMA el 04/06/17

De este pan y de esta guerra, de Jesús Zomeño
Ilusstraciones de Fernando Fuentes ‘Miracoloso’
Editorial Contrabando

Jesús Zomeño es abogado y trabaja con su hermano en un prestigioso bufete de Elche. Pero su auténtica pasión es la literatura y en ella se ha volcado tanto en la faceta de escritor como en la de editor de poesía, actividad ésta que abandonó hace algún  tiempo. Trabaja con fervor en tres novelas a la vez y, mientras tanto ha ido publicando una trilogía de relatos ambientados en la Primera Guerra Mundial. ‘De este pan y de esta guerra’ (Editorial Contrabando), ilustrado por Fernando Fuentes, ‘Miracoloso’, la última parte de dicha trilogía, mereció el Premio de la Crítica Literaria Valenciana fallado el pasado 20 de mayo en la Universidad Miguel Hernández de Alicante.
¿Por qué eligió la Primera Guerra Mundial entre las muchas que han existido a lo largo de la historia?
La Primera Guerra Mundial permite una reflexión más universal, me permite hablar de un bando u otro, sin prejuicios ni sectarismos, cosa distinta ocurriría si escribiera sobre la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial. Además, aporta imágenes estéticamente muy poderosas y simbólicas, como son las trincheras, las máscaras antigás, las alambradas… Sin embargo, el principal motivo es que en la Primera Guerra Mundial la supervivencia fue extrema, tanto en el plano físico como en el mental, y eso permite analizar los límites del ser humano. Pero no hablo de la desesperación, mis relatos tienen un trasfondo lírico, una apelación a la belleza, a veces a través del esperpento, porque a mis soldados no les alimenta el estómago sino los sentimientos. Mis personajes luchan mentalmente para sobrevivir porque son optimistas a pesar de todo, como el honesto encargado del urinario de Dublín que se lleva a la guerra el plato de las propinas para acordarse siempre de que tiene que estar agradecido a lo que la vida le dé.
¿Cuál cree que es la batalla más dura que libra el hombre de nuestro tiempo?
La batalla interior. Los poderes fácticos y los políticos lo han reducido todo a la economía, pero la gran revolución pendiente es la felicidad. No hay ningún partido político que presente un plan para fomentar la felicidad y equilibro del individuo, un ocio sencillo y satisfactorio. Es ridículo decirlo, pero está mal visto hablar de sentimientos, eso cada vez forma más parte de la vida interior y secreta de las personas. Se cuidan las patologías, las depresiones, eso sí se permite; pero no se fomenta la felicidad, ni la del individuo ni la social.



¿Cómo ha evolucionado a lo largo de su trilogía?
Del reportaje periodístico a la interiorización. ‘Laberintos’ recogía las respuestas de muchos autores en torno a las preguntas que planteaban unas fotografías originales de soldados. Esa perspectiva coral se individualiza en ‘Cerillas mojadas’, relatos que analizan la biografía y las hazañas de algunos soldados. Sin embargo, a continuación interiorizo y casi suprimo la acción en ‘Piedras negras’ y ‘De este pan y de esta guerra’, son retratos psicológicos. Es un camino de interiorización y mi conclusión es que el hombre despliega mentalmente sus mecanismos de defensa para sobrevivir y ese mensaje es optimista, la auténtica fuerza del soldado en la Primera Guerra Mundial estaba en su cabeza.
¿Por qué el cuento en España es un género minoritario?
Las noticias de prensa y, sobre todo, las digitales ahora son más breves, también nos comunicamos por correo electrónico o vía wasap con mensajes cada vez más cortos; sin embargo, eso no ha abierto camino al relato breve. El microrelato es la imagen de la nueva realidad, pero el relato no ha absorbido ese público. Es posible que la novela plantee una unidad de ritmo y argumento, que si te engancha te mantiene fácilmente, eso es cómodo. Los libros de relatos cambian ritmo, personajes y planteamiento en cada historia y eso cuesta de aceptar. Hay que vaciar la mente, hacer reformas, cambiar el diseño y entonces empezar la lectura, entre un cuento y otro, con la mente preparada. Creo que los relatos exigen más esfuerzo, un ejercicio de renovación mental constante. poderes fácticos y los políticos lo han reducido todo a la economía, pero la gran revolución pendiente es la felicidad. No hay ningún partido político que presente un plan para fomentar la felicidad y equilibro del individuo, un ocio sencillo y satisfactorio. Es ridículo decirlo, pero está mal visto hablar de sentimientos, eso cada vez forma más parte de la vida interior y secreta de las personas. Se cuidan las patologías, las depresiones, eso sí se permite; pero no se fomenta la felicidad, ni la del individuo ni la social.
Háblenos de su último libro, ‘Querido miedo’.
Yo escribo lo que soy, mejor dicho, lo que creo que soy o he sido. Las historias de la guerra intentan ayudarme a conocerme a mí mismo, a través del análisis de situaciones límites. Las historias de ‘Querido miedo’ retratan los años ochenta, el paso del tiempo y aquello en lo que nos hemos convertido los que fuimos jóvenes. Es un retrato lírico y nostálgico del pasado y del presente de mi generación. Por tanto, el ser humano sigue siendo el centro, el protagonista.
¿Cuáles son sus próximos proyectos?
Fernando Fuentes ‘Miracoloso’ y yo tenemos intención de ampliar los relatos del libro ‘De este pan y de esta guerra’. ‘Miracoloso’ está trabajando las nuevas ilustraciones, mucho más personales, y luego yo escribiré los relatos. Será una obra breve de cinco o seis historias, un anexo al libro, que ya estaba previsto antes de concederse el premio, porque la Editorial Contrabando desarrolla una gran complicidad con sus autores.

martes, 11 de abril de 2017

PODRÍA SER UN MEME

Artículo publicado por Agustina Paz Frontera en la revista argentina JENNIFER, el 2 de marzo de 2017, sobre el libro "Hacía un ruido. Frases para un film político" de María Salgado


María Salgado habla lo que le hablan. Se toma la lengua como si fuera una fuerza física. Pregunta si no será la era para destruir el poema y dejar que los versos vayan a la boca para ser dichos, o que los versos se suelten de los poemas y que haya que ir a mirarlos o escucharlos. La poesía, se dice en este no-libro, no es discurso. La poesía es política de la noche. La lengua baja desde los cerros llena de oro. Viene pegada en los intentos de organización contemporáneos. Hacía un ruido. Frases para un film político (Ediciones Contrabando, Madrid, 2016) trabaja con pedazos de lengua emitidos en todo el mundo desde 2011, están montados gráficamente como una constelación de materias convulsionantes y se detiene solo para publicarse. Publicarse es lo único que convierte a esto en un libro.

El orden de la lengua podría ser el desorden. La comunicación podría ser la incomunicación, como ya atinaba María en su libro Ready de 2012 “el deseo opaco de comunicación”, o el deseo claro de una comunicación opaca. Este libro de María Salgado es un libro hecho con tijeras, con recortes palabra a palabra de diarios de la España donde Podemos se dirime si quiere ganar o no, de poesía argentina de los 90, de filmes de Godard, de teoría queer, de viejecitas que aun hablan el idioma de los cerros, del cine y la publicidad. Este es un libro materialista.

Cualquierismo, elegir la traducción para el lado del cualquierismo, María traduce, pega, ensambla, destrama la lengua. Hacía un ruido está obsesionado por empezar a contar de una vez lo que se ve: el pueblo, dice, la universalidad, “de felicidad y libertad, más simetría, más replicabilidad a mansalva. Mejor decirle mundo”. Empezar a decir el mundo como forma de vivir, no para nombrarlo ni para instaurarlo, sino porque es la forma infra y perversa que tenemos de ser: tirando experiencias contra las palabras. Haciendo que las palabras como en un tejo se corran, reboten, vuelvan, se deslicen, digan cosas que nada que ver: pero hacerlas visibles: las palabras se pueden ver, eso dice Hacía un ruido. Y las palabras se pueden mal leer, eso es significar.

Todo este libro meme inabarcable es un gasto, es el exceso de una vida que no puede parar de leer y atar, de significar. Lo que hace ruido, todo lo que hace ruido es lo que nosotrxs hicimos. Si hay ruido, hay escucha, si hay escucha hay escritura, y en este juego de sensualismo se esconde y des-esconde la política.

Hay y no hay política, como en un film hay y no hay movimiento. “Políticas de la noche”. El ruido se opone a la teoría: ¿qué es eso de andar inventando corsetes de sentido a las experiencias? El ruido se avecina, viene desde atrás de los cerros, las ideas, en cambio, ponen un mapa político ahí donde hay un cerro, ¡y lo tapan!. ¿Las ideas, qué hacen? Detienen las formas que aun no existen. El ruido es la forma que tienen las cosas nuevas de avenirse, y el ruido es la forma que tienen las cosas viejas de morirse.

¡hacía un ruido!

Que si ese ruido es lo nuevo o si es lo viejo o es el movimiento. “Un mundo sólo se para con otro mundo”. La autora, el nombre que figura debajo del título, está en Madrid, donde parecía que algo nuevo hacía ruido, algo en el centro de las asambleas pero también algo allende los océanos, cuando cada elemento del mundo-el pueblo-la mundanidad estaba tocado por la política: el amor, por caso, la vida común, el pasado, la lengua, aun así este libro dice: “Hay elementos de la vida cotidiana que no operan ni son directamente entendibles como políticos, que son mundanos”. Y corta la película. No todo sentido es político. No todo verso es poema. No todo otro es impropio. Quizás, existe “la posibilidad de reconocer en el ruido que generan los otros una parte de tu propio sentido está ahí”. Cualquierismo. Nocturnidad. Restos. Ecos, pepitas de oro en ríos barranco abajo.

La obra de María Salgado trabaja con el lenguaje como materia. Puede consultarse además la reedición de su 2do libro 31 poemas Editado por Danke (Rosario, 2015), además de su primer libro Ferias (2007) y Ready (2012) en España. Las performaces de María Salgado son un ruido nuevo que no termina de irse, vivió una temporada en Buenos Aires hace más de 10 años y volvió en 2016 invitada por el Festival de Poesía de Rosario, o es lo viejo que no se acaba de ir, ella además trabaja con el compositor Fran MM Cabeza de Vaca, con quien produce la constante transformación de este trabajo también en versión musical: http://haciaunruido1.tumblr.com/audios.

El Blog de María Salgado http://globorapido.blogspot.com.aron Faceboo

domingo, 5 de marzo de 2017

"NUESTRO MISMO IDIOMA". EPÍLOGO DE ALINE PETTERSSON

GESTACIÓN Y DESTINO DE LA LENGUA. Aline  Pettersson


La novela de Alejandro Espinosa Fuentes, Alex Espinosa para mí, es un libro ambicioso en sus propuestas. Mi primer pensamiento fue el de que se trata de una variación libre de la matrioska, esas muñecas rusas que se reflejan unas en las otras. Y no me queda claro cómo hablar, sin delatar la trama, de Nuestro mismo idioma. Es un libro que ha buscado el cuidado en el lenguaje y tiene la virtud de conducir al lector por diversos caminos, por reflejos de asuntos que no es posible soslayar en este país nuestro, reflejos que conmueven a Tomás, a Alex, a mí y de seguro a cualquier lector.

Pero los temas se desgastan inevitablemente y el acierto del libro es que, a pesar de que se toque el asunto de la delincuencia organizada, por la manera en que está escrito, el autor consigue variar el relato y darle profundidad. Entonces,  ¿quien se acerque a Nuestro mismo idioma estará ante un texto más sobre la violencia en México? De ninguna manera.

Alex ha dicho que el libro es una forma de homenaje a su abuela. Y Marina Henestrosa no es nunca un personaje patético que está  perdiendo la coherencia a causa de un tumor cerebral. Marina es un personaje excéntrico con ideas muy sui géneris que empiezan a deshilvanarse y que, sin embargo, aportan datos fundamentales a la búsqueda detectivesca de Tomás. Este respeto gentil de Tomás hacia la abuela, me parece que rebasa los límites de la ficción para ser una declaración amorosa del autor para con la abuela real que tal vez haya muerto en un tiempo cercano a la escritura del libro, y que Alex deseaba fijar en el tejido de su relato. Fijarla de mejor manera que las cartas que Marina recibió de su padre y que se borraron. En la charla entre la anciana y el muchacho hay un duelo verbal de refranes que Marina Henestrosa emplea y que Tomás revira con otros seguramente aprendidos de ella. Comparten la cercanía de un mismo idioma. Yo me pregunto, sin embargo, si todos poseemos el mismo idioma.

La novela se inicia con un viaje que harán abuela y nieto a Saltillo, región de procedencia familiar. El relato está lleno de guiños, de anticipaciones, de sobre y malentendidos. Llegamos todos a Saltillo y vamos entrando lentamente a universos muy distintos. El autor nos pide atención para seguir las tramas paralelas que se van desarrollando. Así los personajes y sus testigos quedamos atrapados en el Mundo Acevedo. Y el Mundo Acevedo, que en apariencia se está escribiendo en presente, al cabo de las páginas, nos percatamos de que son ideas, reflexiones, descripciones que pueden salir de la boca del fallecido poeta Horacio Acevedo o de otros personajes, o ideas que sobrevuelan la atmósfera de la ficción. Ese mundo quizá es como la propia Marina Henestrosa, que no ocupa el centro de la intriga, pero que, no obstante, su imagen y palabras están siempre en el trasfondo.

En Nuestro mismo idioma se podría hablar de Itzel Villalba como la antagonista de Marina. Mientras la sabiduría de la abuela se apoya en su larga experiencia de vida, en los refranes, en su amor por el terruño y en preguntas que ella se hace como: ¿qué sucede con las palabras dichas en el teléfono, a dónde se van si no alcanzan el otro oído? En Itzel sus conocimientos se fincan, tanto en su amplia cultura literaria y lingüística, en su anterior vida frívola y lujosa en Europa, como en su obsesión por desmenuzar las palabras para llegar, de ser posible, a su origen. Esa fascinación por el origen de las palabras no deja de ser una búsqueda obsesiva de Itzel y muy interesante del autor sobre las raíces lejanas del lenguaje que hoy compartimos. Se puede decir que mientras una mujer indaga sobre el destino último de las palabras, la otra lo hace sobre su gestación.

Alejandro Espinosa Fuentes
Hasta este momento ningún lector podría imaginar el vuelco que darán los sucesos en los que se ven enredados los protagonistas. Las historias toman otro derrotero y Tomás queda atrapado. Pero Tomás queda atrapado, también, por los fuertes recuerdos infantiles que, de cierta manera, desencadenan la situación o situaciones incluso a partir del manejo fantasioso del tiempo. Tomás se convierte en un receptor de la lengua y, cuando le es posible, comparte la inquietud de sus reflexiones con su insólito confidente, el gato Semónides.
El erotismo violento, el amor juvenil y, por otro lado, las componendas del poder político, empresarial y delictivo, ligadas frecuentemente entre sí, aparecen en esta novela sin estridencias léxicas que, desde mi punto de vista, es un acierto, porque cala con mayor hondura el discurso ponderado que el grito histérico.

Al aproximarse el lector al final del libro, duda sobre cuál fue la historia verdadera. Sabe, sí, del destino último de la abuela pasados un par de años. Sabe también del final de la novela que el mismo Tomás intentaba escribir dentro del relato. Sabemos que el velorio de doña Marina Henestrosa es en Gayosso de Félix Cuevas y que la casa de la familia, donde ella murió, está ubicada en la colonia Narvarte. Nosotros estamos de vuelta en el mundo que conocemos y nos redescubrimos en el instante en que Tomás se ve reflejado en los rostros de sus parientes y comprende que la muerte es la esencia del vínculo de nuestra humanidad, “el largo anhelo de un mismo idioma”.



martes, 8 de noviembre de 2016

ENTREVISTA A MARÍA SALGADO

“El reto de Hacía un ruido consistió en plasmar un hecho político tan significativo como la revuelta sin consumirlo ni estetizarlo"


Con motivo de la presentación en Valencia de su libro "Hacía un ruido. Frases para un film político" (Contrabando, 2016), María Salgado entabló un diálogo con Fede Fojas acerca del lugar de este libro en el conjunto de su obra, su vinculación con la revuelta del 15M y el papel de la política en su poesía.


¿Qué lugar ocupa Hacía un ruido en tu trayectoria?

Hacía un ruido organiza un tiempo de mi investigación como poeta. Tardé cuatro años en escribir Ready. Hacía un ruido también me ocupó otros cuatro años de exploración. La diferencia entre ambos radica en el procedimiento de escritura: aunque Ready pone en cuestión la forma del poema, mantiene su estructura lírica; Hacía un ruido explora otras opciones como el collage, expansiones alternativas en la página o la mezcla de materialidades verbales. Esta apuesta no se reduce al mero juego con el sistema poético sino que surge de la necesidad de contar una realidad nueva que busca ser codificada con un nuevo lenguaje: estoy hablando de los acontecimientos sociales, políticos y económicos de los últimos años, pero no desde la mirada de los medios ni del discurso académico. Tengo la sensación de que mis obras me han llevado a trasladar estos fenómenos al terreno poético, a buscar una voz o voces que sean capaces de hablar por lo que pasó en la Puerta del Sol: ¿Cómo enunciar el disturbio? ¿Cómo trasmitirlo? ¿Cómo descifrar su mensaje? ¿Qué nos está diciendo respecto al tiempo histórico?
Ready

El intento de incluir otras voces dentro de tu poemario ¿no rompe también con el protagonismo del Yo poético del autor?

Hay una forma que solemos asociar con la poesía que ocupa demasiado espacio en el archivo de nuestra memoria. Poesía es el uso del lenguaje que no tiene que ver con dar información. Es un trabajo con la lengua que busca mirarla.
El cuestionamiento de la poesía tradicional parte por el cuestionamiento de su protagonista. Este Yo poético es un producto histórico, no una constante en la poesía. A lo largo del tiempo ha habido más yoes y menos yoes, incluso ha habido propuestas para transformarlas en otra cosa. En Hacía un Ruido, las partes biográficas están confundidas con otras voces. Es una manera de abrir el espectro de yoes: mi yo biográfico estuvo en el 15M, mi yo poético es una elaboración compleja sobre una materia que estuvo allí, pero quiero incluir más gente porque considero que mi experiencia no tuvo tanta relevancia, porque estaba conectada a un acontecimiento mayor que nos unía a todos los presentes en la Plaza del Sol. En el fondo, el 15M no fue una agregación de vivencias individuales, fue una experiencia colectiva que fluía entre los cuerpos. Por este motivo tenía que romper con el convencionalismo poético de dar una mayor relevancia al Yo del autor. No quería traicionar el espíritu asambleario.

Ya que mencionas los acontecimientos del 15M, ¿Qué lugar tiene la política en tu poesía?

Para mí el reto de Hacía un ruido consistió, ante todo, en contar o plasmar un hecho político tan significativo como la revuelta sin consumirlo, ni estetizarlo de manera estancada. Era necesario conservar el misterio en torno al cual giraba el 15M, incluir a sus protagonistas; estas eran las cuestiones que me tenían preocupada mientras que escribía el poemario: hacerme cargo de ese mundo. Una de las soluciones fue manipular un audio en el que la protagonista contaba una historia sobre un hecho pasado, mi intencionalidad fue la de generar una complicidad entre el lector y el protagonista de la historia de tal manera que surgiera una sensación de comunidad, una comunidad que conviviera en el texto poético.
En cuanto a la política, creo que ha sido una de las preocupaciones del arte contemporáneo y que existen mil maneras de resolverla. Mis libros tienen que ver con el tema de la política y una exploración formal que intenta trazar unas utopías de comunicación como horizonte. En Hacía un ruido prima la parte temática: los contenidos son las frases sobre la política, unas frases feas y prosaicas que no están revestidas de la belleza de otros temas. El collage como forma, como manera de construir con otras voces, es una apuesta estética muy política porque busca poner estas voces en un mismo plano para que el lector juzgue. Ezra Pound, en uno de sus poemarios más importantes llegó a incluir a los protagonistas sociales y económicos de su tiempo: habló de políticos y banqueros con nombres y apellidos juntándolos con el Ulises de Homero o Arnaut Dariel, ningún tema le era ajeno. Este era para mí el reto: dar cabida a esas frases feúchas, esas frases sin vuelo, no codificadas por la literatura, intentar mirarlas desde el prisma de la poesía sin transformarlas.

María Salgado dialoga con Fede Fojas
Sin embargo, en Hacía un ruido no solo trabaja con esta polifonía de voces sino que también se constituye como una reflexión poética en torno a una serie de palabras o conceptos vitales para la representación (o presentación) del mundo político en la poesía. Por ejemplo, ¿podrías hablarnos del concepto invisible-existente al que recurres repetidamente a lo largo de tu poemario?

La pregunta fundamental de cualquier sistema de pensamiento se puede plantear de una manera sencilla: ¿Qué es esto? Y luego ¿Quiénes somos? En Hacía un ruido, es la pregunta emocionante por el sujeto de nueva formación que ha perdido su relato histórico y categórico: ya no es campesino, ni plebeyo, ni proletario… Hasta la palabra ciudadanos está tomada por un lado del espectro político. La disputa por la apropiación de estas palabras pertenece al terreno de la filosofía política, lo que pretendo es escenificar la disputa. Conceptualmente es una aspiración ambiciosa, pero materialmente creo que es humilde porque incluye desde especulaciones superficiales hasta las reflexiones de Ranciere. Todos están situados a la misma altura. Es el lector quien tiene que posicionarse.

lunes, 18 de julio de 2016

OSCUROS Y MARAVILLOSOS

Artículo publicado por J. Albacete en EL OBSERVATORIO de la revista Foros XXI (Julio 2016)

J. Albacete

Con esos términos define Sergio Chejfec los libros de Carlos Ríos, el prodigioso escritor argentino que hace por fin su entrada en España de la mano de Contrabando

 A veces no resulta fácil explicar por qué determinados escritores esenciales de nuestra lengua tardan tanto tiempo en entrar en el mercado español. La verdadera respuesta debe estar en el viento, como diría Bob Dylan, porque ateniéndonos a criterios puramente terrenales no cabe sino preguntarse si la industria editorial española se ha hecho ya tan "conservadora" que  no está dispuesta a jugarse el tipo por ningún escritor que no figure de antemano en el casillero de "suficientemente comercial". 

El caso de Carlos Ríos es como mínimo sorprendente porque sus libros despiertan verdadero interés en Argentina (¿quizá el mercado literario más avanzado de nuestra lengua?) desde hace muchos años, mientras sigue siendo un auténtico desconocido en España. Quizá el motivo para ello no sea otro que el que se deriva de  esas dos palabras elegidas por Sergio Chejfec para definir los libros de Carlos Ríos: ese "oscuros y maravillosos", que despiertan sin duda una atracción salvaje sobre el lector menos adocenado, mientras que siembran el pánico sobre aquellos que exigen a la lectura simplicidad, comprensión y evidencia, que el texto no les rete, ni les interrogue, ni les conduzca a territorios ignotos, y sobre todo que no les obligue a pensar.

Por todo ello no cabe sino saludar la iniciativa de Ediciones Contrabando de comenzar a introducir en el mercado español a un autor que, sin duda, está llamado a ser un referente literario en muy poco tiempo.
El libro publicado incluye dos textos muy diferentes, pero que acaban configurando un interesantísimo díptico que ilustra bien el peculiar sistema narrativo de Carlos Ríos, escritor "de la Costa", nacido en Santa Teresita (Buenos Aires, Argentina) en 1971, autor de numerosos libros de poesía y también de novelas y relatos, que residió varios años en México antes de volver a su país, donde, entre otras cosas, integra el consejo editor de la publicación digital BazarAmericano.com y coordina talleres de literatura en cárceles bonaerenses.

El primer ingrediente del libro es Manigua (2009), novela de apenas 60 páginas, y verdadero hit del autor. Como afirmaba el gran crítico Oliveiro Coelho, en Los Inkorruptibles, "Cada tanto aparecen novelas que rompen silenciosamente con algunas convenciones narrativas, sin subrayar su propio experimentalismo ni escenificarlo en un ámbito que no sea el esctrictamente literario. Manigua tiene la cualidad extraña de ciertos relatos cuya singularidad radica en la naturaleza -o en la ausencia de artificio- con la que presentan el acto de narrar".
Situada en un tiempo impreciso (un presente ambiguo o un futuro indefinible) y en un lugar indeterminado (África es el escenario más plausible), Manigua relata un viaje iniciático destinado a cumplir un inexorable mandato paterno: Apolon debe conseguir una vaca para sacrificarla en el nacimiento de su enésimo hermano o morirá de sed atado a un palo. En un plano paralelo, la novela se hace eco del diálogo de Apolon con su hermano, ya gravemente enfermo y a las puertas de la muerte, sobre las vicisitudes de aquel viaje increíble, que discurre entre pavorosas guerras de clanes, epidemias de peste, hambrunas y saqueos, atravesando desiertos o en una ciudad de plástico y cartón.
"Con su concentrado lirismo y su brevedad -dice Gabriela Cabezón en la Revista Ñ-   Manigua se anima a mucho: desarrolla una hipótesis poética del apocalipsis, de los últimos desastres, de la desintegración de la cultura en un mundo posatómico, analfabeto, que ha vuelto a la oralidad y a los mitos propios de la prehistoria, como si la cultura se cerrara volviendo a los orígenes. Y genera imágenes de desoladora belleza, en las que conviven basurales con mandatos tribales y tecnología de punta con guerra de clanes".
La novela discurre a la vez sobre un suelo mítico y una esfera de absoluta cotidianidad, remite a viejos imperativos tribales y a modernas migraciones cataclísmicas, integra usos y costumbres ancestrales con la aparición de móviles o artefactos hospitalarios actuales. Disuelve e integra el tiempo, formando un espacio narrativo único en que pasado, presente y futuro diluyen sus excluyentes fronteras. Y comprime asimismo el espacio a un territorio tan ignoto como reconocible.
Escrita de forma fragmentaria, como si se tratase de un diario poético, Manigua como reflexión sobre la disolución, sobre la aniquilación, "nos brinda un lugar desde donde pensar el mundo".

Un extenso y extraño relato del año 2012 (El artista sanitario) completa este extraordinario díptico con el que Carlos Ríos hace su irrupción literaria en España, de la mano de Ediciones Contrabando. 

sábado, 18 de junio de 2016

PRÓLOGO DE SERGIO CHEJFEC PARA "MANIGUA - EL ARTISTA SANITARIO" DE CARLOS RÍOS

Prólogo
Sergio Chejfec


Si basado en los rasgos de su escritura uno jugara a asignar oficios a los escritores, a Carlos Ríos le cabría el de relojero. Aun cuando sea un trabajo en desuso, más bien precisamente por eso, la baja población del oficio no habla tanto de una tarea asumida por pocos como de esa condición fuera del tiempo normal, ensimismada, que se adivina en quien se vuelca hacia adelante por el peso de su monóculo. Voy a tratar de explicar brevemente este símil que encuentro entre Ríos y los relojeros. En primer lugar, sus textos son acotados aparatos de precisión. Cuando digo aparatos no quiero sugerir que sirven para algo más que para ser leídos, y sin embargo funcionan como si fueran imprescindibles para dar forma a aquello que recogen de alguna dimensión de la realidad y que hasta ese momento no se veía --y por lo tanto, uno cree, estaba y no estaba--. ¿Cómo funcionan esos artefactos? Según sus propias reglas: un mecanismo de mención de las acciones, unas contiguas a las otras organizan así un cuadro funcional, al igual que esas máquinas cuya utilidad no se pone enseguida de manifiesto, como los juguetes. En segundo lugar, así como un relojero no relata el tiempo sino que asigna esa tarea a su creación, Ríos no cuenta directamente lo que sus relatos describen sino que se pone un poco por encima de ellos, como si de otro modo corrieran el riesgo de tornarse falibles. Ríos ve el cuadrante (la página), las agujas (los personajes), las marcas de las horas (lo contingente) y decide mencionar lo que ocurre antes que prestarle alguna voz. Luego se asoma a la parte de atrás, el llamado mecanismo, y lo regula de modo que funcione con parsimonia, a una misma velocidad, siempre.
Carlos Ríos
En tercer lugar, las historias de Ríos parecen pertenecer a un tiempo profano imposible de conjugar en pretérito, presente o futuro. Tienen un aliento del pasado, tal como es propio de todo reloj atribuirse un mismo funcionamiento inmemorial aun cuando sea recién fabricado. Imagino la voluntad de Ríos como la de una deidad sin nombre que actúa a favor de la sincronización, de las tragedias sublimadas por la simultaneidad, del continuo presente que nos convierte en sísifos de aquel otro reloj --el de la prolija y cruel historia--, que ha dejado de socorrernos y en donde se resumen como una letanía todos y cada uno de los dramas del pasado.


martes, 3 de mayo de 2016

Entrevista a Jesús Zomeño por Ginés J. Vera

Entrevista de Ginés Vera a Jesús Zomeño publicada en el blog "Maleta de libros"2 de mayo de 2016


Este año de celebraciones literarias recalo en un autor que acaba de publicar un libro de relatos con un tema de fondo no de celebración, pero si de reflexión al cumplirse un siglo del final de la Primera Guerra Mundial. En "De este pan y de esta guerra" (Contrabando, 2016) no hay relatos de guerra propiamente dichos, como el propio autor nos desvela. Destaco también otra curiosidad. El libro incluye ilustraciones del vallisoletano Fernando Fuentes (Miracoloso) quien (y he aquí lo curioso) ha ilustrado, entre otras obras, una titulada ‘Duelos y quebrantos’ que ineludiblemente me ha evocado otra de los conmemoraciones de este 2016, el del fallecimiento de Miguel de Cervantes. A continuación la entrevista que tan amablemente me concedió Jesús Zomeño, agradecido.

Siendo un especialista en la Primera Guerra Mundial y un coleccionista de objetos de aquella época, según leo en el prólogo, la cita con la literatura era más que obligada en este 2016 cuando se cumple un siglo de aquella contienda.

En 1916 es cuando se producen las dos batallas más sangrientas y absurdas, la de Verdún y la del Somme. También es cuando los soldados pierden el orgullo y esconden la cabeza en los cascos de acero. Comenzaron la guerra con sus gorros ligeros, pero en 1916 se generaliza el uso de los cascos. El soldado aceptaba su condición de máquina, la guerra pierde su ideal y el hombre muestra que tiene miedo. 

Me han llamado la atención los dibujos que acompañan a los relatos, de Miracoloso, en blanco y negro para reflejar, cuando no remitirnos a la dureza de esa Primera Guerra Mundial

Mi cita con Fernando Fuentes (Miracoloso) era algo que dependía más del destino que de la lógica. Tenemos mucho en común, la primera vez que hablé con él fue hace más de quine años, no nos conocíamos pero lo llamé por teléfono y estuvimos más de una hora hablando. Sus ilustraciones tienen mucha fuerza y son inquietantes, como si se dirigieran directamente al espectador para advertirle de un mal. Personajes siniestros que advierten de que se han convertido en siniestros por la guerra.

También, y aquí leo en la nota preliminar, que estos relatos tienen cierta relación con una obra suya publicada en 2014, no tanto como continuación sino más bien como antecedente de aquella.

Si, en el año 2014 publiqué “Piedras negras” (Editorial Lengua de Trapo). Para ese libro comencé algunos relatos que entonces me resultaron demasiado ambiciosos, historias que no supe explicar y que quedaron tiradas por los archivos del ordenador, sin acabarlas. Por eso digo que necesité escribir un libro entero (“Piedras negras”) para poder escribir luego estos relatos. El primer libro me ayudo a madurar y sintetizar lo que de verdad quería expresar en relatos como “Dos dientes de oro” En este cuento quería expresar cómo la mezcla de ignorancia, imaginación y optimismo se podían abrir paso en la guerra. Presenté al personaje y lo definí en el año 2006, pero no podía imaginar cómo terminaba su historia. En el año 2014 volví al personaje, primero lo distancié del lector y lo convertí en grotesco sin restarle ingenuidad, por eso lo hice cazador de ratas en las trincheras; luego lo empujé un poco más y lo dejé sonriendo en la mayor de las fatalidades, camino de Auschwitz en la Segunda Guerra Mundial.

Si hay una voz narrativa que predomina en estos relatos es la de la primera persona, la del narrador que cuenta casi a modo de diario, mostrando una realidad intimista a pesar de que según el protagonista de ‘El urinario’, ‘Las personas cuidamos nuestra intimidad con demasiado esfuerzo’.

En el fondo son retratos psicológicos, reflexiones acerca de cómo resistir la guerra y cómo ésta termina afectándonos. Por eso el contenido puede universalizarse ¿Cómo resistimos la adversidad? Terminamos afrontando la crisis económica, la enfermedad, la vejez... ¿cómo lo hacemos? Supongo que en estos relatos y en el anterior libro “Piedras negras” busqué la respuesta.

Coméntenos esa frase del protagonista de ‘Una ciudad en la India’ al afirmar que ‘solo la belleza nos redime y a ello nos aferramos por encima de todo. (…) para que nos distraiga del horror que vivimos’.

Es un mecanismo de defensa. El relato trata de un soldado que hace lo que tiene que hacer, cumple con su deber, mientras piensa en otra cosa. El soldado tamiza toda la crudeza de un ataque enemigo, busca en todo momento camuflar el horror con la belleza, sustituir un hecho por un recuerdo hermoso, para superar lo que no podría soportar sin esa imaginación. Aquella ciudad de la India en la que piensa es como la Itaca de Kavafis, pero en este caso el viaje es el horror y la referencia del destino final, Itaca, sospechamos que es inalcanzable.

A pesar de ese horror he querido ver en los protagonistas de estas historias cierta gratitud, acaso cierta aceptación del destino; en ‘Después del ataque’ el protagonista dice: ‘Acepto la fatalidad como los soldados cuando suena el silbato y saltan fuera de la trinchera’.

Si, supongo que después del horror desarrollan sus mecanismos de defensa y luego, al final, se trivializa todo por la costumbre y surge la normalidad y el optimismo. Me gusta creer que el ser humano es optimista por naturaleza. En el relato “El urinario” el empleado de un urinario se lleva consigo a la guerra el plato de las propinas porque siempre espera “de la vida recoger algo por lo que estar agradecido”. A pesar de lo vergonzoso que pudiera parecer su trabajo, el lo describe con elegancia y afecto hacia sus clientes, por eso se lleva el plato de las propinas, porque más allá de su urinario en Dublín él espera siempre que la vida le siga dando propinas, esté donde esté.

Hay una buena dosis de metaforización, de costumbrismo más allá de la primera impresión para quien crean que son relatos bélicos o sobre la guerra, pues hay más de supervivencia, de melancolía vital, cierta nostalgia del tiempo o tiempo de nostalgias.

Los personajes del libro son víctimas de las circunstancias, víctimas de la historia que otros escriben y ellos simplemente sobreviven, con sufrimiento, artificio y optimismo. La guerra de trincheras les ha demostrado que su vida no tiene valor y ellos lo han aceptado, pero lo aceptan renunciando a las cosas importantes y sustituyéndolas por otras cosas sencillas que para ellos empiezan a ser más importantes. Así, el soldado que se relaja viviendo en una escalera, donde no sufre ni tiene miedo, sube o baja sin miedo a equivocarse porque puede volver a subir o volver a bajar; por eso decide pasar su semana de permiso en la escalera de un edificio abandonado, no quiere nada más para estar tranquilo y ser feliz. El personaje de la escalera, se ha convertido en un hombre que renuncia a su historia, a volver a casa, donde podrían pasar muchas cosas, y se conforma con la calma y el equilibrio mental después de todo lo que ha vivido.

Por encima de la ficción, la columna vertebral de verosimilitud es esa Primera Guerra Mundial, aunque también se asoman otras pinceladas de veracidad al nombrarse el atentado de Sarajevo, el hundimiento del Titánic o a ese pintor austriaco sin talento llamado Adolf Hitler.

Las referencias históricas que hacen los personajes suelen tener un carácter simbólico y triste, porque mis personajes son antihéroes. En el relato “Naranjas” el protagonista es un soldado que está en la trinchera y recuerda que su amada se suicidó el mismo día del atentado de Sarajevo y reflexiona: “Pobre Sophie, su muerte no tuvo tanta trascendencia”. La referencia a Hitler es el efecto mariposa, un coche que pasa y unos niños que humillan a un hombre y eso le hará perder el valor y desencadenará años después la tragedia más terrible del siglo XX.

La literatura se nutre de literatura, más allá de ese personaje en ‘Central Line’ al que le gustaban los relatos del ‘Strand Magazine’, si se nombran a grandes escritores como a Victor Hugo, Dostoievski o Dickens. ¿Otro guiño de la presencia inexcusable de la literatura hasta en tiempos tan oscuros?

Constantemente se mezcla la realidad y la ficción. Creo que mis personajes saben que ellos mismos son criaturas literarias y juegan con esa ambigüedad. Por eso, cuando los personajes hablan de la ficción, están hablando de algo que es igual de real que ellos. Para sobrevivir no importa ser mentira. En el fondo, la guerra resulta increíble para los soldados y terminan inventando argumentos para sí mismos. De todas formas, mis personajes no son intelectuales, más bien al contrario, muestran su devoción y todo su asombro, por ejemplo, con un abrelatas. Como explica el personaje: “Nadie hubiera imaginado que en la guerra ocurrirían estas cosas, que la mayor preocupación fuese un abrelatas, pero ahora me doy cuenta de que la guerra está plagada de cosas insignificantes y absurdas”.



jueves, 25 de febrero de 2016

“DE ESTE PAN Y DE ESTA GUERRA” DE JESÚS ZOMEÑO, POR FRANCISCO GÓMEZ

Publicado el 13 de febrero de 2016 en el blog Frutos del tiempo.

La trilogía de la Gran Guerra, según Jesús Zomeño. 100 años nos contemplan
DeEstePan-web“Me atrevo a decir que “De este pan y de esta guerra” es el libro más acabado de Jesús, el más unitario, y el que más a fondo y mejor introduce al lector, si se me permite el neologismo, en el universo zomeñesco. Es también su libro más personal. Un asombroso examen de conciencia de un autor que no deja de explorarse. Resumiendo les diría que estamos ante un libro de una intensidad tan directa e inmediata que se diría casi física”. Así habla Juan Lozano, prologuista de la última obra del escritor y poeta, Jesús Zomeño sobre el principio originario de una trilogía de obras ambientadas en la Primera Guerra Mundial, hace ya 100 años, cuando esta guerra es el escenario para presentar el retablo de la condición humana que nos plantea el escritor en las entregas “Cerillas Mojadas”, “Piedras Negras” y ahora “De este pan y de esta guerra”, editada por Contrabando de Valencia.
    El acto se celebró en la tarde del 11 de febrero en la librería amiga de Ali-i-Truc con presencia del editor, Manuel Turégano, y el presentador de la obra, el poeta Javier Cebrián y el propio autor, Jesús Zomeno (Alcaraz-1964) con nutrida presencia de público, entre ellas la edil de Cultura del Ayuntamiento de la “city” de Elche, Patricia Maciá. Hay que reconocer que Jesús Zomeño tiene tirón entre unos lectores que ha consolidado. Más aún, me atrevo a asegurar (no es la primera vez que lo hago) que será uno de los escritores que viven y escriben en Elche que quedará en la historia de la literatura no sólo local. Muchos caerán por los desagües del olvido, pero Jesús Zomeño no. Al tiempo.
El editor de Contrabando, Manuel Turégano, que dirige una nueva editorial valenciana desde 2013 declaró su “amor, cariño y vicio por la literatura. Siempre he sufrido el “mal de Montano”, el mal de la literatura”. Zomeño reúne el perfil del “contrabandista”. Me convertí en un devoto más de sus relatos. Por su concisión y exactitud con una prosa cruda y aire poético concentrado. Es un escritor con mayúsculas, venda más o venda menos”.
El presentador del libro, Javier Cebrián apuntó que Jesús Zomeño fue su primer editor. “Siempre lo he conocido como poeta y narrador. Jesús es peculiar y con sus relatos y poemas se ve”.
Cebrián, buen conocedor de la obra de Zomeño, subrayó que estamos ante el tercer libro de la trilogía de la guerra del universo de Jesús, “pero éste es el originario. El más acabado, personal, el más unitario. Lo importante de este libro no es la guerra. Es una auscultación de la condición humana. Puede convertir en parodia, en grotesco el sufrimiento, el miedo, la muerte cuando el hombre intenta sobrevivir. Jesús nos cuenta, nos introduce en la historia. Parece que él haya estado en las trincheras.
El poeta destacó que tiene un grupo de 10 ó 12 relatos “magistrales. Lo menos importante es la guerra. Detalla la condición humana; heroica por su cobardía y el menosprecio por la vida del otro. Además de conmover, nos perturba”.
Que hable por fin el protagonista, el autor de “De este pan y de esta guerra”. Zomeño desvela algunas claves: “es un libro a mitad de camino entre la prosa y la lírica. La guerra no es la protagonista pero es fuente de optimismo porque los personajes siguen adelante.  El ser humano siempre crea un mecanismo de defensa frente a lo que ve, lo que siente, lo que le sucede. He dado un paso dentro de ese heroísmo y la guerra se convierte en un mecanismo de defensa, también con su voz irónica.
El autor de “Lengua azul” leyó algunos pasajes de los relatos de su nuevo libro, con ilustraciones de Miracoloso como “El urinario” (Dublín, 1916), año crucial de la Gran Guerra, “El queso” o “La escalera”, una de las historias que más le costó escribir, como él mismo reconoció.
Leer a Jesús Zomeño es la aventura al conocimiento del interior del ser humano y sus mecanismos de defensa frente a la adversidad, el desaliento, la soledad, la incertidumbre y la muerte, condimentado con las dosis de optimismo de sus personajes que quieren salir adelante en este oficio de vivir.