jueves, 5 de febrero de 2026

‘CUBA CIENTÍFICA’: JORGE ENRIQUE LAGE PUBLICÓ SU MÁS RECIENTE NOVELA EN ESPAÑA

El escritor cubano Jorge Enrique Lage publicó en España su novela Cuba Científica, editada por el sello valenciano Ediciones Contrabando. Es la historia de alguien que compra una librería de viejo en La Habana, especie de “almacén de libros olvidados”, y de Laura, crítica de arte que “vuelve desde Miami” en busca del protagonista, JEL, “un artista visual cuya producción, críptica y conceptual, ha despertado su interés”.

Y, claro, ella va a escribir un diario en que trata de “descifrar el sentido de su obra y canalizar su propio impulso testimonial tras su retorno a Cuba”, indica la editorial. “Cuba Científica plantea la convivencia de dos realidades alejadas en el tiempo. [A saber,] una Habana anclada en el pasado, representada por la librería de viejo [y] una Habana en la que irrumpe la modernidad a través de los ojos de Laura”.

Presentada por su autor en la última Fira del Llibre de València (del 24 de abril al 4 de mayo), la novela toma su nombre de la librería, “Cuba Científica”; pero la historia de JEL y Laura ya había aparecido como Libros raros y de uso (Casa Vacía, 2023), destinada a ser, según Orlando Luis Pardo Lazo, “el más tierno testamento de una Cuba tan científica como el castrismo”.

Otro escritor cubano la reseñó en Hypermedia Magazine: “«Estoy solo, toda la mierda literaria ha ido quedando atrás», dice otro de los personajes de este dispositivo prosaico toda vez que echa mano de la prosa, la ironía, el cinismo y de un humor tan fino como un abrecartas pringado de veneno”, escribe Ahmel Echevarría. “Ese personaje es JEL, artista visual que antes fue escritor; en su CV hay al menos un libro de su autoría: Archivo. El libro de JEL nos sitúa de plano en el CV del autor de Libros raros y de uso: el exbioquímico Jorge Enrique Lage”.

Echevarría insiste en comprobar las coincidencias biográficas de autor y personaje —ego y alter ego–, pero quizá es todavía más relevante el hecho, a estas alturas nada sorprendente, de que “en la cabeza de ambos hay instaladas obsesiones similares: psicológicas, culturales, literarias y políticas”, apunta, y agrega: “Lo fragmentario y lo esquizo, más el afán de hurgar en el tejido social y cultural, de apostar por lo extraño, lo periférico y lo marginal, como si hurgara con un palito en la mierda, son las marcas que puede rastrear el lector en la obra de Lage y en la narración del Librero”. 

No es casual que Ediciones Contrabando afirme que en Cuba Científica –un título, seguramente, más comercial– “la literatura actúa como vía para el descubrimiento de la propia identidad y, a su vez, refugio de la memoria, compuesta por un corpus de lecturas que crece constantemente”.Ya Ahmel Echevarría ha advertido sobre “el espíritu del libro”, y de su autor, empuñando esta otra cita del último “artefacto” de Lage: “Si he sido algo, si he sido alguien, he sido lo que alguna vez llamaron «autor de ficciones experimentales». Una etiqueta generosa y de sabor optimista para calificar a alguien que escribe cosas estrafalarias, desestabilizadas, poco amables, poco legibles”. 

Y desde Valencia lo confirman: “A través de una estructura poco convencional, la novela reúne un collage de textos que reviste al libro de un carácter interdisciplinar que emana necesariamente de las prácticas culturales de las que son herederas las formas de consumo de la sociedad contemporánea”, resumen la web de Contrabando. “De esta manera, Lage desafía al lector con una idea de literatura capaz de reconstruir el pasado e imaginar una Cuba alternativa en la que lo raro no es solo lo que se colecciona en las librerías, sino también la propia experiencia de la lectura en una época caracterizada por la saturación y el ruido”.

También autor de las ficciones incluidas en El color de la sangre diluida (2008) y Vultureffect (2011), así como de las novelas Carbono 14. Una novela de culto (2010), La autopista: the movie (2014), Archivo (2015, 2020), Everglades (2020), Jorge Enrique Lage es un escritor cubano a quien –según aseguró él mismo a Latin American Literatura Today– nunca le ha interesado el realismo, aunque sí “las ciencias, como tema”.

“Lo que yo soy es un lector”, ha dicho. Pues eso… el librero de Cuba Científica.

RIALTA STAFF

RIALTA STAFF
Rialta, Alianza Iberoamericana para la Literatura, las Artes y el Pensamiento es una asociación civil con sede en Querétaro, México, de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural, artístico, científico y tecnológico.

SOBRE "desterro" DE CARMEN CRESPO

 Texto de presentación-reseña de "desterro" leído por Juan Hospital y posteriormente publicado en la Revista Turia

Buenas tardes.

Antes de nada, quería dar las gracias a la Fundación, y daros las gracias a todas y a todos los que habéis asistido hoy a este encuentro con Carmen Crespo; un encuentro que tiene como motivo la presentación y lectura de su último libro de poemas: “desterro”

Carmen es una poeta de trayectoria consolidada, lleva publicados un número considerable de libros, algunos de los cuales han sido galardonados. En el año 2016 recibió el Premio Internacional de Poesía César Simón por “Teselas”; en el 2020 el Premio Nacional de Poesía José Hierro por el poemario “en sí ni un solo momento”; recientemente ha publicado “lugar no territorio”, y en el pasado año 2024, el libro que hoy nos convoca: “desterro”

II

En esta presentación me guiaré por las impresiones que el libro ha despertado en mí, se trata, por tanto, de una lectura personal que quiero compartir.

La palabra que da título al poemario - “desterro”- me resultó familiar cuando la leí por primera vez, de algún modo la entendía, pero acudí al diccionario y ahí no estaba. Esta situación de desamparo, unida a la voluntad de seguir leyendo, me obligó a confiar en lo que el propio texto me sugiriera, sin necesidad de acudir a la literalidad de las palabras. Un parecido desconcierto se desencadenó cuando leí palabras que sabía que ya habían sido codificadas, pero que agrupadas del modo en que lo hacían en el interior del texto, perdían su fijeza y desbordaban su significado canónico.

Quise entender que ese desbordamiento no suponía deformidad, no afeaba su carácter, e intuí que se trataba más bien de un ensanchamiento del vocablo, de un estado de crecimiento, de una auténtica reconfiguración creadora.

Este juego de desplazamientos, en el que palabras “irreales” -entre comillas- toman carta de naturaleza y palabras reales se desnaturalizan, añadió un punto de perplejidad a la lectura y proyectó en mí, una sombra de sospecha sobre el propio lenguaje.

Dice Deleuze que se puede escribir de dos modos. Que escribir consiste, o bien, en adecuarse a un código de enunciados dominantes referidos a un orden de cosas establecidas, o bien, que escribir es devenir.

En la primera acepción el escritor ocupa un territorio, se asienta y toma posesión de él, en ese territorio reina el escritor, y se rige por lo que dicta su escritura.

En la segunda acepción, el escritor deviene algo distinto, habla como un extranjero en su propia lengua, tartamudea, se mueve por un lugar de perfiles cambiantes que no logra fijar con palabras precisas, busca, recorre el territorio y traza líneas que no cercan su geografía, líneas de fuga que le llevan más allá.

La escritura en esta segunda acepción no representa un paisaje, no imita, la escritura, así entendida, es un pasaje en el que sucede el encuentro del escritor con lo escrito; una

evolución conjunta de dos seres completamente distintos, en la que el escritor proporciona escritura a los que no la tienen, y los que no la tienen impregnan al escritor de palabras no redundantes, palabras que no están al servicio del poder.

¿Por qué este discurso de tono filosófico en relación con la escritura de Carmen Crespo?, la razón es simple, creo que con este “desterro” estamos ante un claro ejemplo del escribir entendido como devenir.

III

El libro se divide en tres secciones: “morada”, “desterro” y “testimonio”. 

La morada es el poema, y el poema es un lugar construido con palabras íntimas, hecho con un lenguaje privado, un lenguaje que presta especial atención a lo que puedan expresar las cosas mudas. El poema final reafirma esa voluntad de escucha atenta, y el deseo de ofrecer un testimonio escrito.

La palabra es la gran protagonista del poema, el personaje principal en el escenario del texto.

Y en “desterro” la palabra se revela con v y se rebela con b; muestra su rebeldía, no se resigna al aislamiento, vuelve del solitario destierro al territorio común, al marco de la normatividad y el consenso, quizá con intención de subvertirlos; y en ese retorno nos revela algo. Cargada de realidad la palabra horada en el lenguaje, y siembra en el hueco para que aflore lo no dicho.

Un impulso recorre el libro, las ganas de hermanar lo de dentro y lo de fuera, y de hacerlo sin cesuras, sin pausas que entrecorten la voz. Es éste un intento difícil, y la escritura lo acusa. El texto está plagado de huecos, de espacios en blanco, de “abismos de silencio” en los que la palabra cae y muestra su insuficiencia, o en los que simplemente se detiene para tomar aliento y retomar con nuevo ímpetu el curso del lenguaje; “abismos” en los que, en otras ocasiones, la palabra titubea y cambia el rumbo, o en los que el sentido enmascarado en la palabra se asoma al sinsentido con angustia.

A través de esos “abismos de silencio” la escritura deviene, se enfrenta a paisajes sin lindes, transita el descampado, desamparada busca refugio, y al descubrir fragmentos con los que construir se demora, escucha y transcribe. La morada, el texto, se construyen de ese modo fragmentado.

El “desterro” es éxodo, una huida a latitudes a un tiempo extremas e íntimas, y el yo que viaja es un extraño ante sí mismo. Ese ser ajeno a la identificación habla desde una posición excéntrica; excéntrica respecto a la guía del ego, y respecto al eje de la gramática, la sintáxis, o la semántica convencionales, da cabida al desvarío para que irrumpa lo aún no dicho de este modo.

La palabra que surge entonces es una palabra íntima, pequeña, amada. Una palabra que silencia el ruido externo y el interno; que apaga la palabrería pública y sus hipérboles, o el farfulleo privado caótico e incesante, que impiden escuchar lo que sucede en el aquí y ahora.

Pero también es una palabra que se concede a sí misma equivocarse, porque no busca ser juzgada por el pensamiento, porque nace sin premeditación, como puro desbocamiento de un cuerpo incontenible.

El cuerpo participa en la creación de lenguaje. Y en ocasiones es el engranaje conjunto del ojo y de la lengua, el mecanismo que maquina el poema. El cuerpo prófugo, es decir, el cuerpo que huye a través de los sentidos, retorna al cuerpo íntimo como lenguaje.

Y en ese encuentro de lo interno y lo externo la voz vierte un titubeo de palabras, emanadas con amor y volcadas con cuidado en el poema.

Ahí, en el poema, en el cuerpo, permanece Carmen Crespo, vigilante, celando el interior, guiada por un impulso amoroso, el de desentrañar palabras y ofrecérnoslas.

¡Gracias, Carmen, por la ofrenda!